lunes, 28 de mayo de 2012
domingo, 22 de abril de 2012
IRREFLEXIONES
Irreflexiones
Cascadas de palabras que descienden a veces, en ellas me
hallo inmersa, ya no tengo remedio porque medio apachurrada estoy, por culpa de
esta historia sin limite de tiempo en la memoria. Tu sonrisa es la efemérides
del sueño más sublime, en ella esta mi anhelo y mi búsqueda infinita y finita.
Con la boca entre las
nubes y con los blanqueados ojos de la noche, y abucheada por la inclemencia de
la economía que de ti me separa, con los bolsillos rotos y sin extravíos en la cabeza,
voy dando tumbos de aquí para allá y ya no se que hacer, ¿qué voy a hacer? me
pregunto y me pregunto; estoy más fregada que ropa de lavadero y medio enlutada
por tu partida, aunque llena de pensamientos también ; pero de nada me sirven
si no puedo rescatarte de entre la fauces de los que hambreados te rodean y muerdo
los labios, los muerdo en el aire, ante la impotencia del no poder hacer y con
los puños apretados tengo que tragarme este desafuero de mi suerte y es que la
veo negra ¿Qué rayos voy a hacer? La
verdad, no tengo ni la más mínima idea. Con elegancia trazo los trazos que
deletrea mi memoria y ni la ñola de las vacas me pega; un día soñé que unas
vacas gordas se caían del cielo y me sorprendí porque nada les había pasado y
cayeron sobre una tierra fértil y verde, verde como el color de la esperanza y
de nada me valió, porque aunque tengo esperanza, estoy en la piola más fregada
, en la cola de la fila, más arruinada
que Caín, el desdichado que mato
a su hermano Abel por envidia y aunque los envidiosos son más y se deben de estar jactando de mi desdicha,
tengo jaqueca y no esta por demás ,el
desafuero de mis tristezas y
siento que me hallo fuera de lugar y que en este mundo no hay sitio para mi.
No, no; no hay nada hospitalario, nada
que me diga calor, tibieza y si, pero
sonrío, en mi, habita una fuerza irradiando colores y sin
embargo, la verdad sea dicha no tengo un centavo, ¿qué rayos voy a hacer? De
noche las estrellas me pegan con María y
ellas que siempre dan al hombre una sensación de lo absoluto que lo hace
pequeño, más no es ajeno, a su dolor no, el Dios que la vida le dio.
Así me dice el señor y digo yo pues de porfiada que soy,
que de día y con el sol abrazando mis espaldas y dando duro a mis ojos ¿Quién soy?
Bendito Dios, ¿no se qué voy a hacer?
Hifuemadre de mi;
corren perros y gatos, detrás mío, me ven como su protectora, no, no es eso , es
solo que saben que yo los amo ; ¿más ya no se que hacer? tanto
odio me he ganado por eso, pero va, creo que en el fondo es una excusa para alimentarlo y hablando de alimento, mi
sustento diario y el de los animalillos de dónde rayos
me lo voy a sacar ,más porfiando
debo de tener fe y dejar que los infecundos se traguen sus palabras después de todo Dios no se ha muerto amén.
También, se que he asumido la responsabilidad de existir
frente a todos los que me aborrecieron y
los obstáculos que se me presentaron y frente a todos los retos que me
toco asumir.
Y además asumo que en algunas ocasiones, desistí de seguir en frente de alguna responsabilidad
que no quería, pero jamás abandoné la barca y mucho menos he deseado morir…
Si reconozco, que muchas veces he estado y estoy triste y
también asumo mi terrible apatía, mi desazón por algunas cosas y mi tedio… Lo
peor es eso, ese tedio que a veces me llega, pero yo se porque es y es porque estas lejos de mi y además odio
todo aquello que me aleja de ti, pero siempre me sobrepongo y a hacer lo que me toca a hacer; pero el dolor
se queda en puntillas y en secreto durante el día, no darle el gusto a quienes se gozarían con mi tristeza; pero en la noche
mi dolor se destapa y solo en los cielos saben lo que ocurre en mi y entonces grito y grito clamando ayuda,
¿ señor hasta cuando señor, hasta cuándo , pregunto y
pregunto, mi Dios y señor, hasta cuándo?
Vadean horas y horas, segundos de segundos, adoquinados de
quimeras y de silencios bien y mal encarados, pero intestinales fuerzas brotan de mí y mi ser se
desdobla y entre tempestades de rayos estoy.
Peleando a más no poder y pudiendo en la lucha vencer con todas las fuerzas de Dios en mí.
Si las lágrimas se escurrieron en silencio, también brotaron los pastos y las selvas, pero se dieron
territorios demarcados por otros; pero ahora
los silencios se fundieron con las palabras aunque siempre es medio maluco que
otros los sepan. Como quiera que sea estoy a punto y a la sazón de caer de narices sobre un acantilado.
Beatriz Elena Morales Estrada
Extraído de mí obrita silencio de Alas
Derecho de autor registrado
martes, 3 de abril de 2012
DESCRIPCIÓN
DESCRIPCIÓN
Estatura mediana, morena, gruesa; una
frente bastante amplia de las cejas hacia arriba. Sienes un poco enbombadas,
cejas arqueadas, un poco espesas en la parte donde se originan y ya la parte
donde terminan descendían mas delgadas,
las orejas le quedaban un poco màs abajo
de las cejas; tenia una nariz delgada en
la frente y ya hacia el promontorio ascendía
en forma de punta ,como la de una bruja. Tenían unos labios
pintados de un color rosado y formaban
un moño gris que exhalaban como
un dejo agrio. Las líneas de expresión en la parte de las mejillas
estaban bastante marcadas. El ceño se le veía muy fruncido por el sol; cabellos
recogido en forma de cole caballo, con unas leves patillas. Tenía un rostro apretado,
casi hostil; vestía una blusa blanca, de mangas hasta un poco más abajo de los
codos; un eslas negro que le llegaba hasta más arriba de los tobillos; calzaba sandalias y tenía los brazos
cruzados, mientras esperaba el bus. ¡Ay, se me olvidaba, ¡tenía bozo!
Extraìdo de mi obrita Silencio De alas ; segunda parte
Derecho de autor registrado
miércoles, 28 de marzo de 2012
CARMEN
Fotografía tomada por Beatriz Elena Morales Estrada
Relato
CARMEN
Yo me llamo María del Carmen Agudelo
y hace mucho tiempo que vivo en este barrio, tengo mis hijos de los cuales me
siento orgullosa, en especial de mis dos niñas a las que quiero mucho. ¡Sabe!,
usted me inspira confianza... ¿Será, qué la puedo tutear?, ¿sí?, claro, por
supuesto; mire usted no me lo está preguntando, pero yo le quiero contar. Yo
nací en Amagá Antioquia, en los altos de las minas de carbón, mis padres se
llamaban Teresa de Jesús y Cristobal Franco. Mi padre se casó dos veces y
enviudó, ya que la primera esposa murió, no se sabe de que y la segunda fue
recluida dentro de un manicomio, en donde también murió. Esto según
investigaciones que yo hice. Ya después conoció a la que fue mi madre y
convivieron mucho tiempo; un día comenzó a darle muy mala vida, no la podía ver
tranquila, porque ahí mismo le decía ¡Vaya trabaje! haga alguna
cosa, consiga plata en las cantinas y traiga para la casa. Y ella era tan boba,
que se iba y a nosotros nos dejaban encerrados bajo llave. Tenía dos hermanos,
Ricardo y Luis que era un bebé. ¿La estoy cansando? No, prosiga, la estoy
escuchando; pues sí, como le iba diciendo, mi madre se consiguió una amiga, una
de esas que trabajaba en las cantinas, se llamaba María, pero le decían la Momposina porque era muy
alegre. Entonces mi madre no volvió a prestarnos ninguna atención, cambio
totalmente, nos descuido tanto, que permanecíamos encerrados y no sólo de día,
sino también de noche. Ricardo era el único que nos cuidaba; ya que con su
amiga ella se iba todas las tardes a esperar que salieran los trabajadores de
las minas; mi padre era un borracho. Al pasar de los años, nosotros rodábamos
de acá para allá, mi madre nos abandonó y mi padre decidió regalarnos. Cuando
eso, ya vivíamos en el Municipio de La Estrella y él se había convertido en un
limosnero. Así que un día me trajo a esta casa, aquí en el barrio el tablazo, tenía yo cuatro años y les
dijo que si me querían recibir. ¿A quiénes?; a esta familia, a una hermana de
Fresita; usted la conoce, en ese
entonces estaba recién casada, tenía su esposo, un matrimonio y ellos aceptaron. Y para que me recibieran;
les dijo, mi mujer me dejó y yo soy un pobre hombre sin recursos.
Así les decía y a Luis, se lo entregó
a otra familia; el único que no se dejó regalar fue Ricardo.
Pasó el tiempo y volvió a aparecerse,
tenía yo, ya, siete años y medio. Entonces les pidió permiso para llevarme a
conocer la casa donde él vivía; me llevó al Municipio de La Estrella y cuando nos
bajamos del carro, me hizo subir por unos montes llenos de árboles. ¡Sabe!, yo
era muy inocente. Venga descanse mija; y yo me senté, entonces él me tiró
contra un árbol, me quitó la ropa y abusó de mi; miré hacía los lados y no
había nadie, nadie, no se veía un alma. Intenté volarme y no pude. Cuidado con
decirle a Ricardo; o a otra persona porque la mato, me amenazó. Cuando cumplí
catorce años, yo le gustaba mucho a un muchacho; pero no me dejaban conversar
con él, me castigaban muy fuerte y me gritaban. No se le olvide que usted es
una recogida. Vea yo no fui capaz de aguantar mas y me fui.
Beatriz Elena
reservados © Derechos todos
Beatriz Elena Morales Estrada
Derecho de autor reservado y registrado ya
Extraído de mi obrita Silencio De Alas; segunda parte
martes, 27 de marzo de 2012
MONOLOGO (MEMORIAS)
Fotografìa tomada por Beatriz Elena MoralesEstrada
MONÓLOGO (MEMORIAS)
Relato
Nosotros vivíamos en el campo,
teníamos entre los catorce y los doce años. Después nos fuimos a vivir a la
finca de Emilio López; para ese entonces yo tenía unos dieciocho años; éramos
varias hermanas; Isaura, Mariana y yo, sí porque Marta vivía en Pueblo Viejo y
a nosotros nos gustaba; después de hacer los destinos y atender a mi papá y a
mis hermanos salir a columpiarnos ahí, afuera en el corredor. Un día yo me
estaba meciendo, entonces él, tu papa se
puso a moverme el lazo y así, hasta que siguió yendo; porque es que ellos tenían una finca en el
plano. Don Roberto y la familia; ahí mismo en donde está ahora, la casa de Cecilia,
pero esta casa es nueva; la otra la tumbaron, entonces ellos subían con los
amigos; un amigo que tenía; el dueño de una finca que se llamaba la portada y
el hombre ese se llamaba Salvador y así; hasta que comenzó a subir cada ocho
días, ahí conversábamos entre todos. Estuvo yendo por tres meses, hasta que se
fue para Pereira y ya después volvió y me dijo que fuéramos novios. Pero a mi,
me habían dicho que conversaba con Isaura los días domingos... Decía pues la
gente, ¡yo no se! y no la subía hasta la casa; ¡jun.!, ¡que tan jodido que era!
Entonces yo le dije, que yo tenía un novio y que lo quería mucho; José
Asunción, pero ese no movió un dedo para que nos casáramos. Yo le dije que no
iba a seguir con él, porque nunca me había dicho que nos casáramos y él
llorando me dijo, que era que no tenía plata; ni siquiera un trabajo.
Pero él sí, Roberto, tu papa, me dijo
que estaba decidido a casarse conmigo, quiero casarme con usted; aún cuando no
tengo plata. Pero una vez que hubo sembrado todo este semillero de hijos me dejó y se fue; y eso que me dijo, que nunca
me iba a dejar. De sus bellos ojos como surcos salieron lagrimas que se
deslizaron por sus mejillas y ya luego su mirada perdió se en algún punto
lejano y ya no dijo, no quiso decir nada más.
Beatriz Elena reservados © Derechos todos
Beatriz Elena Morales Estrada
Extraída de mi obrita Silencio De
alas; tercera parte
Nota: Evítese problemas todos mis escritos ya están registrados en la
unidad administrativa de derecho de autor. Gracias
viernes, 23 de marzo de 2012
ELLA
ELLA
Ligera, despeinada,
adaptable como el plástico; encantadora como una tienda de mascotas, casi como
una dama japonesa, así era ella y reía divertida; consciente de la atracción
que ejercía sobre el serio y sombrío bailarín; visitante de las alturas; que en
su tenue y melancólica mirada no alcanzaba a comprender que estaba a punto de
descalabrar se, de perderse en la falacia más transversal y loca de lo que en
ese momento creía que era el amor ; mientras que a su vez, Marina sentía cómo
su amiga Lola la tomaba de gancho y juntas comenzaron a alejarse; y él sintió
que se quedaba solo, vulnerable y vulnerado y cada vez se achicaba más y más
atrás de las espaldas de estas. En la lejanía suburbana ella volteo a mirar y
sólo vio un punto inconcluso; entonces hizo un mohín y le dijo a su amiga; he
tenido ganas de un vestido como ese, ¿còmo cuál? como ese, el de la vitrina de
enfrente !es divino!, se te ha de ver genial; ven déjame que te lo compre,
moviendo sus caderas armoniosas, ella se desplazó con fluidez; cerró sus ojos y
se representó a sí misma vestida como ese maniquí; luciré sensual para ella,
pensó, mientras lucía la más roja de sus sonrisas. Ya dentro del almacén, la
mujer que atendía respondió con formalidad, mientras pensaba, a esta tonta le
podré sacar muy buena comisión; son cuatrocientos cincuenta mil y un adelanto
de estas rosas que tienen espinas, ¿perdón?, le dijo Lola sin verla, no le
escuché lo último que dijo, ni falta que hace, dijo Marina; Lola la miró y la
sintió sensual, embelezada la siguió con los ojos y azúcar morenita resaltó el
color de su cuerpo. Le importaba un pito si Lola tenía o no dinero para pagar o
si se quedaba enchilgada hasta las nalgas. Ven querida, quiero que te lo
pruebes y lo luzcas para mi. Le sonrió ella de nuevo coqueta y filial o al
menos eso fue lo que le hizo sentir a Lola; me ama, se estremeció, le daré lo
que quiera; hasta el reloj de oro que me regaló mamá; le daré y le daré...; ¿te
gusta?, preguntó Marina; mientras meneaba con deleite el culo de lado a lado.
!Pero por supuesto! te ves, te ves, ¡hay no!, creo que me voy a desmayar,
!tontita!; tu ve a cambiarte, que yo me encargo de todo. entonces cuchicheó a
la del almacén, lo que sucede es que no llevo efectivo y no quiero que mi amiga
se de cuenta. tiene usted suerte, hoy hacemos un descuento especial y además le
daremos todo a crédito; sólo necesita unas cuantas referencias comerciales y
¡bla, bla!, eso es todo.
Mientras tanto ella suspiraba frente al espejo, me queda muy
bien, le pediré además los zapatos que hacen juego con mi vestido y lo luciré esta noche, para Rubi; me ha de
ver encantadora; suspiros, suspiros. Sabes Lola, me hacen falta unos zapatos
que hagan juego con mi vestido. !claro querida!, ¿te gustan estos o aquellos?,
¿quizás ambos?, !mua!, beso en la mejilla, gracias Lola, eres increíble; divina
tú, mi azúcar morenita, quiero que te derritas en mi boca esta noche. Tontita, mira que nos pueden escuchar. ¿Quién
la mujer que nos atiende?, total que importa, ojala y todo el mundo sepa cuánto
nos amamos; tu sabes que es así, pero por mis hijos no quiero que nadie se
entere, !okey, okey, ve a cambiarte que yo me encargo de todo. entonces ella le
sonrió con la misma mirada de siempre, al salir Lola la cogió de gancho, pero
ella la retiró con suavidad; !sabes! es que me tengo que ir; mis hijos, tu
sabes aùn están en edad escolar. ¿Tan pronto?; pero yo tenía entendido que te
quedarías conmigo esta noche; !ay tan linda, ojalá!, chao, me tengo que ir, mis
hijos me esperan. Lola, mira que te quedaste sola; que idiota eres, bueno ni
modo, me tomaré unas cuantas cervezas; Lola se dirigió al bar Roma y se sentó
en una mesa; que jartera, no tengo ganas de irme para mi casa. ¿Le sirvo
algo?, sí gracias camarero, tráigame una
cerveza, hoy es la hora feliz, porque no la espera, pues no sè, por lo pronto
sírvame, mejor media de guaro, y así Lola bebió y fumó y cuando la hora feliz
llegó le trajeron una media más; cortesía de la casa, gracias; y entonces en el
centro del bar con su vestido nuevo; ella apareció taconeando y deletreando con
sus nalgas ¡te quiero Ruby, te adoro Ruby...!, Ruby la llevaba de gancho, se
sentaron en una mesa, justo frente a la pobre y despelucada Lola, que apretó
las sienes, abrió y cerró los ojos; y dijo, !no puede ser!, mi reinita y se
estaba besando con otra y además lleva el traje que le compré; y sintió que un
vértigo la hundía en un atroz marasmo; una sonsera aguardientosa se le espantó
de pronto y sintió en la mitad del pecho
afilarse una espada; pero antes de que se pusiera de pie y atropellara como un
toro sobre ellas; él apareció de pronto, venía del otro lado, de la zona
suburbana, aunque era un bailarín de las alturas, enloqueció por ella y cómo no
hacerlo, si ella bailó desnuda para el, bajo una luna amarilla y solitaria y
también con sus tetas del color de la canela deleitó su boca y la amó. Él traía
en su nada tenue y melancólica mirada la hondura de los mares, la náusea del
olor de la mierda y antes, antes de que Lola hiciera su auténtico movimiento de
furor, la arrancó de entre los brazos de Ruby y se lanzó a la cuerda más alta
que vio y cargando con ella bailó y bailó; hasta que ambos cayeron y cayeron
más descalabrados que nunca; huesos, venas y arterias rompieron el aire y sólo
los cuerpos quedaron desmadejados, desparramados por el suelo; entonces Lola y
Ruby se batieron en franca contienda, pero ya no había nada que hacer, nada que
recoger.
Beatriz Elena
reservados © Derechos todos
Beatriz Elena Morales Estrada
Extraído de mi obrita Silencio De Alas;
Derechos de autor reservados
Publicado por Poetisa y escritora Colombiana; Beatriz Elena
Morales Estrada en 12:22
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