jueves, 15 de septiembre de 2016

YO TE AMO A TI




DEL OTRO LADO DE LA LUNA

canción 

YO TE AMO A TI

Diego y Lilia


Lilia  estoy aquí,  soy para tiiiii 
sin embargo tu piensas en un fantasma  es  ella, es esa,   la que nunca te amo  un recuerdo  vacío y sin sentido

Diego:No me digas eso amor  yo a ti te amo y tu lo sabes
¿Pero ella?   ese fantasma que atesoras
¿Ella que?ella nada…

¡Oh mi amor!  juntos estaremos  tu y yo  
te prometo que jamás te dejareeeee

Ella:No prometas nadaaaanada , porque  vives pensando en un  fantasmay yo aquí  muriendo junto a ti y  en desamor

eso no es cierto,  yo  te amo a ti     bella  querida
yo te amo  a tiyo te amo a ti mi  amooooooooooor

yo te amo a tiiiiiiiiiiiiii

Coro:Juntos tu y yo siempre en amorsiempre en amor

Ella:  Lo que depara  el destino no se sabe aún 

 coro :Juntos tu y  yo   siempre en amor, siempre en amor

siempre el amorrrrrrrrrrrrrr

yo te amooooooo a tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

miiii  amoooooooooooooorrrrrrrrrrrr

yo te amo a ti_iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

mi amorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
¡

Ay!  mi amor que raro eres



Beatriz Elena reservados © Derechos todos.





lunes, 14 de septiembre de 2015

DE NOCHE Y CARA AL CIELO





Diego y Lilia

De noche cara al cielo
un corazón destrozado
cantando se halla esta canción

mirando las estrellas y solo hay lluvia en mi
en donde esta mi amor

que lejanos espacios te llevaron de mi lado

mi corazón no solo se rompió,
se despedazó ya

es un destino a medias

yo que hare si ti
en desamor no viviré

no quiero noooooooo
de noche cara al cielo
mirando estrellas y solo hay lluvia en mi
¿en donde estas?
¿que lejanos espacios te separan ya de mi?

has muerto tu

y al hacerlo, yo he muerto también

hay amor tu y yo y esa pequeña niña
mujercita mía y no nacida

semilla de tu vientre,

sabes mi amor

contigo yo me enterraré

contigo , siiii
lo que deparé el destino yo no se,
pero en este instante y siempre yo, moriré junto a tiiiii
Lilia; no lo hagas noo
yo que he visto,

la lluvia de tus ojos en los míos
tierra, aire soy

en eso, me he convertido

y en la desencarnada boca que te beso

mis besos aun calan hondo en tu alma de ayer y yo
y yo aquí ahora se;
que quiero que busques la felicidad

yo ya lo se,
no desoigas esta voz

mi voz de mujer es
de mujer que en la lluvia no ves
Diego; hay amor yo aquí;
de cara al cielo
mirando las estrellas

y pensando en ti
¿Qué lejanos espacios habitaras ahora?

Tu y mi pequeña hija

y yo aquí de cara al cielo y mirando
 las estrellas
y solo hay lluvia en mi, en mi
Coro; soy tierra y lluvia

soy aire y estoy aquí junto ti
mi amor,
ve y busca la felicidad

ella de nuevo vendrá a ti
yo aquí, de cara al cielo
mirando las estrellas

y solo hay lluvia en mi
Beatriz Elenareservados © Derechos todos.

DE NOCHE Y CARA AL CIELO

jueves, 3 de septiembre de 2015

VUELE BAJO


EL AMOR ES MAS GRANDE QUE YO DE IVAN OVALLE

CAPITULO LVIII CAPITULO (58) ELEONORA



CAPITULO LVIII
CAPITULO (58)
ELEONORA

Isadora Duncan Benavidez, escuchaba el lento golpear del parabrisas de su carro, de vez en cuando, miraba el semáforo que estaba en verde y una que otra gota de agua, que ante sus ojos se evaporaba en un segundo; en su mirada se notaba un fulgor, daba la impresión de que estuviera escuchando, el sonido de algunos cristales rotos, o tal vez, no era nada de eso, sino tan sólo el eco lejano o el rumor de la brisa en lo alto de las montañas.
El semáforo cambio de verde a rojo y puso en marcha su vehículo, no tenía prisa, total, era una gran ventaja el trabajar independiente, ya había sacado sus grados hacía bastante rato y era química farmacéutica. ¿Qué habrá sido de Diego y de su gente? Se salió del centro y se encaminó a cualquier barrio, del noroccidente de la ciudad.
Se que fui una ingrata al alejarme de ellos y en especial de Sara Lucía, que con tanta bondad me albergó en su casa y me ayudó a curar; sí, si no hubiese sido por ella, jamás habría superado ese episodio tan tenebroso, añoos que no los veo; pero es que de algún modo yo, no pertenecía a ese clan familiar.
Pronto llegó a un elegante sector, estacionó su carro, en frente de su casa, se bajo y abrió la puerta y se introdujo en una confortable sala; se dirigió hacía la cocina y vació un poco de yogur sobre un vaso limpio; encendió la televisión y se puso a mirar las noticias de la noche. Ahora, tenía los cabellos largos, casi caídos sobre los hombros, arreglados a la moda.
Se levantó y se dirigió hacía el baño, con un gesto mecánico se miró al espejo; tienes el cabello largo y hermoso, le pareció escuchar la voz de su amiga Eleonora, decírselo al oído en el baño de damas del laboratorio, ella le respondió con rapidez; me gusta llevarlo corto, puedes llevarlo como quieras, de todas formas siempre, te vas a ver guapa, femenina y al hacerlo, se lo dijo con coquetería, suspiró al recordarlo. Se apartó del espejo y volvió a la cómoda sala.
 Después de ver y escuchar las noticias, se dijo; las noticias son terribles, tal parece que las criaturas humanas están sentenciadas a un holocausto tenaz, dolor sufrimiento, una realidad de cosas que…
Su reflexión,  se vio interrumpida al escuchar el sonido de su celular. Alo, hola, ¿Cómo estas Eleonora? muy bien, ¿mira será que puedo verte ahora? 
Sí, bueno está bien, te espero.
Sin embargo, Isadora apagó el televisor y se dirigió hacía su mesita de noche y extrajo un pequeño diario; lo abrió y nada más clavar su mirada en esté, para que otra vez, el pasado la absorbiera; entonces leyó algo que tenía escrito, he modelado más de mil poemas para ti y ninguno me da la forma exacta, ninguno me sale como quiero; ¡Clara Inés! ¡Clara Inés! Suspiró, levantó, la cabeza y se sentó en el borde de su cama y con el cuaderno abierto entre sus manos y la mirada fija en algún lugar; tú cara misma, es el poema, el poema eres tú, ya que eres quien me lo  inspira.
 De repente expresó; pobre Diego, sé qué, existen cierto tipo de mujeres a las que les gusta permanecer en la memoria  de su amado y, que son incapaces de entregarse, pero que a la final, no dan más que el ideal, lo no realizado.
 Lo más seguro, es que les encanta permanecer en ese plano, le pareció verlo aquella noche, se sentó a su lado y le habló de Clara Inés, que podía decirle yo; nada, nada, si estaba en las mismas, tan sólo le dije, tienes una mujer muy bella, cuídala y es porque creo, que nunca encontraras otra como ella, cuídala, lo sé, me respondió. Sí, recuerdo, que se quedó en silencio, con la mirada fija, puesta sobre algún lugar y después de un rato, me dijo y sabes; la amo, y no te alcanzas a imaginar cuanto, cuanto.   
Pero; dije y entonces agregó; pero,  Clara Inés, siempre a estado hay y siempre estará, es sólo un ideal, le respondí ¿y eso qué importa? para mí, ella es más real que cualquiera.
Nos amo es cierto; pero ya ves, no se decidió a tener nada con ninguno de nosotros, me sumí en silencio elocuente y luego dije, incluso ni nosotros somos reales, ella si, me aseguró; es posible, pero vive sumergida en sus quehaceres y aunque de lejos nos desee, y nos atraiga con sus pensamientos,  lejos vive y de espaldas a nuestro amor; y aunque nos persigue todo el tiempo y ella lo sabe; jamás dará un paso al frente y ¿sabes porqué? ¿Por qué? Preguntó; porque no es más que una cobarde.
Me miró con una honda tristeza ¿y tú la amas? me puse de pie y le dije; no más que tú; también él se puso de pie y me dijo; y aunque sé, que nos ama a su manera, a su modo, un sólo amor permanece en ella.
 ¿Quién podrá ser? Dijo; ¡hum! ¡Qué se sabrá!
 ¿Quien podrá estar dentro del corazón de una mujer y más de una como ella?; le dije, cierto,  así es; me respondió. Luego se quedó pensando, de cualquier modo, ame a quien ame de nosotros dos, ella jamás se atreverá a aceptarlo y sabes porqué, ¿no porqué? ; Pues porque ella, ella… 
¿Ella qué Diego?
 ¿No, sabes qué Isadora? Dejémoslo así, dejémoslo así.
Sí,  es lo mejor, antes de que a alguien, le de por desaparecernos de esta escena, está bien. En ese momento el timbre de la puerta, se dejó escuchar; ella miró por ultima vez el diario y lo puso sobre la cama y con rapidez se dirigió a abrir y una muchacha alta y delgada apareció en el marco de la puerta, ¡hola! Isadora, ¡hola!, y sin ninguna timidez se introdujo, mientras Isadora cerraba la puerta, y puso el bolso sobre uno de los muebles.
Con coquetería se acarició sus cabellos castaños claros y tomó las manos de Isadora; ven le dijo y entonces se metieron en la habitación, al ver el diario, Eleonora le preguntó ¿y ese diario? No, la cosa es simple, lo leía cuando tú llegaste; ya; los ojos cafés claros de Eleonora, perecieron brillar con una serenidad no postergada, supongo qué allí, se encuentra escrito lo de  ¿tú amor trascendente por Clara Inés?  Supones bien, ¿y qué vas a hacer? Nada;  ¿lo tendrás allí por siempre?
Y como ésta, guardara silencio, le dijo, a mí puedes contármelo, no soy una muchacha, tengo veinte cinco años y te amo como a nadie.
  ¿Sabes qué haré? ¿Sí dime? Aunque a veces, quisiera ponerlo todo patas arriba, para que los gallos finos y los pusilánimes, se mordieran la punta de su lengua, hasta sangrar; creo que tan sólo esperaré, a escuchar un rumor de hojas secas en la alborada, o quizás hasta el delicado tintineo, de unos pasos deslizándose sobre la alfombra ¡Ay querida mía!; pues entonces, tendrás que esperar por siempre.
De cualquier modo, nosotros siempre esperamos y lo qué, nos sobreviene, casi siempre es un final no deseado; podría ser, pero yo estoy aquí; no me refiero a ti; ¿entonces?  Me refiero a la vida misma; ¡mira!, acabemos con esto, de una vez ¿quieres? Calma Eleonora, calma; estoy calmada; ¡ya lo veraz! ; ¿Sabes?, el aire esta llenándolo todo, lo sabemos, aunque no lo vemos ¿y? .De repente el viento se detiene, como si alguien, hubiese estado conteniendo la respiración.
Al decir esto Isadora, estaba muriéndose de la risa y se aproximó a Eleonora y zúas; la tomó con suavidad por la cintura, la empujó hacía la cama, y entonces la boca de Eleonora recibió un cálido beso y el rumor de los pasos se alejó, y él cabello de Isadora dio brillos, destellos de solecito. 
Un buen final para nosotros murmuró Eleonora.
                                                     
                                                               Escena fase siguiente :

Trascurrieron los años como bandidos camuflados, al amparo de las sombras; después de la muerte de Lilia, desde entonces él, no volvió a pensar en ninguna mujer, una mañana se despertó llorando y su pecho, su ser, hallábase aún en agonía, entonces entre si, se dijo, mis mujeres me dejaron y ya, no podré escribir sobre ella, acerca de mí ella y para colmo, ni siquiera he vuelto a ver a Sara Lucía. ¡Ay Lilia! por los recuerdos tuyos, allá en el lugar de siempre, es que te lloraré como a mí amor único y por los ojos tuyos, que siempre brillaron tan sólo para mí.
¡Ay!, es imposible vivir y no recordarte, pero también es casi imposible, dejar de escuchar el ruido de los carros, ¡miserable de mí! , ya jamás volveré a ser el mismo; en esos momentos Hunder Alexander irrumpió en la habitación; ¡Diego!, ¡Diego!, préstame tú espada, es qué estoy ensayando, para hacer una presentación de una obra de teatro ¿una obra de teatro? Sí, qué tiene de malo; y sin darle tiempo de nada, tomó, con arrebatada emoción la espada, de donde Diego la guardaba, la espada no emitió ningún brilló, pero se hizo liviana, muy liviana.
Hunder Alexander gritó; ¡Tomen!, ¡tomen!, alzando al aire la espada, esto es para ustedes, habitantes de lunas llenas, y para ustedes los vástagos de la oscuridad, caricaturas de la noche; ¡yo os atravesaré de lado a lado, y con esta espada invicta, os destruiré!; Diego lo miró extasiado, ¿Cómo hiciste eso? esa espada pesa ¿Qué cómo? , Pues con las manos Diego, con las manos.
  ¿O es qué, acaso, no ves ya?; dijo picante Hunder Alexander; no soy tan viejo como crees, yo no dije eso, pero levántate perezoso, que una mujer ha venido a verte ¿una mujer? Sí, alguien vino a buscarte y no sabes lo guapa que esta; ¿Quién podrá ser? no conozco a ninguna; no yo no deseo hablar con nadie.
Con está sí, dijo Hunder Alexander, aún sosteniendo la espada, y esgrimiéndola de nuevo, y a su vez decía; Esqueletos nada gratos a la vista, que deambulan como exhibiendo sus miserias y que vagan errantes, llenos de pensamientos infecundos, son ustedes muertos, muertos que quieren estar entre los vivos.
¿Qué sentido tienen tus palabras Hunder Alexander? ¿no las entiendo, porqué es qué quieres jugar, con la espada invicta?; Diego, no hagas esperar a está dama, no seas bobo, es cierto que en el pasado, te odie, pero después de todo, siempre te he querido como a un padre, y por lo demás, esa mujer está divina, bueno, apenas es para ti.
Trátese de quien se trate, dile que no estoy, y que no me hallo en ningún lugar y que ni siquiera estoy, en el más cercano sueño; ¿ni siquiera por curiosidad deseas saberlo? No, además aún, no me respondes la pregunta; te la responderé en tanto tú, me preguntes al menos, el nombre de la dama ¿estas jugando conmigo? Sí y no ¿Qué dices? ¡Hum! está bien, dímelo; te lo diré, pero antes te responderé la tal pregunta; yo no juego con la espada invicta, como tú la llamas, juego con las palabras, ya que, detrás de estas, se oculta lo sagrado. Por lo demás, aunque parezca que, lo que dije, no tiene ningún sentido, si lo tiene.
Sentándose en la cama Diego dijo; pero esto no es ninguna obra de teatro; claro que no, el teatro imita, la vida no, pero las cosas cobran sentido, en tanto tú, se lo des, sí es cierto, bueno, muero de curiosidad por saber el nombre de… ¿Quién es?  Nada más, ni menos que tú gran amiga, Sara Lucía; al decir esto, colocó de nuevo la espada en donde estaba: ¿Sara Lucía? Dijo Diego colocándose de pie,  casi de un salto.
Entre tenla, mientras me baño y dile que en dos minutos salgo.
No te preocupes que Rafaela y Verónica la están atendiendo; años sin verla, dijo Diego y se apresuro a bañarse.
 Mientras Diego se duchaba, un olor a siempre vivas lo inundó  y una voz desde el agua comenzó a susurrarle; he ido desprendiendo pétalos de rosas para ti, pétalos más suaves que el rocío de la mañana y con mis ojos, ojos del color de la canela y con mí piel, mí piel hecha de fuego y mí alma traslucida de silencios he velado por la instancia secreta de tú alma.
Y he querido asirte a mí, desde la ahuecada boca de la tierra; si he querido asirte a mí, sin arandelas, sin el estorbo de las formas caducas y he llorado por los besos que bebí de tú boca y hasta me he quedado sin cuerpo, para tú cuerpo ser.
Pero te he visto desprenderte también, como se desprende la aurora de la mañana y como se sueltan los pétalos de las flores, cuando son espolvoreadas por el viento.
Estas palabras tan sólo son para ti y como los ahuecados labios ya sin carnosidad se desprenden de los huesos y  como está agua que no te lastima , yo te desprendo de mí, para que corras en pos de lo que ahora sueñas, voz de mujer es la mía, no la desoigas , pues tuya es y de nadie más.
Juraría que escuché la voz de Lilia susurrarme al oído; estoy seguro, hasta me pareció que la veía; decía Diego frente al espejo, Lilia, Lilia querida; y después de un trecho salió, ya arreglado y con la barba recién afeitada y se dirigió hacía la sala en donde las mujeres hacía rato que platicaban. Al verlo, Sara Lucía exclamó, Diego, al fin sales. No lo puedo creer, tú de nuevo aquí y después de tantos años. Verónica y Rafaela se miraron conmocionadas a punto de llanto, pero de felicidad.
Mery se quedó a espiar y el llanto estuvo a punto de delatarla, pero lo contuvo y dejó que se deslizara, así como quien sale del cuarto oscuro en puntillas, evitando toda exhalación peligrosa.
Por fin, la fisura de la felicidad abrió el rostro de tú hijo; una fisura no, lo que veo es expandirse una risa de júbilo por todo su ser; Ja, Ja, Ja, se rió Verónica, pero no sabes lo contenta, que me he puesto al verlo reír.
 ¿Pero donde andabas? Después de la muerte de Lilia te desapareciste y ya nadie supo más de ti; no sabes cuantas veces te llame sin encontrarte, los ojos de Sara Lucía se detuvieron en el rostro de él, pareció contemplarlo por primera vez, Diego seguía hablando, entonces está se levantó y le dijo;  ¡hay Diego! , lo lamento tanto, tanto, tuve que irme, pues mis hijos me necesitaban ¿te necesitaban? Sí, uno de ellos se enfermo y bueno, tú sabes, además quería alejarme de todo esto, olvidar; nunca llamaste.
Ella lo miró, no parecía un reproche, lo sé, nunca lo hice, pero jamás los olvide, en especial a ti Diego, además me dio muy duro la muerte de Amanda y bueno, luego la de Lilia; éste inclinó la cabeza. Diego sé qué me fui en el momento en que más me necesitabas, pero mira, ya estoy de vuelta, somos buenos amigos o ¿no? sí claro que si, entonces se abrazaron; de un modo extraño ambos sintieron un vuelco en el corazón; pero se separaron como si nada ¿Dónde estuviste? En Europa; ¿la pasaste bien? sí, claro que si, pero llega un momento en que todo eso te cansa y, yo añoraba estar aquí, mis hijos están casados ya y…Aunque, claro ellos querían retenerme, al decir esto; Sara Lucía volvió a sentarse; pero en verdad mí vida se encuentra es aquí, Diego se sentó en la silla de enfrente, pero cuéntame tú ¿Cómo van tus cosas? Lograste al fin ¿olvidar a Clara Inés?
No respondió de inmediato, pero suspiró hondo, se puso de pie, se colocó las manos en los bolsillos y se paseó despacio, digamos mejor, que aunque siempre supe que era y es un espejismo; es ella quien obcecadamente  sigue allí, sigue ahí, no importa cuanto tiempo lleve, no importa si está casada y no importa cuantos hijos tenga.
Sara Lucía suspiró, tú ya no tienes remedio Diego; él ignoró lo dicho y prosiguió; pero me he dejado acariciar por el viento, me gusta cuando me despeina y se que al hacerlo, es una mujer quien lo hace, son las manos de ella, es ella quien da forma a mis cabellos. Por  lo demás Clara Inés, es la otra, la que nunca será capaz de entregarme su amor, aunque lo desee.
Sara Lucía bostezó y preguntó ¿y si su amor, hubiese sido para Isadora Duncan?; es lo mismo, ella jamás, se habría atrevido a entregarle su amor por más…
Al verla bostezar, le preguntó ¿te aburro?, no para nada; bueno pues siendo así, no me queda más remedio, que donarte mis palabras y mí presencia; está dejó, que su pecho se  expandiera con un suspiro, luego se levantó y dijo, bueno pues; ya te he visto, ahora me voy. Con disimulo Rafaela y Verónica que escuchaban desde el comedor; dijeron casi para sí, ¿irse? No, eso no puede ser; tenemos que hacer algo.
¿Irte? No, eso no puede ser; recién acabas de llegar; quédate a almorzar ¿sí?; bueno está bien, lo haré con una condición; ¿cuál? Necesito qué me ayudes a reparar mí casa, coger unas cuantas goteras y rehacer la chimenea; ¿a era eso? Lo haré, claro qué lo haré; dijo Diego de muy buen humor; siendo así, no tengo nada que objetar.
Rafaela y Verónica palmotearon sus manos a lo parce, con contento y regocijo. ¿Dónde estará está muchacha? Mery ven; sí señora voy de inmediato; ayúdanos que tenemos que sazonar el almuerzo; claro que sí; dijo, meneando sus caderas. 


   
 BEATRIZ  ELENA MORALES ESTRADA
RADICACIÔN DE ENTRADA 1-2010-26128 Colombia     

SANTIAGO CAPITULO LVII CAPITULO (57)




CAPITULO LVII
(57)
SANTIAGO

Era uno de esos días, de áridos soles y de mariposas aladas y de pájaros chupa flores, Santiago se encontraba inoperante, apostado en la esquina de su casa y silabeando una canción, una de esas, que le encantaban al viejo parce Neo  y que solía cantar cuando se tomaba los guaros. Casi de inmediato, vio pasar a Evita, ella lo miró para saludarlo, entonces él, se puso colorado como un tomatera en flor.
Toño el dueño del barcito, que estaba ahí mismo, en la esquina; y que lo había estado observando; masculló, con el tabaquito entre los dientes; no me explico cómo ese muchacho tan paliducho, puede ponerse tan coloradote cuando ve a la hija de Rafaela;  lío su cigarro y lanzó un escupitajo.
 Las cosas que hace el amor; el amor, eso es cosa de locos.
¿Hola Santiago, has visto a Hunder Alexander? No, no lo he visto, pero aquí estoy yo, ¿para qué soy bueno?; no, si lo ves dile, que mí mamá lo necesita; claro se lo diré; pero no te vayas, quédate un poco y charlamos; no ahora no Santiaguito, tengo muchas cosas por hacer ¿Eso es porqué estas enamorada de Hunder, es por eso?  
Ella se turbo un poco, pero al segundo se repuso, no, no es por eso; es porque tengo que hacer las tareas del colegio ¿y bueno sí así fuera, a ti, que te va o que te viene? Lo amas, porque piensas que es mejor que yo; mira Santiago, yo a  ti, te aprecio mucho, pero a él, lo amo, pero no es porque, piense que es mejor que tú, no, sino porque así me lo hace sentir mí corazón. Evita yo…
Santiago tragó saliva y se puso pálido como un papel; ella al notarlo; le dijo, pero no te pongas así Santiaguito, total, somos muy buenos amigos, mira de está cuadra y la otra, tú eres el primero y el único que esta invitado a la celebración de mis quince años.
Bueno, que consuelo, gracias por tenerme en cuenta; entonces, Evita se despidió y se fue de prisa ¿qué se habrá hecho ese Hunder? Pensó Santiago y se metió al barcito de Toño y se paró frente al piano o la rocola esa;  y le hecho unas monedas, quería escuchar un vallenato; uno de esos, que le había oído al viejo parce Neo y que ahora ya estaba evacuado, para los muchachos como él, era una cosa vieja y obsoleta, por lo demás, jamás lo habían escuchado y era por eso, que no le sacaban el gusto.
Toño lo miró ¿en qué andas muchacho? Véndeme una cerveza;
¿se te olvida que eres un menor?; véndamela hombre; no, si te ven los tombos, me van a cerrar el barcito; hay, no se me haga, viejo Toño, que usted vende de todo y hasta a los polis los tiene comprados ¡Carajoo! muchacho tómatela pues y ojo, que no te vea nadie.
Fresco parce Toño; Toño volvió a liar el tabaquito; oye muchacho no es que me quiera meter; pero pareces un viejo, los otro pelados no más, se la pasan escuchando reggaetón y tú, mírate tú, pero si apenas tienes dieciséis; que te importa.
 El piano comenzó a soltar el disco; dame un cigarrillo, toma y Santiago empezó a fumar y a beber y la canción decía así; “¡Ay hombre! ¡Hay hombre!  ¡hay hombre! el amor es más grande que yo y que todas las cosas del mundo, más que el cielo el sol y la tierra ; es oír una expresión bonita de paz y cariño, es hablar de lo lindo en la vida con un gran amigo y besar en la frente fruncida, al ser más querido, es caminar sin importar la lluvia y el sol al lado de alguien ,es razonar al pretender abarcar la persona que al fin es más libre que el aire, y yo no puedo detenerte sí tú te vas ; tal vez buscando mejor vida pa edificar ,en otras tierras las ilusiones que llevaras y que conmigo tienes miedo de realizar y yo no puedo detenerte mí amor y yo no puedo detenerte por fin ; si no has podido realizar tú ilusión es preferible que te olvides de mí (bis)”
Toño volvió a escupir, condenado muchacho tiene alma de viejo; “es mejor que se hable de amor o de rosas perfumes y flores; que de adiós, venganzas, desdenes, cuanto temo soportar la tristeza si te vas de mí lado. Cuanto añoro una choza bien lejos pa pasar mí mal rato y que nadie conozca la pena de este enamorado. Verte marchar es derrotar el egoísmo fugaz que perturba mí vida, es aprender a valorar un deber que se llama creer en la gente querida; si yo no puedo detenerte sí tú te vas, tal vez buscando mejor vida pa edificar…”[1] A Toño, se le aguaron los ojos; que pesar de mí muchacho, al rato paso Hunder Alexander.
 ¡Hey parce! lo llamó Santiago; ¿y para dónde vas tan de prisa? Para la casa, quede de comprarle unas cosas a doña Rafaela y mire la hora que es; van a ser las cuatro apenas, vengase para acá y nos tomamos unas cervezas. Toño rezongo, no le haga caso Hunder y váyase; no se meta viejo parce Toño; total le estoy pagando ¿no? eso es lo de menos muchacho; lo importante es que usted no se haga más daño.
¿Daño? Mire conmigo no se haga que yo se que usted es el que vende la verde y la polvareda blanca. Ya cállate, además no sabes siquiera lo que dices y podrías hasta terminar mal; la piel quemada por el sol, la piel morena de Toño se encendió de pronto; pero al medio segundo volvió a atemperarse.
Entonces no se meta y véndame la otra, con parsimonia Toño lio de nuevo su tabaco y volvió a escupir; si te oyen los fuertes, los que son, te llevan por delante; yo tan sólo les hago el mandado, porque no me queda más de otra.
Lo siento Santiago yo ya me voy ¿te vas?  Y es que a la nena ya le dio miedo, ¡uf!, mire, mire como le tiemblan las piernas; mira Santiago, no te hago caso porque se que estas borracho, ¿y es que tú nunca te has tomado una cerveza? No nunca y no me da pena; que poco hombre eres; mira Santiago no me ofendas; que el hecho de tomar cerveza o lo que sea, no lo hace a uno más hombre; no, pero al menos yo si, tengo mis pantalones más bien puestos que tú.
Hunder Alexander lo miró y le dijo, no vale la pena; cuando estés en sano juicio hablamos, entonces dio media vuelta para alejarse y antes de que se fuera, Santiago le gritó, no tienes siquiera calzones para conquistar a Evita; el se volvió, ¿tú qué sabes? A lo mejor sí, anda tómate una, aunque tan sólo sea para calmar la sed, Hunder Alexander apretó la quijada, está bien, pero sólo una, ya oíste Toño, dale una, con desgano Toño se la entregó y Hunder Alexander, la recibió y la probó, sabe amarga, ¿acaso quieres yogur?  No, mira y se bebió más de la mitad de una, ¿Qué sabes de Evita?  ¿Te interesa no? pero si no sabes tú, que vives en su misma casa; a Hunder Alexander, se le aceleró el pulso y como un mecanismo de defensa, apuró otro trago de cerveza; mira Santiago, no juegues conmigo; de repente una sensación de vértigo, lo invadió, aunque no era desagradable. ¡Vaya! el caballero se puso bravo.
Hunder Alexander, volvió a hacer el intento de irse, no, espera, no te vayas, ven sentémonos; está bien; ¿Cómo así, la viste, qué té dijo? Toño parce, traiga las otras dos , como sigas así muchacho, te saco a las patadas, déjese de bobadas, que si lo hace,  riego el chisme, por toda el barrio, los ojos de Toño chispearon y así de cerveza en cerveza ,Hunder Alexander, terminó por sacarle el gusto a lo amargo. Santiago, se puso de pie, tambaleándose, ella estuvo aquí, hace un rato, al decir esto, se acercó al piano y buscó con la vista, el titulo de una canción y le hecho una moneda, las ultimas que le quedaban, titulo de la canción; “el amor es más grande que yo” autor Iván Ovalle.
 Hunder Alexander, ladeándose se puso de pie, ¿cómo así, qué estuvo aquí?; la moneda cayó y el disco volvió a sonar; mira, parce Hunder, esté es el único lugar en donde todavía se encuentra un aparato como esté, ¿bueno y qué té dijo? Santiago se hecho a llorar, Hunder parce, el disco del compa Neo; hay, a mí, no me dice nada eso; a mí sí, porque crecí viéndolo tomarse las cervezas y escuchar esté disco, Hunder Alexander, se encogió de hombros, pero a mí padre, es al que a diario, veo borracho, borracho hasta el pescuezo ¿tú padre? Y el viejo Toño escupió, miró el reloj y pensó, va siendo la hora en que llega la clientela y no me conviene, que estos pelados estén aquí; hay parce Hunder, venga, sentémonos, que le quiero confesar algo;  ¿qué es? Yo a Evita, la he querido siempre; sí, lo sé, usted siempre, me ha querido, levantar a mí novia; pero es que estoy enamorado de ella, eso es parce.
Hunder Alexander  no respondió, y Santiago le dijo y aunque se, que ella, no es su novia todavía, lo será algún día, porque es que, lo ama  a usted; hay parce, perdóneme, yo le juro, que nunca más, la voy a molestar, se lo juro y es que usted es mí pana.
Toño volvió a escupir, es hora de que se vayan; miren, les conviene irse por las buenas; ¿pero parce Toño?; Toño lió el cigarrillo, nada de parce Toño, te me vas yendo para tú casa; a, y voy a hacer de cuenta, que no me dijiste nada ¿y sabes porqué? Porque, aprecio a tú mamá, desde que era un muchacho como tú y no quiero, que a ti o a ella les pase nada.
 No quiero que por bocón, te encuentren cualquier día, con la boca llena de moscas; Toño lo miró y de nuevo lio el cigarrillo, que pesar de mí muchacho, pensó; él tiene razón Santiago, es mejor que nos vamos; ¿está bien, pero saben qué?, es  la primera vez que tomo cerveza, ¿a, y dé dónde, sacaste la plata muchacho? De por hay, de por hay; dámela y mañana, hablo con tú mamá. Ahora vete. En el último segundo Toño lo llamó; Santiago; esté lo volteó a mirar, me gustó lo que hiciste, es cosa de hombres, reconocer sus errores. .
Y así, Santiago y Hunder  Alexander, se fueron abrazados, tambaleándose a más no poder; Toño los miró alejarse; condenado muchacho, igualito a mí, cuando tenía su edad, diecisiete años,  claro, que en el color de la piel, se parece es a ella; voy a tener que hablarle, ejem, bueno claro, que nadie debe saberlo.
Santiago y Hunder Alexander, se separaron y cuando esté último, llegó a su casa; Neo y Rafaela estaban preocupados; ¿ay Neo, pero qué será lo qué le pudo, haber pasado? No lo sé Rafaela, no lo sé; la puerta, están tocando, debe de ser él, y Rafaela corrió a abrir; Neo la siguió y con sorpresa, lo vieron tambalearse, recostado, en el marquillo de la entrada.
¿Por Dios, qué es lo qué tienes Hunder? Neo se adelantó y lo agarró de los hombros, al momento, se dio cuenta, del olor de la cerveza; debemos llamar al médico, no Rafaela, es cuestión, de unas cuantas polas; ¿dé qué? unas cervezas mujer; hay Neo, yo nunca lo había visto así, borracho; ni siquiera cuando murió su madre, nunca es mucho decir, pero es que siempre hay una primera vez. Llevémoslo a su cuarto; déjame yo lo hago, Rafaela, pero ya no llores ¿sí? voy a tener que pedirle a Diego que hable con él, también yo puedo hacerlo, lo harás, claro que lo harás; lo haré.
Neo lo acomodó con cuidado en la cama y le colocó una manta encima, lo puso de lado y con la cabeza un poco a la orilla, por si las moscas; pensó, lo miró por última vez, como para cerciorarse de que lo había dejado bien y ajustó la puerta con delicadeza; pasito para que no se despierte; pensó.
Hunder Alexander, no tuvo conciencia de sí, fue sólo en la madrugada, que se despertó soñando  y comenzó a hablar en voz alta; off, Sr. Tomás; se despertó impresionado y es que nunca, le había sucedido. Fue cuando vio a esos pequeñuelos, sí, los seres de mí planeta, son amarillos, bueno, al menos no de, esté color tan  fuerte, pero Dios mío, que horribles son;  sí, son muy feos, en verdad y es que son así, porque consumen mucha orina.
Sr. Tomás; se levantó presuroso, porque comprendió, que esos seres, eran unos mostritos, que querían consumir y consumir y también hasta devorarse a la tierra, al planeta entero. Entonces se volteó del otro lado; que enanos para joder la vida; y hay fue, que se dio cuenta, que estaba sumergido en una humedad, zúas, entonces se despertó y vio el rostro de Mery, casi, sobre él. Muerta de la risa, le dijo; ha de venir un día, en que la reina de los mares, volverá y te pedirá cuenta de tus orines; ¿Mery, qué haces aquí? no, pues nada, más, ni menos, que me levanté a hacer mis oficios y un cierto olor, acompañado de una especie de ronquido ,hizo que me asomara, para ver, que era, lo que pasaba y fijo, eras tú; eres una  fisgona ; cállate muchacho ,no seas grosero ¿y bueno, qué fue lo qué te paso? ¡Ay Mery!, no le digas a nadie, que me viste así.
No le diré a nadie, con tal, de que me cuentes, que fue lo que paso ¿Por qué te emborrachaste de esa manera? Te lo diré, te lo prometo, pero ahora, ayúdame a quitar estas sabanas; no, de ninguna manera, tú la cagaste tú la lavas; pero es que ni siquiera está cagada; es un decir niño, lo que quiero decir, es que tú, metiste los píes y por lo tanto, debes hacerte cargo. Odiosa, fea, bastantona, ya no te contaré nada, a no, pues entonces me voy. No, no, espera ayúdame. Con el tiempo Hunder Alexander y Evita compartirían, junto a Mery estas cosas y otras cositas más,
 Te contaré todo te lo prometo; está se detuvo en el marco de la puerta y lo miró unos instantes; por favor, suplicó, está bien, pero que no se te vuelva a ocurrir tratarme mal. Lo prometo; ¿entonces, no le contaras a nadie que me oriné en la cama?, no lo haré, pero tú harás el intento, de no volverte a emborrachar; lo prometo, ven apúrate, que ya casi viene Rafaela y no quiero que me vea así. Esta bien, seré tú hada madrina, por está vez y te haré sábanas nuevas; ahora que, ¡Jun!, el problema es el colchón.
¿Sí? , sí pero veremos que puedo hacer, anda ve y dúchate con agua caliente; gracias, gracias hada madrina; al  abrir la ducha de agua caliente y pese al frio  que estaba haciendo, Hunder Alexander pensó; ¿no qué hice? no merezco nada, ¿porqué me emborraché?, entonces, abrió el agua fría y sus dientes castañearon, el agua lo arropó y  estuvo ahí, debajo de ella , hasta casi ponerse morado; no, Dios mío, me quiero morir, me quiero morir, además que vergüenza y mí princesa, me debe de estar odiando , ¿no porqué lo hice, porqué?; al rato, cuando Mery, regresó de lavar la ropa ,notó que esté muchacho, llevaba, mucho rato debajo del agua; y lo vio, desmadejado y aterido, no le quedó más remedió que pedir ayuda y a sus gritos acudió, desde doña Rafaela ,seguida de Neo ,de Diego y bueno hasta de Evita; ¿qué son esos gritos a estas horas de la madrugada? , sí, apenas van a ser las cuatro; ¿las cuatro? No, que tal esté muchacho, expresó doña Rafaela en voz alta; La cagoo; dijo Neo.   

 BEATRIZ  ELENA MORALES ESTRADA
RADICACIÔN DE ENTRADA 1-2010-26128 Colombia    
        




[1] canción el amor es más grande que yo, autor: Iván Ovalle.