Recuerdo
Se ha ido la tarde y la angustia infinita, que enlutaba mi alma, se esfumó al contacto con el recuerdo.
No sentábamos allí, cerca del río y al verlo correr, nosotros llorábamos por nuestro amor; sí, cuando toda la voraz maldad del mundo, condenaba nuestro vuelo de pájaros, cuando todo lo absoluto y amargo de ellos nos señalaba.
¡Ay, del amor secreto! Del amor
que no puede permanecer. De algún modo ellos se enteran, son como buitres al
acecho, porque odian las voces de los pájaros.
Por lo demás, esperan alguna novedad que les regocije el tedio, que les alimente su lascivia; pero deja, deja, que las palabras nos lleguen, las palabras de las aves en su vuelo más alto y que las flautas como venados al viento, nos traigan el olor del amor. El sabor antiguo de la música
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