jueves, 17 de enero de 2019

CUENTOS AL TRASLUZ © Copyright NARRACIONES CORTAS






CUENTOS AL TRASLUZ

© Copyright NARRACIONES CORTAS

LA MUJER

Recuerdo que una noche, aquella mujer andaba por ahí, como si se hubiera despotricado. Vagaba sola por la calle, casi como una loca. Fue cuando se acordó, entonces me vio y me abrazó...

ÉL

Se despertó llorando y su pecho hallábase en agonía, un dolor en algún lugar, muy dentro, lo oprimía. Entonces dijo, mis mujeres me dejaron y ya no podré escribir sobre ella, acerca de mi ella y para colmo no tengo un centavo para invitarla tan siquiera a tomarse una cerveza. Entonces oprimió el gatillo sobre su sien, pero no tenía balas.

LA OBSESIÓN

No andaré errante ante los tubos de mi memoria, no y no tropezaré con holgazanes de la dicha. No andaré con el trasero por ahí, expuesto al frío y al calor. ¡Qué dirán los demás! Pues que digan lo que quieran, total, es mi trasero, ¿no?

Pero no crean, que estoy obsesionado por un trasero, no, ni siquiera por el mío... bueno y al fin de cuentas ni siquiera por el tuyo. Bueno no, en verdad no, yo no soy así...
Bueno esa es mi forma de ser, de sentir.

LA NUEVA
¿Profe, me compra un tinto?, Sí claro, por qué no; ahí, tan linda la profe, tomé, tomé la plata...
¡Ring, ring!, ¡a clases!; la nueva, favor presentarse en la oficina de la rectora, ¿yo?, sí, usted.
Me he enterado que le acaba de comprar un tinto a una alumna; Sí así es; está usted despedida por acolitar a esa alumna a que se empepara, pero... Sin peros; firme usted la carta de renuncia, está bien; Ahí, tan linda la profe, resultó buena cuartera, chao parce”.


DESCRIPCIÓN

Estatura mediana, morena, gruesa; una frente bastante amplia de las cejas hacia arriba. Sienes un poco abombadas, cejas arqueadas, un poco espesas en la parte donde se originan y ya la parte donde terminan descendían más delgadas, las orejas le quedaban un poco más abajo de las cejas; tenía una nariz delgada en la frente y ya hacia el promontorio ascendía en forma de punta, como la de una bruja. Tenían unos labios pintados de un color rosado y formaban un moño gris que exhalaban como un dejo agrio. Las líneas de expresión en la parte de las mejillas estaban bastante marcadas. El ceño se le veía muy fruncido por el sol; cabellos recogido en forma de cole caballo, con unas leves patillas. Tenía un rostro apretado, casi hostil; vestía una blusa blanca, de mangas hasta un poco más abajo de los codos; un eslas negro que le llegaba hasta más arriba de los tobillos; calzaba sandalias y tenía los brazos cruzados, mientras esperaba el bus. ¡Ay, se me olvidaba, tenía bozo!

ESCUELA

La profesora se halla de pie en el antiguo salón, en la mitad de la doble hilera; boquiabiertos, ellos la miran; pero él se muerde la lengua y ella dice, ustedes no se alcanzan a imaginar lo que uno siente cuando lo abrazan fuerte, muy fuerte y suspira; él saborea su sangre; señor, señor, ¡despierte, es su turno! Sí, lo olvidaba, siéntate Juanito y ustedes, tomen nota. ¿Le sucede algo profe?, no, tan sólo ensoñaba; aquí, en este salón, en donde ahora doy clase; ella se hallaba de pie..., huy parce, al profe se le corrieron las tejas.


ILUSIONES

Flor Alba se sentó en aquel lugar, en donde antes había estado situada la vieja arteria y se puso a llorar; pero no, no era que pensara que todo tiempo pasado fuera mejor, pero lloraba al recordar su enorme trasero. Entonces habló en alta voz; sin importarle si la escuchaban los demás transeúntes.
Hay que tristeza, la vida es muy cruel, todo pasa y a mí sólo me queda este trasero enorme; mi novio me dejó, el único hombre que he amado de verdad..., pero en fin, qué le vamos a hacer; al final de cuentas una cosa he aprendido; tenemos el cuerpo que hemos construido, en él se hallan ocultas nuestras viejas pasiones y todos nuestros temores; tal vez en otra vida pueda tener un cuerpo con unas nalgas más pequeñas. Observó, pero nadie la miraba, las gentes no la veían, se colocó en medio de la calle y los carros la atravesaban; entonces llegó a la conclusión de que todos dormían y tan solo ella estaba despierta; ya que al menos se daba cuenta, era consciente de que tenía un enorme trasero.
Total, era lo único de lo cual podía sentirse orgullosa; con decisión cruzó la esquina y un hombre, un solo hombre la miró y le guiñó los ojos. Ella se puso feliz; ya que al igual que ella, él tenía unas enormes nalgas.

ELLA

El tipo entró, era alto y muy fornido; sin querer ella o vio y se detuvo a mirarle el trasero; sus ojos como las alas de una mariposa en vuelo se posaron allí.
De repente se dio cuenta que a ese tipo, había que mirarlo como si lo estuviera haciendo hacia un segundo piso y no era que ella se sintiera tan pequeñita, tan bajita.
¡No, qué va!, entonces él se volvió y al hacerlo ella se puso chiquitita, chiquitita, chiquitita.

El HOMBRE

Casi sin respiración y con los ojos brotados y la lengua amoratada; levantaba las manos como pidiendo ayuda.
Ella lo contemplaba, como si mirara desde un lejano planeta y a la vez como desde una extraña enajenación; enajenación, que sin embargo no le impedía captar la escena. Y la tierra se movía debajo de sus pies y tuvo que sostenerse del muro, que estaba situado del lado de su casa; por varios segundos tardó en reaccionar y al fin como movida por un resorte, cedió unos pasos hacia adelante y tomó la mano del hombre que le pedía ayuda; este a duras penas desató la lengua, que se le había quedado pegada y expulso la sangre que contenía adentro; es un virus dijo; han dejado caer una carga de químicos que pronto contaminara todo el planeta…
 ¿Quiénes? Dijo, pero el hombre ya se había muerto y no le fue difícil adivinar quién o quienes; la lucha por el control del mundo pensó, grandes potencias, contra grandes potencias…

  Beatriz Elena Morales Estrada Colombia © Copyright



CUENTOS AL TRASLUZ EL TABOR




FOTOGRAFÍA: BEATRIZ ELENA 

CUENTOS AL TRASLUZ
       
El  EL TABOR
              En memoria de mi hermano Darío

Ha eso de las cinco de la mañana sintió que alguien llegaba hasta su lecho, se sentaba junto a ella. Sorprendida pero no asustada, se atrevió a buscar con su mirada la presencia de aquel extraño visitante.
Pero en vano trataba de verlo, de mirarlo de frente. No obstante supo de inmediato quién era.
 Era su hermano que había muerto hacía diez  años; parecía venir desde muy lejos, se sentó de lado junto a ella y le pidió con su mente, que no lo mirara de frente. Vestía unas ropas sencillas pero limpias, su camisa era blanca de rayitas, el pantalón era de dril café claro igual a la ropa que usaba para su trabajo cuando aún estaba vivo, traía en sus manos algunas cosas,  parecían regalos, obsequios. Ella no quiso destaparlos solo quería mirarlo, mirar  a su hermano querido y trataba de hablarle, pero solo podía escuchar las palabras que este pronunciaba. Entonces en un tono de voz triste pero demasiado consiente de lo que decía le hablo así; ¡Que se va a hacer! la vida es así, no da tregua no da espera, yo ya me tengo que ir para el tabor. Ella sintió al oír esas palabras una honda pena.  Pero su hermano  permitió que lo  abrazara y que lo tocara, aunque no dejó que el abrazo fuera demasiado fuerte ni tampoco largo. Le  dijo que no hiciera demasiado ruido, ya que el muchacho de la habitación contigua podría despertarse en cualquier momento.
¿Cuál muchacho? Interrogó ella
El nada le respondió, Se limitó a levantarse despacio, lentamente de la cama, en donde estaba sentado, era una postura silenciosa, discreta, como si temiese ejecutar algún ruido fuerte o temiese algo. Lo hizo de lado, sus piernas casi juntas, sus manos sobre sus rodillas, no la quiso mirar a ella, no de frente, no quiso que ella lo viese de esa forma.
Guardo un profundo y reverente silencio, se tragó incluso los sollozos, para qué no la escuchase en el sonido de su mente,  mientras él se alejaba ya. Pero ella  aun recogía el sonido de su voz. La voz de su  resignación al pronunciar estas sencillas palabras. 
La vida no da tregua, no da espera. Yo ya me tengo que ir para el tabor.

Beatriz Elena morales Estrada © Copyright


CUENTOS AL TRASLUZ : El RESPLANDOR




CUENTOS AL TRASLUZ                       

                                                             El RESPLANDOR

           Aquel lunes festivo, lo recuerdo muy bien, Luis mi vecino y amigo, después de haber llevado a su novia a cenar y compartido con ella, regresó a su casa, era ya de noche ,su padre miraba la televisión.
Vivían juntos  desde hacía muchísimo y aunque no se entendían muy bien ya que cada uno de ellos encarnaba una generación opuesta, sí abrazaban un amor filial que hasta ahora los mantenía unidos; como su padre estaba un poco delicado de salud ,Luis compartía con él la misma habitación por si acaso, en las horas avanzadas, llegara a  necesitar  algo.
La habitación aunque no era demasiado amplia era demasiado acogedora, pero sólo disponía de una cama, en la que el padre dormía; en  el suelo Luis tendía una colchoneta que quedaba situada de forma horizontal, hacia la cabecera de su padre.
Cerca al lugar en el que Luis solía reposar, se miraba un closet de madera que lo resguardaba de la puerta y la ventana, que siempre permanecían abiertas hacia el pasillo interior de la casa, apartamento.
Después de ellos platicar algunas cosas dentro de las cuales discutieron, decidieron irse a la cama.
A decir verdad Luis estaba exhausto, rendido; hizo su cama, le suministró algunas medicinas  a su padre, luego se cobijó en silencio. Solo le basto tenderse a lo largo para quedarse dormido.
En la otra habitación, yo contemplaba desde mi ventana abierta la vegetación oscura y verde, que se extendía desde afuera hacia adentro, como si los árboles plantados, nostálgicos y tris tongos, evocaran quién sabe qué concilio de los dioses y de los pájaros nocturnos, que plañideros, susurraban con sus voces ,melodías que se alargaban desde las copas de los árboles, desde la punta de las alas de las aves, desde el centro del ombligo de la tierra  y del cielo, desde la misma hondura de la arena y del mar, melodías que se insinuaban sutiles e insutiles, de la noche al día, de la sombra a la luz ; mientras en la extensión que mediaba las distancias y que separaba unos seres de otros ,las ondas de las almas y de las cosas, se entrecruzaban por una hendidura del techo de la luna, cómplice ella de los amores imposibles y lejanos.
Algo en el viento, en la corporeidad de la noche, tendía en la distancia hacia la unidad incesante, de todo aquello que corre y descorre el largo devenir  del río de las cosas.
Puse mi viejo radio, ya apagado encima de la mesita de noche y me sumí en un profundo silencio.
Los pies de Luis bajo las cobijas , lindaban con la cabeza de su padre y fue así como en el silencio del tiempo que habita el sueño y en el abrigo, en el calor que cubre, sintió que alguien se allegaba junto a él,  con un  resplandor blanco, como si alguna alma se hubiese desprendido de su cuerpo, como si una boca hubiese exhalado su aliento profundo para ir atravesando la noche , en busca de algo, de un  alguien , como si una vida se agitara en la desesperanza, de la esperanza de aquella otra que se hallaba tendida ,refugiada al calor de su cuerpo.
Él sintió que una energía, alguien se encontraba recostada al closet de madera, a su lado derecho, mirando hacia la cama de su padre, aunque parecía desconcertada; él, abrió el ojo de su mente y la vio bajo esa forma, entonces pensó: Dios mío va a atacar a mi padre, debo protegerlo.

De inmediato ese resplandor  o ese algo traslúcido, se volvió hacia él, tal y como lo haría una persona concreta, cuando esta al lado de otra.
Ella de una manera tímida y prudente se volvió hacia él, era tan fuerte e intensa la vibración de esa presencia que su vientre se movió, emocionado.
Con la respiración entrecortada, agitado todo su pecho y en la incógnita por saber, le pregunto ¿Es usted una maga negra? ella entonces respondió; no, al mismo tiempo que se desplazaba hacia un rincón de su costado izquierdo.
Él persistió pero a duras penas lograba mantenerse consciente: ¿Cuál es su nombre? ella dijo Mara ¿acaso piensa usted hacerme salir en astral? No, claro que no.
Se dio entonces un silencio en la mente de ambos, porque ambos callaron, sólo las almas vibraron entrelazadas  dentro del mudo y secreto lenguaje el amor que todo lo puede.
Durante el día Luis ejercía sus labores cotidianas, pero en las noches meditaba tenazmente, ¿Quién sería aquella qué a su corazón se plegaba  tan hondamente? Cerraba sus ojos y repasaba mentalmente los rostros de las mujeres que conocía, se detenía largamente en cada una de ellas, apretaba con más fuerza sus ojos y se concentraba en su corazón, aunque sentía  sensaciones agradables, ninguna de ellas tenía la fuerza interna del resplandor; es decir del alma de Mara.
Duró cinco días intentando saber con certeza, cuál podría ser el origen de aquel resplandor, de aquella luz.
Aunque su corazón, su sentimiento interno, ya lo sabía, necesitaba más pruebas, es decir quería negarse a sí mismo, que aquella que despertó sentimientos tan bellos en él , había retornado por entre una hendidura del laberinto de las cosas para rehacer con su aliento aquello que una vez había destrozado,  no lo podía creer.

Aquel sábado en la madrugada, después de aquel grato encuentro; como a eso de las cinco  pasadas, alcanzó a ver algo así como un demonio rojo, que cruzó por encima de su cara; el demonio al parecer con el deseo de atormentarlo, arroja sal en el centro de su pecho, instantáneamente el dolor de un amor perdido se removió en su corazón; aquello ocurría detrás  del tiempo y después del aparente olvido sin olvido.

Entonces se  sintió  aprisionado dentro de las paredes íntimas de su mente. Se escuchó a sí mismo gritando, gritando con todas sus fuerzas, aquel nombre prohibido, aquel nombre secreto guardado en la profundidad de su ser.
Se despertó presa de una angustia indescriptible y con el rostro bañado en lágrimas.

Desde el silencio de mi propia horizontalidad aquella que no obstante me empujaba hacia arriba, como si fuera un pequeño arbolito de pino, intentando oler, aspirar el aroma de los cielos, me sumergía en la hondonada de las almas e  intentaba comprender a Luis; a veces me parecía a mí que él permanecía dentro de la intemporalidad  y que esta se traducía en varias  cosas; la muerte, el amor, la ausencia, la vida siendo ella,  una misma y sola cosa.
Pienso además, que esa intemporalidad era lo que garantizaba la permanencia de Luis en su ascenso y descenso de la existencia.

Pese a la abrumadora instancia de lo cotidiano, Luis se las arreglaba para hallar su incorporeidad a través del ensueño, de la vida y de su espíritu férreo. Cavilar sobre lo sutil y lo  insutil, es a su vez regresar a aquello que es compacto, conciso.
Pero volvamos a Luis ¿Era acaso él, un loco que se inventaba sus propios sueños para no morir? Se había inventado aquella rara , pero dulce historia de amor, con ese resplandor, que para este, no era otra cosas que el alma de mara, el amor de ella que ahora regresaba a buscarlo.
A Luis la muerte, lo seguía de cerquita y justo ahora que parecía encontrarse en el mejor momento de su vida, su sombra  había vuelto a aparecer, justo ahora que quería volver a ver a Mara.

Aunque Luis había conocido a Mara, hacía más o menos unos cinco años atrás no la había vuelto a ver desde aquella tarde, eso fue un viernes, se presentó en su oficina, deseoso de verla y de platicar con ella; pero con una actitud contraria a la que siempre había tenido, lo trató de un modo, despectivo, tajante; cosa que hizo que se sintiera completamente mal, tanto que huyo de allí para no volver.

Estudiaba ciencias de la comunicación en la universidad de Pensilvania; Mara era una de sus profesoras y por esas cosas secretas e inusitadas que los hilos, las fibras más íntimas e intensas  mueven en los seres ,se dio entre ellos una especial simpatía, mejor dicho desde que Luis conoció a Mara, se sintió profundamente atraído y aunque ella no le correspondía abiertamente sí lo hacía de una manera un poco recatada; claro que esto se daba porque estaba muy comprometida, aunque eso no fue obstáculo para que Luis la frecuentara, de hecho fue muy sincera con él. Le contó que muy pronto contraería nupcias con un hombre que hacía mucho tiempo conocía.
        Solía llevarle flores, orquídeas, astromelias  que eran las que más le gustaban, cuando le tocaba hacer trabajos sobre periodismo se los presentaba y aprovechaba para escribirle poemas, cosas de amor. En el salón de clases sus miradas se buscaban y aún, aún después de que ella se casara.
Yo no sabría decir cuántos semestres estuvieron juntos en ese juego de profesora -alumno; al final, creo que ya Luis se percata de que no podía seguir alargando sus días en la universidad, pues era ya tiempo de terminar su carrera. Empero una que otra vez se daba la pasadita por el aula de clases, tan sólo para verla.
Ella también le respondía haciendo resaltar la opinión de él, en algunos asuntos de los cuales trataban.

Y al parecer logró olvidarla, después de aquello regresó a su país para lograr la manera de ejercer su profesión; fue cuando conoció a María y se casó con ella, hasta que esta mujer lo abandono por otro amor.
A Luis se lo había llevado la noche de un día cualquiera, por entre pliegues de un amanecer en que nunca se supo más de él.
Sólo su padre y yo vimos el resplandor blanco que se le salió de su cuerpo, era su alma viajera que se había escapado para nunca más volver.

Sé que a Luis no le habría gustado saber que yo he leído su cuaderno y que he hurgado cosas que no me pertenecen  pero es que a fuerza de mirar las paredes blancas de este cuarto y sentir la presencia suya a donde quiera que vaya, me he vuelto como él.
Después de aquel lunes festivo, notamos un cambio, veíamos  que  a toda hora, se encerraba en su cuarto, se  pasaba largas horas escribiendo, su novia lo extrañaba, la actual, la después de María,  pero este parecía no darse cuenta.
Aunque sabíamos que la quería, lo que paso es que, le dio la pensadera por Mara y ya Mara no lo abandona  nunca más; desde que ella lo visito, la noche del lunes, en forma de resplandor, la veía, la sentía, le parecía que ella lo
 Llamaba  y que siempre andaba detrás, a sus espaldas. A veces hasta llego a pensar que  había muerto.

Leyendo en su cuaderno me encontré con este fragmento; Pero hoy perdóname si estas letras han roto el pacto secreto, con el que tú querías recubrir aquella secreta fuente de amor...
Pero es que eres tú tan culpable como yo; tú por atreverte a remover con todo tú ser el alma mía y por querer escribir con tinta roja tu nombre junto a un costado de mi cuerpo; y  yo  por hacer público tu nombre secreto en mí cuaderno.

No se aguanto más, un día decidió hacer un viaje, empacó sus maletas y se fue para el exterior.
Fue a buscarla pero no la encontró, las gentes que habían eran todas diferentes; resignado decidió regresarse, pues habían pasado tres meses.
Un día un poco antes  de volver, le tocó hacer una vuelta urgente; caminaba  despacio con el rostro hundido entre las sienes , cuando de repente la vio, estaba dentro de un almacén, sus pies se le pegaron en el suelo,  quiso moverse, pero no pudo , tenía el cuerpo paralizado.
Ella del otro lado, aún no lo había visto, pero al volver su cara, sus ojos brillantes lo descubrieron; instintivamente se llevó su mano derecha hasta su corazón, se quedó un momento detenida, pero luego avanzó hacia Luís con rapidez, sus pies como dos alas volaban.
Habían esperado tanto, tanto para ese nuevo encuentro, querían abrazarse, pero no podían. ¡Ah! y ese tonto de Luis que no encontró palabras para  dirigirle, porque la lengua se le trabó.
Se miraron sin hablar, hasta que ella dijo; Qué hubo Luis, volvió; ¿quiero decir volvió a estudiar de nuevo en esta ciudad?   
Él estrechó la mano de ella, tan suave, tan cálida, sintió el calor de su cuerpo en el abrazo de esa mano amada y se alejó sin decirle, nada, sin preguntarle nada. ¿Por qué?
Lo último que recuerdo de este, son sus dientes y esa mirada en la claridad de sus ojos, que un día de primavera e invierno se detuvo  en un rincón del cielo y de la tierra; sin duda ahora se encuentra explorando la cercanía del mar con la bóveda celeste y allí, en el lugar donde se encuentra su pecho, Mara se agita con resplandores del fuego de la luna y de las estrellas.

He dejado mi viejo cuaderno y me he puesto a fumar. Afuera, desde mi ventana, veo cómo los pájaros y las aves se elevan  en su vuelo callado; pero hay tanto silencio que he alcanzado a escuchar el sonido de sus alas al rozarse  con el aire.
Pensar que unas alas tan en apariencias leves, frágiles  posean tanta fuerza en la punta de sus alas...
El teléfono suena y suena, pero nadie lo quiere contestar; ni siquiera podríamos decir que es la novia de Luis y además para que contestar y qué decirle a las gentes, sí ya él, se perdió en la lejanía de las cosas que ya no regresarán jamás.

Beatriz Elena morales Estrada © Copyright

martes, 15 de enero de 2019

CUENTOS AL TRASLUZ : ANAYA









                                                         ANAYA

La doctora,  era una mujer vigorosa  y juvenil; después de una hora de espera, quizá menos;   nos mandó entrar  al consultorio , una vez que nos  sentamos    y después de  cruzar algunas palabras, una que otra  pregunta,   le pidió  a ella,   que hiciera  un dibujo,   lo que  quisiera ; así  que esta,   dibujó a  un mujer   vestida  de novia  y a punto de casarse  y  con un ramo de flores,  entre  sus manos. 
Todo el tiempo,  ella  estuvo mirando,  la mano de  Anaya ,  que se deslizaba,  sobre la hoja   en blanco  y de cómo, comenzaba  a darle forma a una  figura;    la miraba asombrada, lela   y cuando por fin   termino y  le entregó su obra de arte; orgullosa y Feliz;      tomó  la doctora,  el dibujo   entre sus manos y su rostro,  cambió  por completo; casi demuda expresó;    yo me caso,  dentro de ocho días ¿ Y ella como sabía eso?
 La mire y sonreí, hasta quizá,  me encogí  de  hombros;  Hum, si no sabe usted  que es la psiquiatra, menos yo ;  argumente ,  mientras Anaya,  solo sonreía, orgullosa, esperando una respuesta positiva y cálida de la doctora, algo que la hiciera,   sentir amada,  requerida, reconocida , un gesto amable ,  una palmadita en el hombro ,  que la   hiciera  sentir valorada, estimulada; en fin…
 Pero lejos de eso;  la doctora,   prácticamente,   nos hecho  de su consultorio; no con palabras soeces,  sino con sus gestos  y actitud   y a partir de ese instante,  no quiso nunca más,  volver  a atendernos.
  No quiso asumir,  que una persona como  Anaya,  que no  estaba, supuestamente  en toda su capacidad  mental;   podía saber mucho más,  de   ella    como psiquiatra,  que  ella ,  de su paciente .
   El caso,  es que,  también,  pudiera  ser,  una sencilla coincidencia o más simple aun,  que Anaya,  estuviera expresando,  su deseo inconsciente de realizarse  como mujer, de casarse, tener hijos ,  en fin.
¿Pero porque la psiquiatra  lo asumió como algo personal? 
 Talvez percibió alguna conexión  entre ellas,  desde entonces Anaya jamás, óiganlo  bien jamás volvió  a dibujar  nada.

Beatriz Elena Morales Estrada© Copyright


domingo, 4 de febrero de 2018

EVITA


LA LLAMADA CAPITULO XVI



CAPÍTULO XVI

DEL OTRO LADO DE LA LUNA
NOVELA ESCRITA ENTRE LOS AÑOS 2000 Y 2010
CAPÍTULO XVI
LA LLAMADA
Ya con la llegada del día, la efímera alegría que Antonio sintió se había esfumado; un sentimiento ambiguo se había apoderado de él  y es que durante la noche,  había estado soñando algo ¿Pero qué era? sí ,una imagen, quizá la esbozó en un sueño, hizo un esfuerzo por recordar ;sí, me soñé con Libia, soñé que la miraba a los ojos, era ella y no era ella y además sentía algo que me exprimía y exprimía el alma ,hasta dejarme el cuerpo como tan reseco. ¿Por qué sería?
El teléfono sonó; y a la primera timbrada, Antonio se lanzó a agarrarlo con cierta voracidad; debe de ser ella; pensó y brincó de la cama, hasta parecía un caballo, febril y calenturiento; ¡Alo!   ¡Alo!  y al instante su emoción fue apagada, ya que la voz que escuchó del otro lado, era la del pastor Adrián ¿Ha es usted pastor?, ¿Cómo está pastor? No, no pastor, no se enoje; permítame, y, y, y, y, y, o, o, yo lee explico; sí yo, ya le tengo la plata; ¿Qué me dice?
Sí, ya me enteré por doña Marta, ella me comentó que usted le va a hacer muchas más sesiones  ¿Y qué requiere cosas más estrictas? ¡Ay!, no pues, haga lo que usted crea conveniente pastor.
 Después de colgar el teléfono, Antonio se sentía como deprimido, pero no era por lo de Amanda, sino por Libia; Libia, Libia, llenas todo mí pensamiento.
Antonio ven a desayunar; se dejó escuchar la voz de Verónica, éste no respondió, pero subió con la cara amurrada, como si estuviese chupando limón, recibió el plato con arepa, huevos revueltos con arroz y una taza de chocolate y en lugar de sentarse en la cocina, se fue y se sentó en la sala, y al comer hacia un ruido, cada vez que se metía una cucharada en la boca, es ese ruido, que parece quedarse atrapado entre ambos labios, quizá por exceso de saliva, de aire o por exceso de fricción.
Ya luego se lavó la cara, se vistió, se peinó en frente de un espejo, se miró de espaldas, después de lado y luego otra vez de frente y se pasó el peine varias veces por su cabello corto y salió, sin decir nada.
El pastor Adrián, se encontraba en la sede del centro, hallábase reclinado sobre un escritorio y dentro de una oficina, que era más bien pequeña, allí convergían, algunos pastores de otras iglesias, escribía algo acerca de las actividades que realizarían los jóvenes el próximo domingo, y es que como pastor que aparentaba ser; debía de cumplir con ciertas requisitos, esto, si no quería levantar sospechas.
Es necesario que mantenga ocupada ésta gente, ya que nadie, nadie puede sospechar de mí y menos los otros pastores; una mujer de edad indefinida asomó la cabeza para avisarle; oiga pastor, un hombre que está ahí afuera, lo necesita; dice que tiene cita; sí claro, hágalo pasar, la mujer se quedó pensativa por unos segundos ¿Será qué usted me puede regalar unos minutos? Adelanté ¿Qué se le ofrece? Que hombre tan amable pensó; no, es que yo soy nueva aquí, pero lo he escuchado predicar y créame, me gusta el modo como lo hace y es por eso que quiero pedirle un consejo ¿De qué se trata?
No, es que estoy muy preocupada por mí esposo, no quiere escuchar la palabra y cuando le digo que está es la verdadera iglesia se burla de mí ¿Y al menos lee la biblia? Vea, lo que él dice, es que le han pasado cosas lo más de raras, dizque el otro día, se estuvo reuniendo con unas gentes que leían la biblia, o al menos eso era lo que le hacían creer y quesque anomas salía de allá, le pasaban unas cosas lo más de extrañas, que hasta se vio a punto de ser atropellado por un carro varias veces; y quesque esas personas se vestían casi siempre de negro.
¡No friegue! ¿Con qué eso dice? sí y además se volvió muy devotó de la María auxiliadora de los cristianos y no volvió donde esas gentes y hasta dejaron de pasarle esas cosas feas.
Carraspeo el pastor ¿Con qué así es la cosa? El asunto es grave misiá; sí pastor y a mí lo que más me preocupa es que mi marido se vaya a condenar, sí, y es que como nosotros conocemos la verdad y nada más que la verdad.
Pues sí ¿No? dijo Adrián denotando fastidio ¡Ay! otra cosa más; fíjese pastor,  que hasta le prende velas a las imágenes, que dizque pa que le ayuden; yo a cada rato, le digo que eso es pecado y lo que dice es que, él sabe que esa es una imagen, pero que, lo que adora es a Dios. No, es que esos católicos, lo que son, es una partida de santeros.
¿Cómo pastor? No, que la cosa es jodida; Sin embargo, la palabra Dios, María, herían los oídos de Adrián que hacía un esfuerzo por disimular. ¿Entonces pastor, qué debo hacer? Le diré lo que haremos, yo me ofrezco a orar por su esposo ¿le parece? A pues sí, es que las oraciones de una persona tan buena como usted, siempre las va a escuchar el señor ¿y cómo se llama él? Aguarde, yo anoto su nombre aquí en está libreta; esto lo hizo para darle mayor seguridad a la mujer,
Dejó el lapicero con el que estaba escribiendo, junto a la libreta y se puso de pie; llevaba un traje azul ceniza, tirando a negro, debajo del saco, lucía una corbata blanca de cuadritos rojos, el nudo de la corbata parecía bien hecho y ésta, llevaba de arriba hacia abajo una V, de modo que para un buen observador no se le podían ocultar varias V; quizás era la marca de la ropa.
Estese tranquila hermana;  mientras le decía eso, colocó una mano, sobre el hombro de la mujer y camino junto a ella, mientras la sacaba con disimulo, llevándola hacía la puerta pensaba; ¡vieja pendeja! Contarme a mí, que su marido se va a condenar por mí, que se pudra.
Ella, lo miraba con admiración y pensaba; debe de ser algo urgente, lo que ese hombre va a tratar con el pastor, me apresuraré a decirle que entre; la mujer se alejó con rapidez y le dijo a la persona que esperaba; ya puede entrar y tiene suerte de que el pastor Adrián lo atienda, sabe, él es un hombre maravilloso; Antonio miró a la mujer y pensó Vaya, que cara de idiota tiene ésta.
Se dirigió hacia la oficina y vio la puerta abierta, el pastor estaba de pie, en la mitad, hojeando una revista, éste tocó por tres veces la puerta, para hacerse notar; entre, entre Antonio, déjese de vacilaciones y con impaciencia dijo ¿Haber, trajo la plata? Sí, sí pastor, aquí ésta; preste para acá; una vez comprobó que el dinero estaba completo, dijo; son como trescientos cincuenta, sí, está bien, y se los guardó en su billetera.
Muy bien Antonio, así se hace y recuerde, que éste es sólo el principio, me debe de traer más dinero, yo le avisare. A, Antonio esa idea, no le gustaba para nada, pues no le hacía gracia, gastar su dinero en algo, que tuviera que ver con esa mujer, así, fuera para eso.
¿Y cómo cuánto más seria pastor? No lo sé todavía, porque su hermana es muy obcecada y siempre hay que hacerle cositas ¿Bueno, pero al menos cree qué sé arrepentirá de sus pecados y convertirá a nuestra iglesia?  Ya se lo dije, esa mujer es muy testaruda, ya ve, que ni siquiera Darío, logró convencerla.  Con ella, no se puede por las buenas, aquí, lo que hay que hacer es doblegarla, someterla.
Antonio, agachó la cabeza y al hacerlo sus ojos se oscurecieron aún más, y no vio ni siquiera el suelo que pisaba. Esperemos a ver qué pasa Antonio; y ahora le ruego que se marche, ya que tengo cosas que hacer; pero pastor…
Adrián le lanzó una mirada indefinida, ladeada; Antonio ya no le importaba, total, ya tenía lo que quería, lo que durante mucho tiempo había deseado, ese contacto con Amanda para poder hacerle el mal.
Antonio hizo un ademán de irse, era torpe, más no idiota y era imposible no notar el cambio del pastor, su forma seca y repelente, el modo, como lo trataba. Adrián se quedó en suspenso por unos segundos, y pensó ¿Y sí a éste imbécil le diera por hablar?
Entonces avanzó unos pasos hacía él y le puso una mano por sobre la espalda, ¡venga hombre!, ¡venga! , siéntese un rato; no sabe cómo odio a veces mí trabajo, me tengo que ocupar de muchas cosas a la vez y me olvido de lo más importante, el trato con ustedes, que son la sal de esta iglesia.
Hacía un costado del escritorio, se veía un mueble abollonado y Antonio se dirigió hacia allá, aunque no parecía halagado con lo que el pastor le decía. Adrián tomó asiento, en donde mismo había estado, miró su reloj de pulso y cayó en cuenta, que ya era la hora del almuerzo; no pastor, yo no le pienso quitar mucho tiempo, hasta pecado seria, sabiendo que usted, es un gran trabajador, y lo que hace, lo hace para salvar almas.
¡Jun.! En eso tiene razón, se lo dijo riendo con sorna, en ese momento, la señora que había estado hablando con el pastor y cuyo nombre era Celina, se asomó y le dijo, ¿pastor vine a ver qué se le ofrecía?; bueno, es que ya es hora de cerrar y yo me tengo que ir; Adrián se quedó pensativo y preguntó ¿Ya sé fueron todos? Sí, ya se fueron ¿Será qué usted me puede dejar aquí, hasta las dos de la tarde, no le molesta? molestarme no, pero quien sabe, que dirá el pastor encargado; como usted sabe, soy nueva y además la encargada de hacer el aseo.
Lástima, y es que yo, no quería dejar pendiente éste asunto tan urgente que tengo con el hermano; éste abrió la boca para decir algo, pero Adrián, lo detuvo con un gesto, sí, que lastima.  Vamos a hacer una cosa, yo le dejo las llaves y usted se compromete a entregármelas cuando vuelva, pero eso sí, éste local tiene que quedar cerrado.
¿Usted haría, eso por mí? Eso y más pastor, si me fuera posible; Antonio miró, para ver la expresión en la cara del pastor, pero sólo halló sombras; entonces algo paso por su mente; un algo, como los recuerdos tenebrosos de algún antepasado; no sabía a ciencia cierta que era.
Ojala al menos, hubiesen sido figuritas inofensivas, lo que vio reflejado, en la cara de Adrián; a su vez Adrián reparó en los ojos de Antonio y vio su alimento, en sus pupilas vio larvas, gusanos engordando el odio y la maldad.
Sí, había algunas veces, que las gentes podían leer, en los recovecos de las paredes sinuosas, cosas, claro, no era, sino poner un poquito de atención y sin necesidad de lupa, se podía leer hasta en la piel de un gato, de un ratón, o en los ojos de un tigre.
Bueno, pero es que el mundo no es un libro; ni un texto, no sé, lo que sea, hay algo en la cosmovisión de las cosas, en los innumerables ojos del mundo que nos alerta, que nos pone a prueba; pensó Sara Lucía.
Adrián, se regocijó de poder quedarse a solas con Antonio, la mujer, sacó las llaves de su delantal y las puso en las manos de Adrián, alejándose contenta de poder servir a éste hombre. ¿Además, qué podría pasar, si éste era un hombre de juicio y de razón?
Adrián volvió a mirar en las pupilas de Antonio y encontró sombras de sus antepasados, se levantó, abrió la puerta de la oficina de par en par y se dirigió hacia la cocineta de la sede; abrió una de las gavetas y sacó una de las botellas del mejor vino que encontró, la destapó y vacío vino en sendos vasos y llamó; Antonio, ¡venga, venga para acá! Tómese esto; no, yo no tomo pastor, además a mí me hace mucho daño; no que va, esto, apenas si, es un aperitivo, tómeselo para que entre en la honda.
Antonio lo recibió y después de probar, hizo el ademán de ponerlo, sobre la mesa; ¡deguste, deguste!, es más, tómeselo de una; éste abrió y cerró la boca, tenía susto y se lo tomó de un sólo sorbo; mientras así decía, Adrián se quitó el saco y lo puso sobre el respaldo de una silla y mirando a Antonio le preguntó ¿Tanto la odia? Y al mismo tiempo se zafó un poco el nudo de la corbata, se arremangó con cuidado las mangas de la camisa.
Antonio quedó como anonadado, iba a responder, pero sintió una pesadez en la lengua, el ruido de los carros se sintió tronar con fuerza en sus oídos; sin embargo todo pareció volver a la normalidad y escuchó la voz del pastor diciendo; yo también la odio, la odio tanto, un tiempo atrás la quise para mí, pero ahora, sólo me interesa destruirla, es mí enemiga, mi rival y una de mis mayores oponentes.
Entonces, se acercó a Antonio, que parecía temblar, pero, que al fin y al cabo tan sólo era, una oveja con rumbó al matadero. No tema, por ahora no le haré nada, coma y beba, probemos, ¿Qué más, hay por aquí? vamos a ver; pero todavía, no me responde la pregunta; ¿pero cómo cree pastor? Yo soy cristiano y no puedo odiar; la odia; dijo el pastor dándole la espalda, mientras se preparaba unos perros calientes, luego se volvió hacía éste y se le quedó mirando con fijeza; lo veo, en sus ojos, que son azucenas marchitas, lo huelo en su sangre; míreme, míreme, Aaaa; la odia; Ja, Ja, Ja! ; Esto es magnífico. Así, ésta cultivando, gusanos para mí y alimentando mí hambre, de su asqueroso y virulento odio me alimento yo, más y más cada día. Ese, es su cáncer…
Al decir esto, su voz salía ronca y hasta cavernosa.
Antonio lo miró y sólo vio salir del hueco que formaba las líneas de sus ojos moscas, grandes y gordas; ¡míreme, estas moscas también salen de usted! ; Pero entre usted y yo existen algunas diferencias, yo sé quién soy y porque lo hago, usted no sabe quién es y además de todo, sólo es un cobarde, un obtuso y pusilánime.
P,p,p,p,pe,e,e,e,e,ero pastor; no me llame pastor, le dijo en un tono casi exaltado; de nuevo los pitos de los carros retumbaron y raro ,a Antonio hasta le pareció escuchar como gritos de bestias desesperadas y hambrientas; Adrián tomó vino y vacío más en el vaso de Antonio ¿ Y ahora cuénteme, cómo consiguió la plata qué me trajo?
La turbación de Antonio se hizo más notoria; bueno pues…
Relájese hombre ¡Ay! verdad que usted trabaja haciendo aseo en una de las sedes y de vez en cuando, le lava el carro al pastor Marcelo; hombre y me he dado cuenta que a usted no lo tienen vinculado a una Eps  y no le pagan horas extras.
Apure, apure, tómese el otro vino ¿Qué más habrá por aquí de comer? El dueño de éste cuerpo, como que comía, más que los cerdos; aterrado Antonio bebió más vino; eso, así me gusta ¿Hombree y ese dinero qué me trajo, no le costó mucho trabajo conseguirlo? Pero eso a mí no me disgusta ¿Vea sabe qué? por hoy, debemos celebrar nuestro encuentro; usted me recuerda a alguien y ya lo ve, aquí estamos; no, qué asco; son ajos y maní, que fastidió y retiró las manos de la gaveta.
Antonio como que ya se estaba entonando; pero estaba más asustado; Adrián se acercó y le dijo, el modo cómo usted consiguió ese dinero me gusta ¿Qué frío hace no? Dijo Antonio, que ya se estaba empezando a poner arruzudo.
El tono de voz, en Adrián cambio y habló en forma de caricia; vea, cómase éste perro caliente y acompáñelo con más vino ¿Le gustaría qué su hermana fuera cancelada? Antonio mordió un pedazo de pan y casi se atraganta ¿Cancelada, qué es eso pastor? , Adrián se alejó un poco y colocó una sinfonía, un clásico, Antonio pensó, ese puede ser Beethoven, pero en realidad no sé quién es; eso acallara el ruido de los carros, dijo el pastor  y se sentó en un taburete y sin querer Antonio se fijó en los zapatos de Adrián, y pensó, que bonitos, brillantes y tan bien lustrados.
Bueno Antonio, le decía que se deje de lentitudes ¿Le gustaría qué su hermana fuese cancelada? Se lo repitió despacio, deletreando cada palabra, para que éste entendiera mejor; no imposible ¿Cómo puede ser eso? Sí, así de sencillo; claro que en éste caso, sería entregada como una ofrenda o como víctima propiciatoria; es decir como un sacrificio de sangre para contentar al maestro.
Antonio, comenzó a temblar de nuevo y vacío otro vaso de vino y se bebió la mitad; con ironía, Adrián contempló el estupor de Antonio; la música subía y bajaba a pasos agigantados, Adrián se puso de pie y a su vez invitó a Antonio, para que se levantara, haciéndole un gesto; Antonio seguía tan estupefacto, que el pastor soltó una a una, varias carcajadas, macabras y estremecedoras.
Luego limpió todo muy bien, para que no se notara el desorden; salvó unas latas de sardina que dejó afuera del bote de la basura, se enjuagó la boca, se arregló el nudo de la corbata, se bajó las mangas de su camisa, se puso el saco y se acercó a Antonio, le palmoteó las espaldas y de nuevo le mostró los dientes, pero ahora inofensivos y en tono paternal, casi cariñoso, le dijo; piénselo Antonio, piénselo y únase al maestro, únase a nosotros.
Antonio se puso de pie, tambaleándose un poco, se dirigió hacia la puerta, acompañado de Adrián, que lo llevó a un lugar, cerca al cuadradero de los buses, en donde Antonio tomaría el suyo de regreso a su casa.
El pastor se devolvió para la sede; tengo que entregarle las llaves a esa mujer, renegó en voz baja. Tengo que llevarle las llaves a esa perra.  ¡Qué tal!, como si yo no supiese quien es; pero si no le llevo las llaves, es capaz de irse con el chisme, para donde esos pastores; que entre otras cosas, no son más que unos hipócritas, unos buenos para nada, engañadores al igual que yo.
Antonio llegó hasta su casa, abrió con la copia de las llaves que le había pedido a Natalia y supuso que no había nadie más; pero al entrar vio a Amanda, que se hallaba sentada, mirando la televisión. Solo verla y su cara se distorsionó ¡Perra! ¿Está hp, qué hace aquí? y retorciéndose como culebra, entró, evitando tener el menor contacto físico con ésta; ya que temía contaminarse.



BEATRIZ ELENA MORALES ESTRADA
RADICACIÔN DE ENTRADA 1-2010-26128 Colombia