miércoles, 24 de junio de 2015

DE SOLEDADES CAPITULO L (50)




                                               DEL OTRO LADO DE LA LUNA
Genero novela
                                                             CAPITULO L 50
               
                                                          DE SOLEDADES



Verónica, tú hijo tiene razón, al decirnos que ese capitán fue un mal intencionado, por hacernos ir tan lejos; bueno sus razones tendría ¿no creen? ¡Mamá por favor! ¡Ay bueno ya! si ustedes quisieron ir, hasta la cochinchina o hasta la luna, y no se tomaron la molestia de verificar; eso fue su problema.
Al fin, que eso ya paso Verónica; tienes razón Cecilia, ya no hablemos más acerca de eso, ¿porqué mejor? no nos preparas la comida mamá.Verónica, no lo pensó dos veces, antes de contestar, llevan ya dos largos meses en mí casa, viviendo a lo pacha, pero se acabó, a partir de este momento, no cuenten conmigo porque ya, no cocinaré más, soy mujer vieja y me he matado mucho, tienes razón Verónica, pero a ti, te consta, que yo, te ayudo en lo que puedo; ¿en lo qué puedes? Pero si te la pasas es, en la calle y cuando no, en frente del espejo. Entonces él, respondió, ¿en la calle?, ¡no mamá!, es, en las reuniones de la iglesia; bueno como sea, todo el que desee comer, que entre y haga su comida; ¡hay ya deja eso! tú sabes que Cecilia, es muy hacendosa y además escuchar hablar a los pastores, es mucho más importante, que hacer oficios.Hagan lo que les venga en gana, porque yo me voy, ¿y eso para dónde vas? Hoy tengo una invitación muy especial querido hijito; ¿Invitación tú? Está, miró la cara de su hijo y vio burla en la mueca de sus labios, pero respondió con tranquilidad; sí, así es Miguel, ¿Por qué se te hace tan raro?Un silencio de dos segundos, se aposentó de pronto, entonces, ella dijo; y ahora, si no, es más, con permiso; a la vez que se abría paso, por entre ellos; estos, se quedaron con la boca abierta, como intentando comprender, lo que estaba pasando.Y sin darse cuenta, Verónica movió con armonía sus caderas y al hacerlo flores, de siempre viva, volvieron a aparecer en el ambiente.Al pasar por la sala, recogió del perchero su abrigo de color negro y Antonio y Jonatán, que estaban acostados viendo la televisión, la telenovela del momento, voltearon a mirarla extrañados, antes de cerrar la puerta de la calle, volteó a mirar y dijo, girando con gracia su cabeza, ¡A! y no me esperen; es probable que no regrese está noche.Al salir, sintió la brisa helada, golpearla en el rostro, cogió el abrigo, que llevaba, sobre su brazo derecho y se lo colocó; un instante se detuvo, sin mirar hacía atrás y luego avanzó sin rumbo; casi, eran las seis de la tarde.Alguna vez en su juventud, había tenido una amiga, muy querida; la había conocido en la universidad y en su compañía solían leer algunos versos, en especial recordaba uno de literatura antigua.De esa época, era lo único que le quedaba; lo recordó en el acto, “¿Qué camino tomar en la vida? Asuntos y disputas aburridas hay en el foro; en la casa inquietud; fatigas sin fin en el campo y terrores en el mar; temerás si tenéis necesidad de algo en tierra extranjera. ¿Eres pobre? es un gran mal, ¿eres casado? Es una vida de perros, penas, ¿no quieres tomar esposo? Vivirás todavía más solo. Dolores son los hijos; pero sin ellos no hay más vida; la juventud es necedad y la vejez cansancio; de las dos cosas una por lo tanto, una podría elegirse; o no haber nacido o bien morir apenas nacido” .Con la cabeza inclinada, Verónica caminaba ahora, rumiando para si, parecía ahora, una antigua joven, a la que, se le salía el pensar, por todos los poros.¿Cómo era qué se llamaba, el autor de estos poemas?, a sí, ya sé, Posidipo, sí; y apretó los puños, en señal de alegría, aún conservo, buena la memoria. Pero después de avanzar unos cuantos pasos, su cara se ensombreció, y yo, yo Verónica, renuncié a la universidad, para casarme, sin darse cuenta, tropezó con alguien, sin duda, un sujeto mal encarado; vieja loca, fíjese por donde camina, el hombre se alejó renegando.Quería tener hijos, hijos, se dijo sollozando y camino, camino, sin detenerse; al fin exhausta, se sentó en un parque, en una banca, que estaba alejada un poco de la calle, todo estaba vacío y solo, a esa hora, sólo se veía a uno que otro hombre, vagabundear en compañía, de un perro flaco y huesudo, cabizbajo y hasta triste.Entonces miró al mundo, como no lo había hecho, en mucho tiempo, se sintió sola, era como sí alguien, la hubiese puesto allí y la hubiera dejado tirada, sentía que no tenía ningún propósito en la vida; entonces lloró, lloró y lloró como nunca.Sentada en esa banca y en solitario, con su abrigo puesto, y su cartera negra; su cabello plateado, su silueta delgada, la cabeza escondida, entre sus manos y el sonido de sus gemidos, ensordeciendo al mundo; que maldecía, por tanto ruido afuera.





Se quedó hay, mientras el destino, entretejía las agrietadas cosas de la vida; hasta que al fin, ella y las cosas y hasta el aire frío, que le penetraban la piel, dejaron de estar dispersos y todo pareció reunirse, fue tanto así, que no sintió repulsa, ni por el mendigo, ni por su andrajoso perro, que humilde y cariñoso meneaba su cola y lo seguía.El hombre, ignorando a la noche, cantaba; en todas partes, hay ropa tendida y trabajadores y casas desocupadas y ocupadas y la mesa puesta y ausencias prolongadas y seres resentidos, que odian el amor y a los que se aman, seres amargados. Pero el universo, no separa a los amantes, a los que de verdad se aman y luchan por su amor; en todas partes hay seres que lloran y tristezas nunca conocidas…Ni presentidas. Y se sentó a su lado. De repente, el corazón que palpitaba, en medio de su pecho, la hizo exhalar un suspiro y levantó su cara empapada y al hacerlo, un aviso fluorescente, le encandiló los ojos y se restregó, con los nudillos de los dedos y al instante, se le aparecieron unas esferillas de colores.Sacó el pañuelo y se secó con más delicadeza, estaba muy oscuro y la atmósfera, parecía estar cargada, y unas nubes oscuras, eran traídas por el viento.Parece que va a llover y yo, a esa casa, no quiero volver, no, al menos por está noche, entonces se acordó, de Sara Lucía y de Diego y buscó los teléfonos de ambos, en el pequeño celular, que Natalia le había obsequiado. Y el mendigo que estaba a su lado, seguía cantando. He estado en los escenarios de las escuelas, de los colegios, de las barriadas, he sido el centro de las miradas y he sido el olvido de los olvidos, he sido objeto, de las burlas y del desprecio y hasta del odio.Yo soy la mujer y el hombre, el mendigo de los mendigos, he sido la nada, la nauseabunda muerte, he sido todo y nada; el motivo de sus disputas y la llama que incita sus intrigas, la rareza y la vergüenza, de quienes, se decían ser, mis parientes más cercanos, he sido objeto, del encono más árido y por lo cual, he recibido escupitajos y al final, todos creían pisotearme y pisotearme.Esos muchachos son muy familiares, si llamo a uno de los dos, con eso quizá tenga acceso a ambos; miró y descubrió, al mendigo, que estaba a su lado, recién, se daba cuenta de su presencia, esté le sonrió y ella también lo hizo. Marcó su celular, pero no tenía minutos, así que, se puso de pié y buscó un teléfono de cabina.Por suerte, había uno, en la esquina del parque; marcó y del otro lado contestó Diego, cuando ella se identificó, le respondió con efusión; ¿por Dios es usted, Verónica?Diego hijo, necesito hablar contigo; ¡pero por supuesto!, ¿se escucha cómo si estuviera sollozando?; no, no, es nada, ¿en dónde está? No lo sé; ¿quiere qué vaya por usted? Quisiera, pero no sé, en que lugar me encuentro; ¿tiene con qué anotar?; sí, sí, aguarda; pi, pi, resonó, con insistencia el teléfono, con afán buscó una moneda y la introdujo por la ranura.Nerviosa buscó en su bolso y por fin, encontró con que anotar; pero no tenía papel; así que, una mano le paso una hojita en blanco; una vez, la hubo anotado, Diego le dijo, tomé un taxi por favor, pero el teléfono, se cortó al instante.Menos mal, alcancé a anotar, porque ya, no tenía más monedas; se dirigió con rapidez, hacía la avenida, pero antes de llegar y tan sólo a unos pasos de está, se detuvo, porque se sintió cansada y fatigada; había olvidado, que ya no soy una joven cita; pensó, buscó una pared, o algo, de donde sostenerse, pero no encontró nada.Fue cuando de nuevo, vio al mendigo, que le ofreció su brazo; quiso rechazarlo, pero, sin saber porque, no se atrevió a hacerlo, puso su mano en el brazo del hombre, y por un instante descansó, apoyándose. Luego se alejó, despacio, y en esos momentos bajaba un taxi, le puso la mano y el carro paró; ¿por favor me lleva a está dirección? ; Sí, con gusto señora, abrió la puerta trasera y puso su pié derecho, para subirse, pero se detuvo y volvió a bajarse, ¡espéreme un instante por favor!; sí señora.Se devolvió, hacía donde estaba el Mendigo, se quedó mirándolo y algo vio en sus ojos, que le recordó a alguien, ¿pero a quién?, tenía puesto sobre su cuerpo, tan sólo, una raída camisa y un delgado pantalón. Ella al verlo así; se quitó el abrigo y se lo entregó, al hacerlo, Verónica, lo miró con tanta ternura y gratitud que, hasta el escuálido perro, meneó la cola y olfateó el aire con alegría. Gracias; dijo ella, él sonrió, y está se devolvió para subirse al taxi; por unos instantes, el perro y su amo, la miraron partir y ya luego, ambos, volvieron a clavar su vista en el suelo.¡Vamos Huesos! ; dijo el hombre, colocándose el abrigo, y al hacerlo, una densa bruma, los envolvió y casi como espectros solitarios o como seres surgidos del sueño, desaparecieron y se perdieron en medio del parque.

                                                                               
BEATRIZ  ELENA MORALES ESTRADA
 RADICACIÔN DE ENTRADA 1-2010-26128 Colombia     


[1] Versos de la Literatura antigua; cuyo autor es Posidipo; Raffaele Cantarella; La literatura griega de la época helenística e imperial; (Losada editorial) Capítulo VI, pagina 105.

domingo, 21 de junio de 2015

CAPITULO LII (52) LA FRATERNIDAD






CAPITULO  LII  (52) 

LA FRATERNIDAD 

Rafaela y Verónica, se quedaron conversando hasta muy entrada la noche; al fin, la mamá de Diego, compartió su habitación con Verónica y aunque está ultima, siempre fue muy reacia a dormir, en una cama que no fuera la suya, terminó cediendo, a los encantos de Rafaela, de esa casa, y al fin, se durmió como un bebé. Por primera vez, en su vida, desde que  había enviudado, había podido dormir hasta casi, la una de la tarde y del mismo modo, Rafaela durmió hasta las once.
Lilia y Mery, se encargaron, de hacer todos los oficios; que bonito, estaba don Diego, esta mañana, cuando salió para la universidad; sí.  Así es Mery, él, es un hombre muy bello; sí, y tan querido, se va y lleva la niña a la escuela; así debe de ser, para eso, es su hermano ¿no?
¡Hum! , esta sopa, esta quedando deliciosa; pruébela Mery, para ver, si esta buena de sal; sí, apenas es doña Lilia; bueno, échele, otra pizca de condimento; ¡esta bien! pero es que, hay hermanos que no hacen nada, de nada; eso también, es cierto Mery.
¡Hay es qué este hombre! si se ve, en los ojos de Evita y de doña Rafaela; sí, es muy amoroso y a propósito, su hijo, hace rato que salió, a jugar nintendo; Maquinitas  y esas cosas ¿quiere qué vaya por él?; no Mery, todavía no, dejémoslo que juegue otro ratito con su amigo.
Como diga, pásame el aceite; sí señora; no, ese no, el otro, el de oliva; vació Lilia, una breve cantidad en la ensalada y la revolvió; Mery, se la quedó mirando; hay señora, yo, a usted, la admiro tanto;¿sí, y eso porqué?; bueno, es que usted, es tan elegante, tan fina, a viajado tanto y siempre que una la ve; esta tan bien, puestecita y se le ve, como tan feliz; bueno eso es, porque, estoy enamorada; pero no siempre, fue así , antes, era diferente, yo era una muchacha como tú ; ¿Cómo yo?, sí, tú eres muy bella; el glamour y todo lo demás, se aprende; a Mery, le brillaron los ojos .
¡Hay qué rico poder ser como usted!, ¿cómo yo?, no Mery, sé tú misma; ¡hay no! es que una, la mira y siente una envidia, pero no de la mala, sino de la buena; toma, guarda el aceite y lávame unos raba nitos; sí, bueno, pero hoy, la noto un poco triste o tal vez preocupada, no sé. Son bobadas Mery, ¡hay no!; porque si es, por don Diego, ese hombre no tiene más ojos, que para usted, ¡digo!, fuera de su mamá y de su hermanita.
Lo sé, pero… Tome los rábanos señora; gracias, verifique, si la sopa, ya hirvió y me la coloca, en bajo, sí, ya esta hirviendo,  más o menos ¿cuánto hace? Ya hace como siete minutos; ¡esta bien!
¿Y qué significa ese pero? Lilia cubrió la ensalada, con un poco de jugo de limón y ya luego la tapó, ábreme la nevera, ¡por favor! y lávame estas frutas; sí, sí señora; ese pero, Mery, significa, que nada, hay más terrible, en la vida de una pareja, que un fantasma.
¡Hay no!; dijo Mery, tapándose la boca, ¿yo no lo puedo creer; en esta casa espantan?  No, no tontita, significa que hay alguien más, en medio de los dos; ¿alguien más?, pero si yo nunca le he visto a nadie más, siempre lo veo, es  con usted.
¡Hay Mery!, se trata de un recuerdo, de un amor que viene del pasado; al decir esto, Lilia palideció un poquitín; el otro día que estuvo limpiando, la habitación de Diego, tomó un libro, para quitarle el polvo y se le cayó al suelo; se agachó, para recogerlo y una hoja escrita a puño y letra de Diego, se había salido y sin poder evitarlo, la leyó; la fecha era, reciente. Y decía así; Hay Clara Inés, aunque ha pasado el tiempo, y las cosas son un incesante ir y venir, nada de lo tuyo, ha muerto.
Permaneces en mí y no tan sólo, como una imagen perecedera; ni como un objeto, que define mí amor; sino como una presencia que me fascina, que me encanta y que me sigue por doquiera que yo voy; también eres, el amor que me persigue en la distancia.
Sin querer a Lilia, se le salieron las lágrimas al recordar; Mery, abrió su boca pequeña, como un caramelo, como una fresa a punto… Para decir algo; pero, en ese instante apareció Rafaela.
Hay muchachas, dormí tan bueno anoche y que conste, que es la primera vez, que me levanto tan tarde; con disimulo, Lilia se secó las lágrimas, con el dorso de las manos; pero es que tú puedes dormir, hasta la hora que quieras; sí lo sé, pero, ya sabes que no me gusta, bueno, hoy, me siento súper; me encanta, que te sientas liviana y que hayas podido descansar; dicho esto, salió de la cocina.
Y, se dirigió, hacía el comedor y preparó la mesa, los platos y demás utensilios y luego, se fue hacía la sala, pensativa, se sentó en uno de los muebles, por unos segundos, pero después se paró con resolución y pensó; me iré, volveré a España, hablaré con Diego y se lo explicaré todo.
Rafaela, salió de la cocina, bebiendo un poco de café caliente, ese almuerzo, se ve que esta quedando delicioso; voy a ir a ducharme y ya regreso, para ayudarles a servir; despreocúpate, que entre Mery y yo, nos encargaremos de todo. Al decir esto, Lilia suspiró y pensó; tendré que renunciar a esto y regresó, a donde estaba Mery.

Mientras tanto, Verónica abrió los ojos y al hacerlo, creyó, que estaba en su habitación, un pensamiento se deslizó dentro suyo y se acordó que de niña, cerraba los ojos y al hacerlo, veía como unos pequeñísimos cristales, diminutos, pero que parecían burbujitas hechas de aire y daban un color azuloso; eran muy breves, casi desaparecían, al contacto de la mirada.
Pero las que veía ahora, eran diferentes a esas lucecitas de colores brillantes, que se expandían en días de sol; de repente rió y algo, en algún lugar, se abrió, como alas de paloma, parecían querer, romper el aire y una súbita alegría, la inundó.
¿Y si me fuera?, lo deseaba tanto, tanto; sí irme, sería lo mejor, pero entonces, se acordó de Natalia y se conmovió y un surco se le formó, en la línea de los ojos, los cerró y al instante, los volvió a abrir llenos de lágrimas, que le formaban lagunillas; de algún modo, se alejó y trató de pensar en otra cosa.
Recuerdo que cuando trataba de cogerlas, ya no había nada, tan sólo me quedaban, las manos vacías; sí, así era, en todo caso, resultaba todo un placer, poder verlas, así fuera por una fracción de segundos, de verdad que las disfrutaba mucho.
Se hallaba recostada de lado, con los píes recogidos y las manos entre las rodillas; abrió los ojos y la habitación le pareció más grande, aunque no menos acogedora; se sobó con ambas manos las sienes y se recogió el cabello y se acordó; estoy en casa ajena y no debo abusar, de la buenaza de Rafaela.
Las canas, apenas si se le comenzaban a ver, la otra noche, parecía más avejentada, pero ahora no; las camas estaban separadas, por un buen trecho y al levantar la cabeza, vio la cama de Rafaela, que ya estaba hecha y escuchó la ducha caer.
Miró su reloj, ¡que vergüenza! la hora que es; pero he notado que estando aquí, estoy más cerca de ella; en esos momentos, Rafaela salió envuelta en una bata de baño. Buenas tardes Verónica, ¿espero qué hayas dormido bien? , Verónica, no respondió, la otra continuó, bueno, la cama es pequeña, pero cómoda.
Y mientras decía esto, se envolvió el cabello húmedo y ensortijado y más bien corto, en una toalla; buenas tardes Rafaela; no, no es eso, me sentí súper bien, ¿pero mira la hora qué es? y apenas, me estoy levantando.
No Verónica, anoche hablamos mucho y apenas es la hora, yo también recién, estoy despierta y por lo demás, estas en tú casa, puedes sentirte, con toda confianza; tú y Amanda, siempre serán bienvenidas, inclinó Verónica, la cabeza y las lágrimas se deslizaron en silencio; al darse cuenta, de lo que consideraba una imprudencia, Rafaela se contrajo un poco; ¡hay Verónica!, lo siento.
No te preocupes, yo a veces, también la siento así, como si estuviera viva, además, si lloro es por la emoción al escuchar tus palabras. Rafaela, cambio la expresión de su cara, y dijo, ¿debes tener hambre?, si quieres bañarte, puedes hacerlo aquí mismo.
Mira, toma este toallon limpio, para que te seques y aquí, en esté closet, tengo ropa limpia y sin usar. A ti, te debe quedar bien, porque yo, me he engordado un poco; es cierto, eres más llenita que yo, pero mucho más joven y bonita, tú también eres muy guapa; anda dúchate, que el almuerzo, esta a punto.
Y mientras Verónica, entraba al baño; Rafaela dijo en voz alta, tú, eres todavía, una mujer muy joven y no es sólo por adularte, puedes volver a casarte, sí así, te place.
¿Bromeas? De ninguna manera y saliendo de la habitación, terminó diciendo, y para lo de tú cansancio, podemos ir a visitar, al doctor Formalito Ramírez, dicen que es buenísimo; sí, tal vez lo haga. De modo que, desde ese día tan fecundo para ambas, transcurrieron semanas, quizás hasta unos cuantos meses.
Y ese, fue el comienzo, de una amistad, difícil de acabar y entre ese ir y venir, de Verónica, a la casa de Rafaela; pudo, ¿aunque, nunca, se supo porqué?; recordar ese, corto tiempo, que paso en la universidad.
Que a uno, se le despierten las ganas de escribir, después de viejo; eso es algo, que no deja de confundirme; ¡Ba!, no te preocupes, Diego, como vive escribiendo, cosas tan raras, yo, ni siquiera le paro bolas a eso; pero esto, no significa que sea tan ignorante como para no valorarlas, y cambiando de tema, dijo; ¿mira Verónica, te gusta mí vestido? se refería al vestido de novia.


[1] . Itagüí, municipio del departamento de Antioquia,
Beatriz Elena morales Estrada. Todos los Derechos de autor. 

miércoles, 6 de mayo de 2015

LAS GANAS DE VIVIR CAPITULO LIII (53)

                                                  





                                                 
                                                       LAS GANAS DE VIVIR
                                                        CAPITULO LIII  (53) 

Esta muy bonito; ¿pero ya sé lo dijiste a Diego?, no, figúrate, que no he sido capaz y menos  ahora, que Lilia se volvió a ir  para Bogotá; ¿ya lleva mucho allá? ; Sí, esta como demorada, claro que ellos, hablan por teléfono, pero no es lo mismo; tienes razón y bueno, ¿qué dice tú adorado?, es muy comprensivo, pero ya es tiempo que se haga público todo; estoy de acuerdo, querida.
Cuando Rafaela salió, Verónica, miró el escritorio de Diego y se acomodó, en el viejo sillón giratorio; con mucha dificultad garrapateó, la máquina de escribir, pero después de varios intentos, sus dedos endurecidos por el quehacer domestico, se habían ido docilitando y su mente se iba despegando, al igual, que despegan las aves, desde un imaginario lugar. Se sentía feliz, de poder hacerlo.
Entonces escribió lo siguiente;¿ En dónde estará el detalle qué no vemos y en dónde el reloj, qué marcara, la hora exacta?; ¿qué nos pondrá a pensar, de verdad, en lo qué somos y no somos ? y mientras que, un descuidado transeúnte, camina entre calles ruidosas y soleadas  ¿qué fue, lo qué dejaste caer ,mientras tus pasos lentos unas veces, y otras rápido iban y venían?, olvidando a los lapidarios del mercado ; miras y un mendigo, disfruta del patio de tú casa .Sí, el parque, en donde la gorda de botero, armoniosa pero no exacta , alza su vuelo inerte  y sin gaviotas .
¡Total! , que importa, si en verdad, es este parque o todos los parques del mundo, en donde cada uno de nosotros, podríamos llegar a ser exiliados, huérfanos,  mendigos, y en donde es muy posible que innumerables gordas y no gorda inauguren su séptimo aniversario.
Pero es que también existe la posibilidad, casi infinita de ver, innumerables gordos, deseando ver a su Celestina o buscarla por entre las callejas de la vecindad; entonces me pregunto ¿La física atrae a los cuerpos, o los cuerpos atraen al vació?; no, el vació atrae los cuerpos; ¿Será?
El metro, que mide la ciudad y hace temblar la calzada, el asfalto y todo lo demás, ya la ha atravesado, por enésima vez y tú no te subiste en él, no estuviste allí, te arrodillas y luego saltas, como un Saltimbanqui, porque tus huesos, han recobrado la flexibilidad, que les faltaba. ¿Podrás volar acaso ahora?
Se levantó despacio y se paró, junto a la ventana, vio el patio, el cielo límpido y ese azul infinito, allí, en un punto, hasta quizás, inesperado, se halla el huevo oculto, el germen primigenio; luego sus ojos se posaron, sobre esa extensión, de casas y de edificios de este lugar, de esté Itagüí[1], un lapso de tiempo, disfrutó de todo eso, pero en segundos, recordó a su hija ,la sintió correr por su sangre y en el rítmico, golpear de su corazón , es extraño, es la primera vez ,que puedo pensar en ella, sin aflicción, es como, si su mano, guiara a la mía
Entonces suspiró, se que Natalia, me necesita, pero pronto, se va a casar y espero que llegue a ser feliz; se paseo por la estancia y se dijo en voz, un poco alta, bueno, al menos lo intentará, y yo, podre al fin…, suspiró; de nuevo recibir, el aire, que esta, del otro lado del parque, la invitación que es puro silencio.
Cerró los ojos y dentro de si, vio el rostro de su hija; ya por la noche, incluso antes, en el leve atardecer, regresó a su casa; Miguel, parecía descansar en el sofá; tal vez, la estaba esperando; ¿hola mamá? ¡Qué tal hijo!; ¿cómo van tus asuntos?; te esperaba, para informarte que la semana entrante, nos regresamos, si he estado tanto tiempo, es porque mí mujer, me insistió, en que nos quedáramos; al parecer, tenia cosas pendientes dentro de la iglesia, pero ya, no la puedo esperar más.
Tómate, el tiempo que quieras hijo, ¡total!; no mamá, te lo agradezco, pero las vacaciones, ya se me alargaron demasiado  y debo comenzar a trabajar; bueno hijo, me voy a dormir; no espera; ¿sí?; es que, quiero leerte la biblia; ahora no Miguel, estoy cansada; escúchame, es que estoy en el deber de abrirte los ojos; el que debe  abrirlos eres tú, y se alejó a paso lento, se sentía muy fatigada; Miguel la siguió; debes hacerme caso; mira, yo la leeré, cuando quiera; es que estos meses, has estado saliendo mucho y… Déjame tranquila Miguel; no, es que deberías ir al culto, a las reuniones; yo voy a la iglesia; sí, pero es que esa, no es la verdadera; ese es un sitio de idolatría, se idolatran tan sólo imágenes.
Verónica se sentó en la cama; quería dormir, como sea, yo tengo mí fe; bostezó; ¿fe, qué fe es esa? ; creo en Dios y en María santísima; remedó Miguel, adelgazando la voz, ¿qué fe, es esa?; si María era, una mujer, como cualquier otra; déjame si; mire, la biblia dice, que vale más la fe, que las obras; esto, lo dijo Miguel, elevando, el tono de su voz y en forma de regaño.
Déjame si; volvió a decir con desgano y como un mecanismo de defensa, tomó su pequeño rosario, Miguel lo interpretó como un desafió; ¿y ese rosario, cree qué eso, sirve de mucho? Esos rezos, no sirven para nada, no son más, que una repetid era de cosas, usted tiene que aprender a orar; y esos cuadros, esas imágenes, nada de eso le sirve, debería quitar eso; a mí, si me sirve el rosario; ¿además, porqué habría de descolgar mis cuadros?, me gusta la virgen, tenerlos, no me hace ningún mal, ¡ven a esté!
Al ver que estaba, comenzando a mostrar enojo, Miguel cambio su expresión y adoptó, un tono meloso; ¡vea mamá!, no es por mal, pero la virgen, no es nada, no es nadie, al que, hay que adorar, es a Dios, eso, eso que tú haces,  incluso puede ser satanismo, ¿qué? ¿qué? Sí, eso, eso.
 Después se sentó a su lado, pero esta, respondió; ya te dije, que no tengo ganas de discutir; entonces, puso una mano sobre la espalda de ella, abarcándole los hombros; hágame caso, mire que a Dios, no le gustan las repeticiones, y eso, es una repetición; Verónica, con la mano derecha, apartó el brazo de Miguel, él, continuó y pareció, no darse cuenta, de ese gesto. Tenemos que romper esos esquemas y aprender a orar de verdad.
Tú tienes una forma de hacerlo y yo la mía, además el rosario, no es ningún esquema, y si acaso lo fuera, es por completo válido, y por si no lo sabias, María, la virgen madre, la que esta aplastando a la astuta serpiente debajo de sus píes, es una gran servidora de Jesucristo y eso para mí, tiene muchísimo valor y cada uno de nosotros, tenemos una manera distinta de expresar a Dios nuestra fe y es cierto tenemos una  devoción por María, pero adoramos es a Dios. Ustedes los evangélicos de sector protestante;  por ejemplo, no necesitan de las imágenes, y yo eso lo puedo entender.  Sí Verónica, pero es que la virgen no es Dios; no, y yo no dije eso, no le es, y tampoco lo pretende, por el contrario, es una mujer humilde y obediente, a los designios, del de arriba y a través de ella, se alcanzan muchas cosas; es más, fue ella, la que exhortó a su hijo, a convertir el agua en vino. ¡Ba! Dijo él despectivo.
Ya te dije que ella no es nadie, es una mujer como cualquier otra .¿Y qué con eso?; aseveró Verónica, haciendo énfasis en el tono de su voz; ¿sabes qué es la gracia?, ¿no? no lo sabes, ¿ya sé te olvido, todo lo que te enseñe de niño y de joven cito?; no, pero aprendí, que las imágenes son pura idolatría; Verónica se incorporó y se dirigió al clóset, para buscar su pijama; mira, que después de viejo te haya dado, por cambiar de religión, eso, eso demuestra la inconsistencia de tu fe y sí, tienes razón, las imágenes no son nada, pero las de contenido religioso, son para nosotros una forma de recordarnos, que existe un algo, un más allá y son más que eso, pues representan nuestras creencias y lo que somos; pero tengo claro, muy clarito, que al que adoro, es a un Dios vivo.
Es lo que te digo, se incorporó Miguel, ignorando, lo ultimo que escucho, de labios de su madre y prosiguió; son un montón de idolatras, dando su voz, un tono de  exasperación; te equivocas, no, yo no adoro las imágenes y yo te digo, que lo que tú quieres es que yo me pase para tú… ¿cómo es qué se llama eso? Culto; respondió este; ¿mira Miguel, te he reprochado yo, antes de ahora, qué te hayas cambiado de religión? Lo mío, no es ninguna religión ¿a, no?
Es la verdadera iglesia del señor; bueno, si tú lo dices, es porque estas convencido de ello, entonces quédate sereno; no puedo quedarme tan tranquilo, sabiendo que mí madre esta a punto de… inclinó la cabeza con intensó pesar; con la pijama en la mano, esta deshizo la cama y acomodó los cojines.
Miguel la seguía; esta lo miró, y se río y terminó la frase con propiedad; ¿de condenarme?, dilo sin temor y no te ocupes más de mí, Dios, tendrá en cuenta tus esfuerzos, ya has cumplido con tú deber; más yo, me sé, defender sola, es decir sin ti; pero además es que si te quedas conmigo, hay si, hay si me puedo condenar.
¿Que?  No, no puedo creer que estés diciendo eso, cuidado con lo que dices y  no, no puedo irme así nada más; ¡mierda! , Déjame ya en paz; ¿es qué, no me has entendido? las imágenes son malas, deshazte de ellas. ¡No!, pero que obsesión la tuya, dijo Verónica y soltó la pijama sobre la cama, yo te repito, que las imágenes, son tan sólo, para nosotros una representación; reposó por unos segundos, mientras sentía a su pecho agitarse, pero continuó, una forma de recordarnos, lo que en verdad existe.
¡Ha!, dijo despectivo, y tardó, más de un minuto, en digerir lo que, ella dijo y otro tanto, en rebatirla, mientras está, se había sentado y se había acomodado las pantuflas.
¡Por eso!, es, por eso mismo, que deberías arrojarlas a la basura; ¡no!, pero éste, si, no; no respeta, ni a su propia madre ¿además, a ti, qué, se te pone o qué se te quita, si yo las tengo o no?; dijo, desdoblando las cobijas; ¡ya te lo dije¡ mira, que no te gusten las imágenes, que no las soportes, lo puedo entender, ¿pero dime, qué es lo qué, tienes en contra mía?, ¿a ver, dímelo?
¿En contra tuya?; no, nada mamá; pues, deberías buscar dentro de ti, y mirar a ver, qué es lo que te pasa; ¿qué, qué me pasa?, ¿es qué no entiendes?; tú, estas equivocada y yerras, en todo lo que, dices y haces.
Verónica, se hizo la desentendida; pero dijo, con firmeza, mientras se volvía a sentar en la cama; en todo caso, arregla tus asuntos, con la madre hijo y en cuanto a que, el rosario, es algo satánico; a mí, me parece, que eso forma parte de un complot, para  perseguir a la iglesia, cuándo era niña, escuché decir, que ciertos sectores, distintos, al catolicismo, han dicho que la iglesia, que el papa, son  representantes de la bestia, y no sé, que cosas más; pero eso si te digo ,aunque la iglesia católica ,ha cometido demasiados errores, y a veces defiende los intereses de las minorías, más que, de las mayorías, allí, se habla de Cristo y se predica es sobre Jesucristo. Aunque claro, se que en su mayoría hay sacerdotes que extraviaron su verdadero camino… Pero eso, eso no quiere decir, que dentro de esta iglesia,  no existan verdaderos sacerdotes entregados a servir a Dios y a su reino.
Verónica reposó un poco, antes de continuar; de manera tal, que, quien, no esta, en contra de Cristo, no esta en contra de Dios; pero hago énfasis, tanto vuestros predicadores, como algunos sacerdotes, se pueden, salir de los preceptos divinos, tan sólo para seguir, una voluntad arbitraria. Y en última instancia, yo puedo prescindir de las instituciones, de las imágenes, pero de mí fe, mí fe, en Dios y en Jesucristo jamás. Ahora bien, yo, no me voy a salvar, pasándome, para tú culto querido, ni tampoco me salva el quedarme, en está iglesia; eso, eso, depende, es de mí fe, y de mí aceptación de  Cristo, como mí redentor y salvador.
En tono severo, Miguel replicó, yo le estoy hablando, es de la palabra, de la palabra, ¿es qué no entiende?; de enseñarle el evangelio; sí hijo, del evangelio, de eso se trata. ¡A ver!, ya, te lo he dicho; el hecho, de que no, vaya a tú culto, no significa que Cecilia y tú, tengan razón; ¡ahora por favor!, dijo, señalando a la puerta; vete y déjame descansar.
A Miguel se le enrojeció la cara; ¿por qué cree qué le mataron a esa hija? , Verónica, lo miró sorprendida, él vociferó; pues, porque no le enseñó, las bases para ser, una buena cristiana; palideció Verónica y sintió una oleada, agitarse en su pecho; ¡con mí hija no te metas! , además, esta conversación, ya se, excedió, más de la cuenta.
Es la verdad, estoy en mí derecho, como cristiano que soy, de recordarte, que esa tal Amanda, no era más que una degenerada. En algún sitio, el mar, golpeó con furia sobre la playa y lo insólito, se detuvo de pronto, para reaparecer, con mayor intensidad, porque, desde una boca avinagrada, alguien, profirió unas palabras; ¡maldita perra! ; rezongó Antonio, en la sala.
Las olas rebasaron su nivel, en un gesto rápido y casi, sin darse cuenta, Verónica avanzó, con la mano derecha, hacía Miguel y además, tuvo que alzarse desde el nivel del suelo, para golpearlo en plana cara.
Este apenas si, tuvo tiempo de reaccionar, se llevó las manos a la cara y gritó; ¡se va a tener que arrepentir! y salió, dejando la puerta abierta de par en par.
Al salir él, Verónica  cerró la puerta y se dejo caer desmadeja, sobre la cama, de inmediato, sintió un fuerte dolor en su brazo izquierdo; padre mío, ayúdame, ¿sí?, sé que tú eres, un Dios de amor; dejó de llorar y se apretó el pecho, más por instinto, que por cualquier otra cosa; abrió su nochero y sacó una aspirinita y se la colocó debajo de su lengua.
Abrió la ventana e inhaló un poco de aire, por un par de veces, en un acto de supervivencia, pero esta visto, que demasiado aire, hace daño también. Señor, todavía no, por favor; cerró la ventana y se recostó en la cama, tal vez, vaya a ver, al doctor, que me recetó Rafaela; pensó y poco a poco se quedó adormecida.
Al rato, mejor dicho, un larguísimo trecho, después, llego Natalia y al dirigirse como siempre, a la habitación, de su madre, no pudo entrar; ¿tan raro, mamá encerrada?, ella que siempre, deja la puerta abierta, colocó el bolso, sobre la mesita que estaba situada, en un rincón del pasillo, ¿ será qué no esta?, hizo un ademán de tocar, pero se abstuvo, y puso sus nudillos, apretándolos, sobre la madera ,no, mejor no, es probable que este dormida.
Entonces fue, hacía la cocina y vio a Antonio, que acababa de comer y en esos momentos, lavaba los platos, mientras lo hacía, la llave, permanecía abierta a todo dar; se sentó, en uno de los taburetes, del comedor y pensó, esta casa, ya no es la misma, sin mamá  en la cocina falta algo; el chorro de la llave, seguía aporreando el plato y el pocillo y a su vez goteaba sobre el suelo.
Si tan siquiera, estuviese sentada aquí, para que conversáramos; suspiró, en ese instante Antonio, cerró la llave, pero la dejó goteando, se sacudió las manos, salpicando todo el piso y luego fue, a secarse en la cortina limpia, vio a Natalia, pero la ignoró y relamiéndose, bajo por las escalas, hacía su habitación.
Ésta se paró y cogió la loza para secarla, pero se dio cuenta, que la cuchara estaba untada de comida y los platos tenían grasa; así que, con una resignación casi absoluta, volvió a lavarlos.
Al terminar, se preparó un café con leche y un par de galletas de soda; se lo tomó en silencio y luego apagó la luz.
Desde el fondo de la sala y del pasillo, la bombilla, se extendía pareja, de modo tal, que, se quedó en la penumbra; Jonatán introdujo, las llaves en la puerta de la entrada, las que, había conseguido, por intermedio de Antonio y la abrió. La casa se encontraba, en completo silencio, algo así, como en reposo.
No hay nadie, que bueno parce; y se frotó las manos, con emoción y con los audífonos puestos, conectados al radio portátil, escuchaba la siguiente canción, y la deletreaba;  yo el diablo,  soy dueño del mundo,  en lucha el maligno, contraataca a todos;  todos lo saben  y todos lo ignoran. Dice soberbio,  hago que la gente se pelee entre si, zumbando en sus oídos les doy estocadas  de maldad; hago lo que hago. La cago,  la meo.  Aparezco de incógnito, sin cachos y  sin cola, vestido de caballero siempre voy; me gusta el negro y el rojo; jijee…

Aquí reino yo, sublime les creo ensueños; soy  el brujo malvado y de repente aparezco, a la gente embrutezco, pongo en sus pensamientos, malos sentimientos; hago que hagan cosas que ni se alcanzan a imaginar; ola,  soy el diablo y ni cuenta se dan… Meto malos pensamientos,  como balas por doquier.
Estos cosas  juntas,  las calles, los diversos olores;  los cristianos son  tan estúpidos que no se dan cuenta de que manipulo sus mentes; hago lo que quiero fomento peleas  y hago que la  caguen  y metan las patas.
 De tus llagas saco mas y de ti hago un  asco; tanto,  que hasta vomitas, me hago fuerte en ti, porque no me ves y no me refutas, al de arriba me le escondo, aunque siempre me ve,  no me hace daño el agua bendita.”[2] Así que, Jonatán consumía el producto radial, sin detenerse a pensarlo, moviéndose, de aquí para allá ; se quitó los audífonos y apagó el aparatito, paso de largo por la sala y al llegar, al pasillo, descubrió el bolso de Natalia ; ¡huy parce ¡, qué tenemos aquí, lo cogió, lo abrió, metió sus manos dentro y sacó la billetera, la que comenzó a reblujar, hurgando, para ver si encontraba plata; mientras tanto, ensimismada, Natalia, veía a cualquier parte, con desgano, movió la cortina, hacía un lado y miró por entre ella ;al ver la silueta, supuso, que era su mamá, la que estaba inclinada, sobre la mesita ,con más atención, sus ojos, se posaron sobre la figura, hasta descifrar su código y se dijo; ¡pero claro!, si es Jonatán y me, esta sacando la billetera del bolso.
Con decisión se dejo ir; éste, aún no la notaba; ¿qué estas haciendo hay? Dijo, con el ceño fruncido; pero él, ya tenía, la plata entre sus manos; ¿y esta qué hace aquí?; dijo al verla ¿cómo  qué hago aquí? ¡Huy parce qué susto me dio! , se recuperó en milésimas de segundo; ¡hola mí mona hermosa! y la beso en la mejilla, al menos lo intentó, ella lo repeló al instante ¿le pregunté, qué porqué, me esta sacando la plata del bolso?   
Simple curiosidad mona, pero ya, la guardo en donde estaba, con furor, le arrebató el dinero; ¿así qué tú eres, el qué me ha estado robando? ¿No, esta boba qué? dijo pegando un grito; ¡A mí me respetas!
En ese instante, Miguel, que estaba preocupado por Cecilia, que no llegaba, subía para el segundo piso; Miguel, acabo, de ver a Jonatán, sacándome la plata del bolso; eso no es cierto papá, esté, los miró a ambos y dijo, ¿no seria qué te pareció Natalia? ; ¿Me pareció dices?; no te estoy diciendo, que lo acabé de ver; ¿es cierto eso, Jonatán? ¡No!, ¿cómo sé te ocurre?, sí yo, apenas, acabé de llegar; apenas llegó, pero no desaprovechó, la oportunidad de meter los dedos, en donde no le correspondía; con fastidio, por tener, que reprender a su hijo, Miguel dijo, aprenda a no tocar, las cosas ajenas, que por hacerlo, es que le endilgan, lo que no ha hecho.
Miguel no puedo entender, que no quiera creer, en lo que le estoy diciendo y además, no es la primera vez, que lo hace, en otras ocasiones, también lo ha hecho; ¿a ti, no te consta, qué haya sido él?; mira, éste dinero, me lo sacó de mí bolso, lo tenía en sus manos, ¡yo lo vi! ¡Lo vi!, esto último, lo dijo, señalándose uno de sus ojos.
¿Está boba Qué?, no es más, que una mentirosa; al decir esto, dé nuevo, gritó tan fuerte, que esa turbulencia se escuchó por toda la casa; ¡cállate hombre! ; No tienes, necesidad de gritar; ¡no!, pero es que, uno con harto filo, y esta boba, diciendo cosas, que no son ¿con harto qué? filo, papá, ¡tengo hambre! ; Y míralo, como tiene esos ojos, de rojos, ¡que traba la que tiene! ; aseveró Natalia, un poco picante, a la vez, que encendía el interruptor.
Y el timbre sonó un poco apurado, debe de ser Cecilia, que llega de la iglesia, ¡pobrecita!, ¿cómo estará de cansada?; y se dirigió a abrir, ¿pero luego, ella, no tiene llaves?, sí, pero las olvido, las dejó sobre la cama.
¿Cecilia mí amor, porque te estabas demorando?, intentó, darle un beso de bienvenida, pero ella, paso de largo, vengo muerta, ¡que cansancio! , Jonatán sintió, que la presión, había bajado y quiso pasar, por un lado de Natalia; ¡permiso parce!, que voy de afán; ¡ven a esté descarado!; no señor, usted se queda aquí, hasta que las cosas se aclaren; en esos momentos, Antonio subía las escalas, con el pelo erizado y con la cara descompuesta ¿Qué, qué  fue lo que paso? , no, que este descarado, me iba a robar la plata; ¿cómo así?, ¿y a usted, cómo se le ocurre hacer eso?
¿Ve y este parce qué?, no me hable, que usted es igualito a mí, Cecilia apareció, seguida de su marido; ¿sé puede saber, de qué se trata todo esté asunto?
Es que la mona, me esta acusando de ser un ladrón; ¡hay no!; murmuró con desazón; era su hijo, pero cuando le convenía, sabía mentir muy bien; si Natalia lo dice, es por algo; que no mamá, ella, miente; Cecilia miró los ojos del muchacho y esté parpadeó, esquivando la mirada, te conozco y se que estas mintiendo; vamos para el cuarto y hablamos allá.
El ladrón es él, dijo señalando a Antonio; ¿y, y, y a, a, a este qué le esta pasando?  el otro día, lo vi, sacándole como doscientos mil pesos, a la abuelita, para dárselos a la novia, a una Libia; Antonio no respondió, porque al instante y de insólito, comenzó a generar adrenalina y una espuma, le salía por la boca, regándose por la comisura de los labios , todos voltearon a mirarlo, y este dijo, ¡a,a,a,así !, claro como yo, soy, el único desgraciado aquí , ahora ,me van a culpar es a mí.
No, yo al que pesque, en plena acción fue a Jonatán; te creo Natalia, yo conozco a mí hijo y hasta en el colegio, ha estado teniendo problemas; ¿pero porqué no me habías dicho nada?; arguyó Miguel ,pero entiendo ya, que , tanto tú, como yo, hemos estado muy ocupados; lo estarías tú, porque yo, siempre he estado pendiente; Miguel la desconoció, era la primera vez, que la veía hablando con tanta seguridad; pero si Cecilia lo dice, es, porque, así es; argumentó.
La habitación de Verónica, se abrió y ella, con la piyama puesta, apareció, asomó la cabeza y dijo; con tanta gritería, quien puede dormir; Antonio se secó, con el dorso de las manos, la saliva y su cara se transformó y se fue, pasando, por en medio de todos, como quien va, para la sala.
Miró para la puerta principal, la de la calle y gritó; ¡Hay viene esa perra! ¿Quién? Exclamaron todos; pues esa hp, esa maldita perra  de Amanda; Jonatán exclamó; ahora si se completó el cuadro, esté parce está loco, o se le subió, la marihuana a la cabeza; Verónica sorprendida dijo; ¿de qué hablas Antonio?
Pero éste, no respondió, sino, que, comenzó a estremecerse, con frenesí y a salivar de nuevo y de repente, cayó al suelo, desmadejado; todos se dirigieron al instante, a tratar de ayudarlo, menos Verónica, que se quedó recluida, apenas si sostenida, por el mar quito de la puerta, asombrada.
Cecilia lo que hizo, fue llamar a los para médicos, al ver que el hombre, no parecía reaccionar; perdido en su inconsciencia, mientras lo trasladaban, en una ambulancia, esté escuchaba, una vocecilla, que le decía; Antonio, todavía hay gente adulta, que atropella la flore cillas y tú, tu eres uno de ellos; miró, para ver, de donde, venia la voz, pero no vio a nadie.
Se levantó y se puso en movimiento, no llevaba mucho, andando, cuando vio a un hombre, que estaba de espaldas, delante de él, y que llevaba ropas negras.
Parecía estarlo esperando y lo miraba de re filón, de pronto, ladeó su cabeza, hacía donde esté, y al hacerlo, dejo ver, un rostro sombreado y le lanzó una mirada ladina. Antonio dijo; debo atender su invitación, sé quien es y que quiere de mí.
Entonces lo siguió; cuando ya llevaban, un buen trecho, caminando por dentro de una neblina, se le apareció, un perrito laneticas, moviendo la cola y casi, se pegó a los píes de Antonio; ¡gas!, ¡gas perros! y sacudió el cuerpo, como un garabato, ¡chist!, ¡chist!, ¡quite!, ¡quite!; al mismo tiempo, que golpeaba el suelo, con uno de sus píes, pero no se fue, por el contrario lo siguió.
Un viento de verano, como un caballo, que cabalga sobre los tejados, azotó el rostro de Antonio y volvió a ver al perrito, que parecía volar por entre el aire, pero desatendió, la visión y se volvió, al hombre de negro; se quien es y que es lo que, quiere de mí, volvió a repetir la frase y a sacudir el cuerpo; ¡chist!, ¡chist¡, quite de aquí y mientras lo hacía, caminaba soberbio, como una bestia mal encaminada.
El viento cesó y la vocecita, se dejó escuchar; la gente que se cree grande, al igual que tú, es la que, atropella las flores y al instante, apareció un prado lleno de estas, pero, paso sobre ellas, las aplastó y no le importó, y de nuevo desoyó a la voz.
El tipo de adelante, volvió a aparecer y al hacerlo, levantó, una mano e hizo, que Antonio mirara, y vio a Jonatán, cantando una canción; era la misma, que colocaban en la radio, no pareció entender nada.
Raudo, el perrito volvió y se interpuso, meneando la colita y le cantó esta canción; Me tomo, sólo dos vasos de agua, a la semana; casi no como banana, aspiro morfina y siempre escuchó rap y regatón y mí cerebro se reduce y éste, es el parche de toda la semana, que a los grandes hace enanos y a los enanos, lo contrario. Pero si te fijas, eso, que dicen, de ser cristiano, habría que re valuarlo; porque, es que, tú Antonio, te llamas a ti mismo, cristiano.
Al terminar de cantar, le dijo, no lo hagas Antonio, ponte al día con el alfa y súbete al cielo; y  que bueno, que ya no causaran los hombres más dolor, ni se hicieran daño los unos a los otros; pero Antonio, no lo escuchó, sólo volvió a decir; ¡gas! ¡Gas perros!, ¡chist!, ¡chist!, ¡quite!, ¡quite! y corcoveó, como una, de esas yeguas viejas y altivas. Y siguió al hombre, que iba de delante de él, y que, tenía un modo extraño, de mirar; esos ojos, como caídos, hacía un lado y esa boca, ladeada, como de buitre y poco a poco, se fue convirtiendo y adquirió  la forma ,el modo de ser, de Libia;  ¡l,l,l,l,l,Libia!  Es ella, mí Libia.
Parándose sobre las dos patitas, el perrito lo tocaba, le movía la cabecita, intentando, llamar su atención, hasta que Antonio miró y se dio cuenta, que la mujer, tenía algo raro y era que, de los tobillos hacía abajo, en vez de píes, llevaba cascos y aún así, él fue tras esa figura.
Yo hago lo que sea, lo que sea, con tal, de tener el amor de Libia; llegaron pues, a un sitio, en donde había, mucha gente bailando y la música era muy ruidosa.
La mujer se detuvo y tomó a Antonio, entre sus brazos; pero era tan feo y hediondo su rostro, que esté, casi revienta de terror; pero ella, le dijo, ya eres mío y te voy a llevar conmigo y al momento, levantó una mano y todos los que estaban allí, se pusieron a pelear y cuando eso, iba a alzar el vuelo, llevándose a Antonio, el perrito dio un salto y se puso en medio de los dos.
Antonio, metió un berrido, tan grande, que hay mismo se despertó y sintió detrás de él algo, que con pasmosa precisión, masaje aba sus sienes y su cabello; le fue fácil adivinar quien era.
A este paciente, ya se le puede dar de alta, no se le encontró nada, que pueda revertirse en algo grave, sin embargo, hay que tenerlo en observación; ¡muchas gracias doctor! dijo Natalia, a la que, se le notaba un cansancio de huesos.
      BEATRIZ ELENA MORALES ESTRADA
RADICACIÔN DE ENTRADA 1-2010-26128 Colombia