lunes, 29 de junio de 2015

CAPITULO XLI (41) EL PERSONAJE







                                                             CAPITULO  XLI
                                                                      (41)
                                                                    
                                                            EL PERSONAJE



Esté personaje, que parecía salido de algún lugar oculto, y qué vestía de negro, dejó caer sus ojos hacía un lado y con voz cavernosa se dirigió en especial a ella. Al encontrarse con esa mirada ladeada, las mujeres se estremecieron y al ver, como la mirada de Amanda, lo recorría, el oscuro parpadeó.
Pero con una frialdad inimaginable, murmuró en voz alta; ¡bienvenidas! ¡bienvenidas! Marta rezongó,  ¡Ji, ji que risa! , ¿Cómo será eso?; claro,  que no para usted, pues todo el que traiciona tiene su paga; ¿paga? su paga, la tendrá usted que es el peor de todos, haciendo caso omiso, Mauro se dirigió a las otras mujeres ¿y ustedes qué dicen?
¿Debo acaso llamarlo Adrián?; dijo Amanda en un tono de ironía; ¡por supuesto! me encanta que me llame así, además, el dueño de esté cuerpo, no es otro que Casimiro, mí antiguo servidor, aunque es obvió, que estos cuerpos débiles no me sirven de a mucho, ¡hum! gestualiso Amanda; más Isadora le preguntó  ¿diga por qué nos tiene retenidas?, eso no es justo, aseveró; ¡tiene qué dejarnos salir de aquí! ordenó.
Esté no respondió de inmediato, sino, que la miró con el rabillo del ojo; bueno las dejaría, sí, tal vez ustedes llegaran a algún acuerdo conmigo y si lo  aceptan; esté lugar vendría a ser como un albergue para ustedes, podrían entrar y salir a la hora qué lo desearan; al decir esto, miró con sorna a Amanda.
Está  se adelantó unos pasos y le dijo; pequeño es el albergue del que nada tiene, del que nada es, tan sólo un escuálido y mortuorio rostro lo sustenta, un estéril e infecundo olor lo trastoca y sólo un agua negra y sucia destila por su interior.
Voltearon sorprendidas, Marta e Isadora para mirarla y en silencio se quedó el sombreado, por unos segundos y con tono amenazante dijo; se lo que eres, una depravada, te has negado a la procreación y has invertido tú sexualidad.
¿Y? respondió ella; por eso, mí ira y mí castigo caerán sobre ti; ¡que ridículo hombre!, gritó exaltada Isadora; pero Amanda prosiguió; ¿así, y quién te crees qué eres para castigarme, dilo, diloo?, colocando en está ultima entonación, más fuerza de lo usual y fue tanta la intensidad de su respuesta, qué los sonidos crecieron y ascendían coléricos, ni la música callada, ni la voz del silencio, pudieron permanecer insinuados, porque todo descendía y ascendía.
Entonces, Marta pareció vibrar presa de una intensa emoción y gritó; ¡que viva la música y qué se acreciente tú furor, crece, crece!  Y es qué por extraño, qué parezca; Marta vio y escuchó, en un sólo destello, la fuerza centrada en el corazón de Amanda; la oleada de viento qué pega duro en el rostro, la hondonada de un mar precipitándose, como un despliegue de alas, de muchas alas.
Yo soy; dijo el ente, ardido de resentimiento; yo soy el qué soy, el qué hago lo qué quiero y cuando quiero, y hago qué los hombres se consuman de la envidia y disfruto como nunca, cuando pongo a los unos en contra de los otros y yo soy quien fundara mí reino en esté mundo.
Dirás el qué eras, porque ya no eres nada y ardió candela en sus ojos, al escucharla y dijo; yo aborrezco a Dios y ocuparé su trono.
Ella lo miró con fijeza, por unos segundos y dijo; ¡no, tú no eres nadie! , tan sólo eres un pobre diablito, que no creció nunca; y eso, movió las cuencas de su ojos y las ventanas se rompieron y ella continuó; tú eres, tan sólo un pobre tirano, qué nada tienes y por eso jalonas a los demás, a los hombres, a una caída, en la cual se estrellaran al final.
Rugió, desde su vacío pecho y apenas si se contenía y todo se movió bajo de los píes y sin vacilación está prosiguió; les fabricas ilusorios mundos a esos obcecados tontos que te los creen. ¡A! yo sólo muevo, lo qué está en los corazones y hago qué se revuelquen en su propio fango.
¡Mientes! y aunque sé, qué hay en algunos de ellos, tanta maldad como la tuya, a los más, tú los engañas, de modo tal qué caminan hacía ti, como borregos. ¡Ja, Ja, Ja! la victoria será mía,  al final.

Ella se cruzó de brazos y un vientecillo suave le acarició los cabellos y sus ojos destellaron alegres, y dijo; estas, en tú  frustrada ambición, más ciego que nunca y el poder que medio tienes, te ha hecho quedar rezagado como el judío errante.
¡A!, ¡yo soy el que soy! ; No, tú no eres, ¿te olvidas qué estas muerto? tan sólo andas al acecho y eres en tú venganza, el que busca victimas para inyectarles tú veneno, ese  que destila, de tú ponzoñosa herida.
Mientras está hablaba, la cara de Mauro se demudaba y desaparecía y en su lugar, algo horripilante, no humano aparecía; a ratos los ojos de Adrián fulguraban dentro de él.
Sin embargo, con una serenidad calculada y una aparente sonrisilla, le dijo, atiende lo que voy a decirte y quizás, sí aceptaras mí propuesta y decidieras convertirte en mí aliada, el mundo seria tuyo y mío, nuestro, los hombres todos vendrían a postrarse a nuestros píes.
¡Ba!, no quiero escucharte y es que no quiero habitar la larga fila de devastados mundos, que has inventado y además, no quiero estar a merced de tú cadavérica codicia, no digo alma, porque no la tienes, ¡ay! ¡Pero yo sé! , qué alguna qué otra vez y aunque sea por unos segundos, has llorado recordando, la corona de espinas que hiciste colocar en su cabeza.
¡Nooooo!; dijo tapándose los oídos; ojalá y el remordimiento te consumiera en verdad; ya no hubo más diálogo, por un instante, pareciera que todo fuera a quedarse así.
Sin embargo Mauro, volvió a aparecer; puedes tenerlo todo, todo, a tus píes, el mundo y ser más que una reina, incluso las mujeres, los tesoros y todo el dinero, o lo que pidieres, eso se te dará.
¡A!, ¡sólo eso!, es demasiado poco para mí. ¿Cómo? Sí.  ¡Como lo oyes!  ya lo tengo todo y por lo demás, de ti, no quiero nada, porque muerto, está esté mundo y muerto tú; tú olor a sepultura apesta, mírate, no eres más qué una ínfima granilla del desierto.
Conteniendo su vaho hasta cierto punto, Adrián que aparecía por instantes, bajo una forma simiesca, prosiguió, pero temblaba de la ira;  eso lo dices porque no has conocido mí dulzor, no tienes, ni siquiera que acostarte conmigo, sólo elige, elige, te doy lo qué quieras, ¡pero vaya! que condescendiente, te enseñare a poseer sus almas y como robarles la fuerza viril a ellos; ¿sexo, sexo, es eso?; no, es más, mucho más.
Ella bostezó, ¡Ba!, me aburres, te dije que ya lo tengo todo, ¿todo? Sí, ¡claro que sí!  Él es mí joyita y tomo y bebo de su delicado amor y escucho su voz, cuando me llama y nada, nada se compara a ese momento, cuando me llama y me dice, ¡ven! ¡Ven a mí!, sí;  eres mí joyita , toma y bebe y come de mis delicados pastos y de mis exquisitas flores y entonces, me perfuma el cuerpo y me lo cubre de delicadas esencias, tan deleitoso es su amor, tan incomparable; es él, mí único tesoro, mí joya más preciada.
¡A! , pero cometes pecado, por estar con una mujer y no con un hombre, yo, yo te acuso ante él; hace rato te dije que me aburrías; respóndeme, tú, no eres más, que una pervertida; no, soy un alma y tú lo sabes, no, tú eres...  No, el amor dentro de su amor, jamás será pecado. Amanda pensó,  también en aquel muchacho que amaba.
Sobre la cama de catre, Marta e Isadora yacían desmadejadas y un frío sepulcral penetraba todo el aposento, tan sólo una luz que provenía, en apariencia del techo, hacía abajo, formaba un ángulo entre la mitad de la puerta hacía adentro, en medio de ambos; cayendo directo sobre el suelo.
De repente, un ruido de ropajes, se escuchó, como si el sonido de una túnica se desplegara entre los dos y como si una espada rompiera el aire. El oscuro retrocedió entonces y dijo; ya nos veremos de nuevo, al final todos terminan haciendo lo que yo quiero. Vete, ¡total! Dios, aborrece a los tiranos y al final toda tiranía, tendrá que desaparecer.
El alma del hombre, es monstruosa y se halla divida, partida en dos y puedo obligarte a hacer, lo que yo quiera; no puedes obligarme a hacer lo que yo no quiero.
Entonces con precipìtud, eso, se alejó y la puerta se cerró a sus espaldas y toda frialdad se quitó de la piel y como por arte de magia todo se disipó.
Con prontitud, se arrodilló y gritó, ¡Dios mío!, ¡Dios mío!, todo te lo debo a ti, todo; te doy las gracias. Al instante se levantó y tomó el rostro de Marta y lo palmoteó con suavidad y lo mismo hizo con Isadora, poco a poco las dos fueron recobrando la lucidez.
¿Y ese tal Mauro?  ¿Ya se fue? No, pues cuanto hace; ¿y cómo es qué nosotros nos quedamos dormidas?, sin duda, debió de ser el cansancio; lo más seguro, dijo Marta, todavía bostezando; ¿cierto?, ¡qué sueño tan tenaz! , no me acuerdo de nada, lo único qué recuerdo, es qué ese hombre, si es muy feo; arguyó Isadora, y ese olor tan hediondo, ¡avemaría qué cosa tan horrible!, pero yo a ese tal Mauro, ni siquiera lo conocía, terminó diciendo Marta, riese,  entonces Amanda.
Amanda, se sentó en el borde de la cama y se quedó en silencio; ¿luces cansada?, ¡sí así es!, ¿y dime en qué piensas?; no, Isadora, pensaba en que toda tentación, se da en relación, a un destino específico, ¿crees en el destino?
Amanda, se recostó de lado, en la cama y se colocó las manos debajo de la cabeza, apoyándose sobre las mejillas y respondió; pues no sé, no lo sé; sólo sé, qué hay un algo específico, qué se tiene que cumplir.
El sol Lucia ahora, esparcido sobre los cielos y una qué otra nube lo adornaba, algunas aves volaban, sobre las copas de los árboles y también más qué aves; los edificios sobresalían como estigmas de un absurdo devenir.
No obstante, el tiempo, los edificios; esos rascacielos no muy altos, recordaban algo que subyacía antiguo, era el recuerdo quizás de las cuevas; dentro de las cuales nuestros antepasados, pasaban largas horas acurrucados, viendo desplazarse su mundo, negarse y avanzar; ahora, deshelándose por el calor.
Tal vez miraban como sus utensilios y sus herramientas, sus cosas, sus objetos se dislocaban; se mudaban cada vez más, en otras formas más versátiles, más complicadas, pero también, como si la extensión de sus manos se prolongara anchurosa y fecunda.
  
BEATRIZ ELENA MORALES ESTRADA


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viernes, 26 de junio de 2015

CAPITULO V (5)LA ESPERA

                                               

                                          
                                                            CAPITULO V
                                                       

                                                             LA ESPERA

Esperó el hombre, que los días se trascurrieran, esperó impaciente, sin pensar en nada, sin preguntarse el  porque y el para que; pero es que el tiempo y el espacio son al parecer zonas inabarcables y bueno, querer avanzar un poco más allá de los hechos circunstanciales, de las accidentalidades que nos rodean, requiere de un pequeño esfuerzo de parte nuestra; esto para ver un poquitín más, sobre esas mismas cosas, sobre esos mismos hechos, es quizá el tratar de abarcar una segunda línea, para entender la esencia de la cual estamos formados y está formado el mundo, digo ¿no?
¿Y, y Antonio, quería eso? De niño, recordó con nostalgia, una vecina suya, a la que quizás debería haber querido, como a una hermana, su hermana menor; se hallaba jugando con un amiguito más grande que ella, que tan solo tenía cuatro añitos, y el amiguito ya tenía por hay unos dieciséis años; él venia de arrear unas vacas, y se sentó detrás de unas piedras grandes a descansar, ahí mismo en el potrero, de repente, escuchó unas voces.
Curioso se asomó, pero no se dejó ver; entonces, en ese momento, el chico le propuso algo a la niña; juguemos, venga tiéndase boca abajo; y la niña, que al fin y al cabo, era eso, tan sólo eso, le obedeció ; y Fabiano, que así se llamaba el muchacho, se arrodilló, le bajo los pantaloncitos, se quitó el mismo su pantalón; y al instante se montó encima del traserito de la niña; que impotente, lloraba llamando a su mamá; allí duro pegado, como una garrapata; pero Antonio, que tenía la misma edad del chico, o hasta quizás unos años más , se alejó indignado de la escena.
¿Es qué acaso, no hubiera podido hacer algo?, pero en lugar de eso, culpó a la niña; es más, se lo contó a los padres de esta;  ¡don Pedro, don Pedro!, cómo le parece, qué por allá arriba, en el potrero, está la hija suya, haciendo cochinadas con el Fabiano.
¿Cómo así? gritó doña Mara asustada, ¡ándate para donde esa culicagada, y tráemela ahora mismo, yo le doy fuete venteado! ; Don Pedro, hombre campesino, se apresuró a llegar al sitio, a donde Antonio le había indicado, ya que éste, ni siquiera quiso acompañarlo, pero al llegar, el hecho, ya se había consumado.
Al ver a su niña, sintió lastima por ella, la iba a tomar entre sus brazos, pero doña Mara, más rústica, y que se había ido detrás, la tomó de una manita; y se la llevó arrastrándola, para la casa y allí, la cogió y le dio ¡una tunda!; ¡tremendos fuetazos!; y luego la metió en una pieza oscura, como boca de lobo.
Antonio lo presenció todo, adentro la niña, lloraba sin que nadie la atendiera; por unos segundos, se preguntó; ¿Qué habrá sido de esa niña?, pero de inmediato se alejó de ese pensamiento; a decir verdad, no le importaba.
Antes de conocer a Libia, o sea más o menos unos cinco años atrás, se veía repuesto y hasta tenía nalgas, pero de un momento a otro, comenzó a adelgazar; de manera tal, que las gentes, que lo veían, pensaban que aguantaba hambre; ¡pero no, yo soy de muy buen comer! ; Les decía. Todo comenzó, cuando se quedaba a amanecer en la casa de ella, cuidándola de una operación, que le hicieron, y el marido de ésta, se hallaba de viaje; desde entonces la mujer, siempre le había estado dando contentillo.
Se había echado en el sofá, y al verlo de lejos, era como ver un tronco seco, puesto allí; aunque quizá no habría servido ni para encender una chimenea. De repente se levantó, lo único que le importaba era Libia; de modo que en esos momentos sonó el teléfono, pero para su decepción, era Amanda, preguntando por su madre; no le contestó y colgó el teléfono con rabia; entonces éste volvió a timbrar; y de nuevo escuchó la voz de Amanda, preguntando por su madre; y  Antonio respondió; ¡está perra hifueputa!  ¡Para qué tiene qué llamar aquí! y colgó con gran ira.
¿Por qué será qué, Libia no me ha llamado?; murmuró, había dejado su billetera, sobre una mesita, pero algo pareció dar unos visajes, se aproximó y hurgó dentro, entonces se acordó del pastor, y saco la tarjeta que contenía un nombre grabado en letras negras, Adrián Betancur.
Jugó con la tarjeta entre sus dedos, hasta que dijo; ¡odio tanto a esa mujer!, ¡que haría lo que fuera! ¡Lo qué fuera! ¡Con tal de que no volviera a está casa! ; Y entonces la tarjeta volvió a dar un visaje entre sus manos.
Tomó él teléfono y marcó el número asignado; pero lo que escuchó fue a un contestador; ésta es la casa del pastor Adrián Betancur; en estos momentos no me encuentro.
Incapaz de dejar el mensaje, Antonio colgó el auricular, no obstante, una hora más tarde, la llamada le fue devuelta, por una mujer, cuya voz, oscilaba entre los veintiocho o treinta años.
¡Buenas tardes!, ¡ésta usted hablando con la casa del pastor Adrián! ¿Y es qué, es para saber, si llamaron?; ya que su número aparece en mí contestador; ¡sí, como no, yo llame!, es que necesito hablar con el pastor; ¿y de parte de quién? No, dígale que de parte de Antonio; si espere; la mujer tapó el auricular, por unos segundos, pero de nuevo se la escuchó decir; un momento lo comunico.
¡Alo, hermano Antonio, cómo está!; dijo el pastor exagerando la voz; y sin dejar que esté, le respondiera; prosiguió, mire, yo he pensado, que nos podríamos ver mañana en la sede central. ¿Qué le parece? ¡No, l, l, l, lo que usted diga pastor! ¡No, no, déjeme ver!, ¿qué tal si usted mejor viene hasta mí casa?, ya que en mí despacho, podríamos conversar mejor; ¡c, c, c, c, como no pastor! ¡Desde que se trate de salvar a una oveja descarriada!…Anote pues, mí dirección; ¡cómo no pastor, lo que usted diga!
Al día siguiente, éste cumplió puntual su cita, le costo trabajo encontrar la ubicación, pero al fin lo hizo, después de desplazarse prácticamente por toda la ciudad; pues el pastor vivía al otro lado de ésta.
Al llegar oprimió el timbre y una mujer, lo recibió con amabilidad, era la esposa del pastor; tenía ésta muy buen aspecto, aunque era gruesa, un poco rolliza, y de piel clara, y unos ojillos de expresión muy viva; ¿es usted don Antonio?, sí, como no; bien pueda sígase, mí esposo lo esta esperando. Con un gesto, hizo que éste la siguiera, de modo que lo condujo por un pasillo, a un lujoso despacho, la puerta se hallaba entreabierta, ¡bien pueda sígase! ; Le dijo y se alejó.
Adrián se encontraba sentado, detrás de un amplio escritorio, mirando un extraño libro; entre, entre y cierre la puerta, dijo, sin siquiera mirarlo, pero después de unos minutos, que parecieron eternos, volvió a decir en un tono áspero; ¡siéntese hombre, qué está esperando! ; Como un perro regañado corrió a sentarse. Adrián ocultó el libro con rapidez, metiéndolo dentro de un cajón del escritorio, que cerró con llave.
¡Bueno hermano, vayamos adelante en la conversación!, Amanda ya lo sabemos, es una pervertida; he hablado con Darío, quien ha estado tratando de que se convierta a nuestro culto pero... En esos momentos, alguien tocó la puerta; los ojos de Adrián chisporrotearon, no obstante se contuvo. ¿Quién es? Yo maridito; empuja, está ajustada, ¿cuántas veces te he dicho, qué no molestes, cuando estoy ocupado? ; Lo sé, pero tan sólo, quería ofrecerles estos jugos, ¡esta bien déjalos hay, y vetee ya!
¿En qué íbamos?, así, esa mujer es obstinada y no quiere; ¡pero vea, eso si le digo! al decir esto, se levantó; sólo hay una forma de hacerla regresar a la normalidad; y, ¿y cuál es esa forma? ¿Esa forma?  De un extraño modo, el pastor soltó unas carcajadas, que hicieron que Antonio se pusiera arrosudo, pero al instante recordó que él, también lo deseaba, pero no se atrevía a mirarlo, sabía que estaba detrás a sus espaldas, y esto lo hacía sentir una sensación muy extraña.
¿Bueno, entonces?; dijo Adrián impaciente, porque a eso fue que usted vino, ¿a qué otra cosa si no?; al oírlo decir esto, Antonio se hundió en el asiento, sintiéndose empequeñecido; hundiose y era como si, el asiento se achiquitara  junto con él, era como una cosa, que es, y sin embargo no es; p, p, p, p, p, pero es que, explíquese pastor. ¿En realidad de qué sé trata?
El pastor tomó de nuevo asiento, y bebió del jugo preparado por Leticia; sírvase; Le dijo, mientras clavaba en éste, sus dos ojos, como de ave rapaz, lo miraba hay, en medio de los ojos, sobre la frente.
Con manos temblorosas Antonio cogió un vaso y bebió; afuera el sol derretía el cemento, y se deslizaba por entre las llantas y los tornillos desintegrándolo todo, el pastor intentó disimular por unos segundos, con un gesto amable; ¡hermano, hermano!; carraspeó, mientras sorbía más Jugo; ¿usted qué prefiere, ver a su hermana extraviada, perdida, en brazos de otra mujer o entregada a un hombre, siendo seducida y poseída por éste?
Antonio salivó; ¡a decir verdad, esa lesbiana, ya no me importa para nada! ; Pero si consigo que se vaya de la casa, mejor; así podre  estar libre, haciendo y deshaciendo; sin que esa mujer esté por hay, y con tal de no verla, lo que sea.
Sin embargo, respondió; pues en realidad, lo que ella tendría que estar haciendo; es ejercer su papel como mujer; ¡lo ve!, muy bien, esté es nuestro plan, usted deberá traerme una fotografía reciente de ella, no sé, cómo se la va a conseguir, pero hágalo.
¿Bueno y para qué la fotografía?;  ¡vea hombre!, es que yo conozco una mujer; ¿una mujer?; ¡chis, silenció!, no me interrumpa, es que ella practica cierto tipo de rituales, de invocaciones a espíritus; ¿no s, s, s, s, s, será más bien a los demonios?; ¡sí eso, eso es!; y estos se van para donde la persona a la que ella se los manda.
En el caso de Amanda y dadas las condiciones de ella, lo mejor es que el propio, el que los manda a ellos; vaya e intente poseerla; que vaya una y otra vez; y que le haga ver, como una mujer, no puede vivir sin la forma de un hombre.
Yo mismo incluso, me podría proyectar mentalmente sobre ella; ¿me entiende?  ¡N, n, n, no, p, p, pero, si usted lo dice! Antonio hizo un descanso y prosiguió; bueno escúcheme, una cosa pastor, ¿Pero eso siempre va a ser así? ¡No hombre!, será solo, mientras reflexiona, y al darse cuenta que un espíritu malo la persigue, entrara en pánico, necesitara ayuda y hay, es, donde entramos nosotros, ¿no le parece?
Antonio se retorció las manos y por un segundo pensó; ¿Pe, p, pero yo dónde me he metido? No obstante, tan sólo fue un pensamiento fugaz, una chispa de gas, que no fue suficiente para encender el fuego; entonces preguntó ¿Sabe el pastor Roberto Sánchez sobre estos rituales?
Pero, de tal forma, lo miró Adrián, que si hubiese tenido un saca corchos, le habría sacado los ojos; claro que en lugar de eso, se sonrió compungido; y volvió a ponerse de pie; entiendo Antonio, usted desconfía de mí; no, no me diga nada; será mejor que dejemos las cosas así; mí única intención era ayudarlo y ayudar a su hermana.
Pero tiene razón, el pastor Roberto, no sabe nada y no puede saberlo. ¿Por qué? porque él no lo entendería; sus métodos son diferentes a los míos ¿Me entiende? sus métodos son la predicación, la persuasión y si la persona no cede, pues... Hay los deja; asqueado Antonio recordó lo desagradable que le resultaba ver a dos mujeres besándose.
Espere, le traeré la fotografía y dígame, ¿Qué más tengo qué hacer?  ¡Así se habla hermano!, entonces mañana iremos a donde la mujer que le he comentado; pero antes prométame, ¿está usted dispuesto a hacer lo que yo le diga? S, s, s, s, sí, respondió con una lacónica, lacónica mirada; entonces Adrián se situó a sus Espaldas. Puso sus manos sobre el cabello de éste, de manera tal, que comenzó a sentir frío y unas ganas tremendas de dormirse; y también supo que estaría dispuesto a lo que fuera; con tal de tener el amor de Libia.



BEATRIZ ELENA MORALES ESTRADA
RADICACIÔN DE ENTRADA 1-2010-26128 Colombia

Beatriz Elena reservados © Derechos  todos. 


                                            BEATRIZ ELENA MORALES ESTRADA 


DEL OTRO LADO DE LA LUNA

DEL OTRO LADO DE LA LUNA




CAPITULO XLVI VERÓNICA (46)







                                                        CAPITULO XLVI
                                                                (46 )
                                                            VERÓNICA
Y al medio día, cuando el sol, se había puesto sobre lo alto y descendía, sobre la ciudad, resquebrajando los rostros de las gentes; una atmósfera incipiente y enrarecida, hacía, que una tristeza sin fin, se instalara dentro del pecho de Verónica, que permanecía sola, con las cortinas cerradas y la puerta entreabierta; como Natalia sabía el caos, por el cual, estaba atravesando la mamá, pidió permiso en el trabajo, casi, que no me lo dan, decía; mamá no durmió anoche, lo sé, y es por culpa de esa mujer, de esa Amanda; dijo comentando con Antonio; ojalá y no volviera nunca más, dijo esté último.
Natalia se levantó de la sala y se dirigió hacía el cuarto de su mamá; ¡ay!, yo no puedo creer, que con esté sol que está haciendo, vos estés encerrada, ¿qué pasa mamá?
No, no es nada hija, es tan sólo, que no me siento bien, ¿pero qué haces en casa tan temprano?; noo; lo que pasa es que me dejaron salir, ¿mira si quieres llamo al médico? ¿Medico? , no, ¿y para qué?; no.
Se que anoche no dormiste bien, por estar pensando en esa Amanda, déjala que haga, lo que se le venga en gana, ¡total! esa es una gamina; no creo que debas hablar así, además creo, que  pudo pasarle algo, lo sé, lo presiento. Al decir esto, se le hizo un nudo en la garganta.
Pareció de pronto, que había encanecido años; Natalia sintió pena también; pero siguió adelante ¿Ya se te olvido qué Antonio el otro día la vio? al decir esto, se detuvo avergonzada ¿La vio qué? casi gritó exaltada Verónica; besándose con otra mujer ¿Y eso qué? Es mí hija y yo la amo, la amo y la acepto como es; vete, ¿pero mamá?; pero nada, ¿es qué no te das cuenta? ¿De que? de qué no es más qué una asquerosa y esas mujeres así, son un caso aparte. Mira Natalia; puede que tu seas la manda más,  en esta casa; pero eso no te da derecho a hablar así de mi hija; se que no la quieres, que nunca la has querido…
Además, he leído su diario y ella ha estado enamorada siempre, de ese muchacho Juan David; dijo sollozando y apretando la voz, para no desfogarse en su rabia, su impotencia; creo que ese es su nombre, y es solo que él, se enamoro de otra y la dejo…
Verónica, sintió que el corazón se le partía, no era fácil aceptar, que Amanda no estuviera y que la calumniaran así, pero era aún más difícil escuchar a Natalia, expresarse de ese modo. Mira Natalia, yo lo siento mucho; pero si viniste hasta aquí, tan sólo, para hablar en esa forma de tú hermana, es mejor que regreses a tú trabajo.
Natalia, se contuvo y en un repentino arrebato de remordimiento, le dijo; ¡perdón!, ¡perdóname mamá!; entonces en esos momentos, Antonio, empujó la puerta, como una tromba; ¿Qué pasa? ¡Sí ve!, ¡sí ve!, yo tenía razón, esa Amanda era una depravada, ya, y, y, y, ya hasta, en la televisión la mostraron.
Verónica palideció y luego se dejó caer sobre la cama, llevó sus manos hasta el pecho y se quedó así, por unos segundos; pero de inmediato, se puso de pié, pasando por en medio de sus hijos; llegó hasta la sala y alcanzó a escuchar lo ultimo; muere mujer, que participaba de una orgía, en un barrio céntrico de Medellín; la mujer, que al parecer se encontraba drogada, fue muerta por otra ,que le disparó, asegurando que fue en defensa propia; esta última versión, está respaldada por el mayor del ejército que …
No espero más y se dirigió a su habitación, temblorosa, abrió el closet y sacó una falda de color gris y la combinó con una blusa de color oscuro.
Natalia, que lo había escuchado todo, la seguía con tristeza, más por su madre, que por su hermana y veía impotente, aquella extraña reacción. Verónica se sentó frente al tocador y se pintó los labios de un color rojo, una y otra vez, se pintaba, Natalia se estrujaba las manos nerviosa.
Ya luego Verónica, se limpió los labios y se desató en llanto; mamá yo, pronuncio Natalia y se le acercó para acariciarle la cabeza ¡No me toques!
Vas a decirme, qué además de ser una asquerosa ¿Era también una depravada?
Su llanto, se desató aún más; Natalia permaneció de pié, en silencio, entonces Verónica, al ver que era inútil esperar, a que está se fuera, se levantó y se secó las lágrimas; la otra dijo, también era mí hermana; Verónica no respondió.
Cogió su cartera y salió; voy contigo mamá, haz como quieras, no obstante Natalia la siguió. Al pasar por la sala, Verónica no determinó a Antonio, que se encontraba absortó viendo una película.
Pero al llegar a la puerta de salida, volvió la cabeza y dijo en voz alta; Antonio, de ahora en adelante, si quieres comer; tendrás que ganarte la comida y sin darle tiempo a responder, salió con premura. Natalia buscó apresurada su bolso y salió tras de ella; está, estaba a punto de montarse a un taxi, espera, espérame mamá y apenas, si pudo subirse.
A la estación de policía por favor ¿A cuál? Tome, está es la dirección; Natalia le dijo ¿No fuiste demasiado dura con él?; ella frunció el entrecejo, pero respondió; estoy vieja hija, pero no tanto, como para no cambiar, mí manera de pensar, sí lo hubiera hecho antes, no habría dejado que Amanda se fuera de la casa y quizá ella no…Su voz se rasgó en el aire y ya no hablaron más.
Mientras tanto Antonio, escuchó sonar el timbre y se levantó, dirigiéndose para abrir la puerta, era Darío, ¡hola hermano!; a hola Darío; ¿cómo le va?, bien, ¿pero qué lo trae por aquí? he venido en busca de doña Verónica; no, ella no está, pero si quiere éntrese hermano; bueno está bien, la noticia que le traigo es bastante delicada.
¿Qué será hermano?; es una pena, que su mamá no esté, yo pensaba decírselo a ella; ¡a! no, pero si es por lo de Amanda, ella ya lo sabe; justo en estos momentos, acaba, de salir para el comando de la policía.
Darío se quedó pensativo, ¿bueno a usted le costa, qué yo lo intenté? le advertí, que si no se convertía, podría terminar mal. Sí, no, yo sé, que usted lo hizo bien; sí, y es que la biblia lo dice muy claro, que esas mujeres así, no entraran al reino de los cielos; fíjese hermano y hasta drogadicta resultó; y e, e, era, era dizque católica, dijo Antonio salivando; no es que, a esas gentes, tampoco les vale de nada lo que hacen; a mí me da pena con usted, porque era su hermana; media hermana; pero usted no tiene la culpa de nada, porque usted, si es un buen cristiano, lee la biblia y va a los cultos. No, es que desde que yo me pase, para la iglesia, he cambiado mucho; sí, eso veo hermano, lo felicito.
Darío carraspeo un poco y luego dijo; no, es que esos católicos no me convencen para nada; aunque, en lo que si estoy de acuerdo, es que estos también atacan a las mujeres como ella y a los maricas.
P, p, pero bueno, cada quien recibe lo que se merece; eso si, es así, hermano, por pecadora, es que Dios, la castigo. Sí, yo, por eso, no me puse, a ir por allá, con mí mamá; en su lugar, tampoco habría ido, ¿de verdad? Sí hermano.
Bueno eso es un consuelo, porque es que yo, en está casa, me siento muy sólo, a mí nadie me comprende, pues, deberían, ya que usted es el único hombre, que vive aquí, sí, es qué a mí, nunca, pero nuncaaaa, en la vida, me han comprendido; ¿si quiere vengo con más frecuencia? Así podremos leer la biblia.
Antonio se quedó callado y pensó; si esté hermano viene más seguido, se puede dar cuenta, que estoy saliendo con Libia y como es casada, le puede ir con el cuento al pastor; entonces respondió; no, a mí, si me gusta, pero es mejor evitar problemas con mí mamá; a bueno; ya por eso hermano; entonces me voy, porque tengo que buscar al pastor Adrián, para comentarle lo de su hermana; bueno, si, yo le agradezco mucho, que esté muy bien.
¡Ring! ¡Ring! ¡Hay no! están timbrando otra vez, venga yo lo acompañó y por hay derecho abro, ¡he quiubo parce! ; llegue yo, y sin más, el recién llegado se entró con brusquedad.
¡Hey parce! ¿y en dónde está la abuela qué no la veo?; no, ella se fue hace rato. ¿Y en dónde están sus papás? Se fueron para el centro, para averiguar, lo de la tía, ¿y es qué cuando llegaron pues?, esta mañana y es que mí mamá le insistió mucho a mí papá, para que viniéramos; ¿y eso porqué? no parce, pura conveniencia, porque quería hablar con un pastor de esos.
Con la boca abierta, permanecía Darío, alelado, mirando al que hablaba, que era un joven, de no más, de dieciocho años; de repente, Jonatán, que así se llamaba, se dio cuenta de la intromisión y dijo, ¿ve y esté parce qué? ¡A!, no, él es un hermano de la iglesia; mucho gusto joven, pero esté lo miró desdeñoso, entonces Darío dijo, ya me voy y se alejó de prisa.
¡Haber parce!, dijo Jonatán, empujando a Antonio, para entrar, que tengo tremenda polvareda y siguió derecho, pasando por la sala, hacía la cocina; había allí, una vieja grabadora, la que prendió enseguida, sintonizando una emisora de música rap; o, o, oíste Jonatán ¿Qué es una polvareda? Una polvareda parce, ¡hay no me friegue la vida!, ¿no ve qué me estoy muriendo de hambre? y enseguida, mientras abría la nevera, para buscar que comer, se puso a cantar, la siguiente canción, la que sonaba en la radio;
y la canción ya se había acabado, entonces comenzó otra, titulo:
El TRAIDOR
Jesús estaba cenando, los discípulos están aterrados, va diciendo uno, con muy fuerte voz; yo nunca seré un traidor. Judas, no digas mentiras, que tu sabes bien, porque tú, me venderás mil veces, y hasta mas; cambiaras el reino por unas cuantas monedas de oro y antes de que te ahorques; el diablo te cegara, y hará que la cagues; sin dudas, el que me venderá, se conozca como a judas.
El discípulo se para y corre a la mesa; Jesús con el rostro contra el suelo, reza; el traidor que llega, y la soldadesca aparece y uno de los amados, saca la espada y corta un oreja; impulsivo se avienta.




Antonio le dice, bájale volumen a eso; ¡qué va parce!; Antonio, vuelve y dice; y, y, ya e,e,e,esta haciendo mucha hambre; mientras tanto Jonatán, había sacado varios huevos y se disponía a poner la cacerola y la canción ya se había acabado, entonces comenzó otra, titulo:
GAS LETAL
Llegue por la izquierda, del ojo derecho, directo al cerebelo, apuntando, haciendo mis cálculos, corriendo por tú mente, el peligroso gas , sutil; rap conmigo es. Lo que yo soy, soy pura sutileza, me desplazo como plaga y tu no te das cuenta y cuando me ves, ya soy pus y estas hecho una mierda. Hago cantar hasta a un sordo; canta un sordo y un ciego juntos; mí veneno, es mas peligroso que el gas; ya se te metió por la nariz, llenando toda la casa. Esa es la basura, que acostumbro llevar a tu cerebro, como va directo a tus pulmones; tos; tos; es más fácil, con droga, todo es mas fácil ¿y después como sales?
¿Ay? hágame esa parce; sediento pasas y no pasas por el pensamiento; miento... Y entre mas miento, mas me la crees.
En tanto, me caliento, de calentura me muero y nada me sacia socio, parce...
Aquí Jonatán, le subió volumen y la música retumbó, llenando toda la casa.
Luego, el aceite subía y los huevos retumbaban por aquí y por allá, al fin, la nevera quedó desierta, ¡que el queso!, ¡que las arepas!, en fin.
Ya una vez saciada, la polvareda de Jonatán y ahitó el estómago de Antonio, esté ultimo dijo; parce vamos a cambiar de emisora, Jonatán, no tenía ganas de cambiar, pero pensó; de esté parce, voy a necesitar, que me preste, unos buenos pesos, más tarde.
Al fin, Antonio, encontró una que le gustó, y era está la canción que sonaba; "siempre ha sido el sombrero cordobés" Muy conocida en la radio e interpretada por Juan Legido. Y ya luego, bailaron al son de las canciones y claro; Jonatán, se encerró en el baño, para echarse otra polvareda y así, en esa celebración, se les fue el resto de tarde que quedaba.


[1] Canción El Sombrero Cordobés interpretada por Juan Legido.
BEATRIZ ELENA MORALES ESTRADA
RADICACIÔN DE ENTRADA 1-2010-26128 Colombia     



jueves, 25 de junio de 2015

LAS GANAS DE VIVIR (53)





                                                           CAPITULO LIII
                                                                 
                                                                  (53)
                                                     
                                                     LAS GANAS DE VIVIR

Esta muy bonito; ¿pero ya sé lo dijiste a Diego?, no, figúrate, que no he sido capaz y menos ahora, que Lilia se volvió a ir para Bogotá; ¿ya lleva mucho allá? ; Sí, esta como demorada, claro que ellos, hablan por teléfono, pero no es lo mismo; tienes razón y bueno, ¿qué dice tú adorado?, es muy comprensivo, pero ya es tiempo que se haga público todo; estoy de acuerdo, querida.
Cuando Rafaela salió, Verónica, miró el escritorio de Diego y se acomodó, en el viejo sillón giratorio; con mucha dificultad garrapateó, la máquina de escribir, pero después de varios intentos, sus dedos endurecidos por el quehacer domestico, se habían ido docilitando y su mente se iba despegando, al igual, que despegan las aves, desde un imaginario lugar. Se sentía feliz, de poder hacerlo.
Entonces escribió lo siguiente;¿ En dónde estará el detalle qué no vemos y en dónde el reloj, qué marcara, la hora exacta?; ¿qué nos pondrá a pensar, de verdad, en lo qué somos y no somos ? y mientras que, un descuidado transeúnte, camina entre calles ruidosas y soleadas ¿qué fue, lo qué dejaste caer ,mientras tus pasos lentos unas veces, y otras rápido iban y venían?, olvidando a los lapidarios del mercado ; miras y un mendigo, disfruta del patio de tú casa .Sí, el parque, en donde la gorda de botero, armoniosa pero no exacta , alza su vuelo inerte y sin gaviotas .
¡Total! , que importa, si en verdad, es este parque o todos los parques del mundo, en donde cada uno de nosotros, podríamos llegar a ser exiliados, huérfanos, mendigos, y en donde es muy posible que innumerables gordas y no gorda inauguren su séptimo aniversario.
Pero es que también existe la posibilidad, casi infinita de ver, innumerables gordos, deseando ver a su Celestina o buscarla por entre las callejas de la vecindad; entonces me pregunto ¿La física atrae a los cuerpos, o los cuerpos atraen al vació?; no, el vació atrae los cuerpos; ¿Será?
El metro, que mide la ciudad y hace temblar la calzada, el asfalto y todo lo demás, ya la ha atravesado, por enésima vez y tú no te subiste en él, no estuviste allí, te arrodillas y luego saltas, como un Saltimbanqui, porque tus huesos, han recobrado la flexibilidad, que les faltaba. ¿Podrás volar acaso ahora?
Se levantó despacio y se paró, junto a la ventana, vio el patio, el cielo límpido y ese azul infinito, allí, en un punto, hasta quizás, inesperado, se halla el huevo oculto, el germen primigenio; luego sus ojos se posaron, sobre esa extensión, de casas y de edificios de este lugar, de esté Itagüí[1], un lapso de tiempo, disfrutó de todo eso, pero en segundos, recordó a su hija ,la sintió correr por su sangre y en el rítmico, golpear de su corazón , es extraño, es la primera vez ,que puedo pensar en ella, sin aflicción, es como, si su mano, guiara a la mía.





Entonces suspiró, se que Natalia, me necesita, pero pronto, se va a casar y espero que llegue a ser feliz; se paseo por la estancia y se dijo en voz, un poco alta, bueno, al menos lo intentará, y yo, podre al fin…, suspiró; de nuevo recibir, el aire, que esta, del otro lado del parque, la invitación que es puro silencio.
Cerró los ojos y dentro de si, vio el rostro de su hija; ya por la noche, incluso antes, en el leve atardecer, regresó a su casa; Miguel, parecía descansar en el sofá; tal vez, la estaba esperando; ¿hola mamá? ¡Qué tal hijo!; ¿cómo van tus asuntos?; te esperaba, para informarte que la semana entrante, nos regresamos, si he estado tanto tiempo, es porque mí mujer, me insistió, en que nos quedáramos; al parecer, tenia cosas pendientes dentro de la iglesia, pero ya, no la puedo esperar más.
Tómate, el tiempo que quieras hijo, ¡total!; no mamá, te lo agradezco, pero las vacaciones, ya se me alargaron demasiado y debo comenzar a trabajar; bueno hijo, me voy a dormir; no espera; ¿sí?; es que, quiero leerte la biblia; ahora no Miguel, estoy cansada; escúchame, es que estoy en el deber de abrirte los ojos; el que debe abrirlos eres tú, y se alejó a paso lento, se sentía muy fatigada; Miguel la siguió; debes hacerme caso; mira, yo la leeré, cuando quiera; es que estos meses, has estado saliendo mucho y… Déjame tranquila Miguel; no, es que deberías ir al culto, a las reuniones; yo voy a la iglesia; sí, pero es que esa, no es la verdadera; ese es un sitio de idolatría, se idolatran tan sólo imágenes.
Verónica se sentó en la cama; quería dormir, como sea, yo tengo mí fe; bostezó; ¿fe, qué fe es esa? ; creo en Dios y en María santísima; remedó Miguel, adelgazando la voz, ¿qué fe, es esa?; si María era, una mujer, como cualquier otra; déjame si; mire, la biblia dice, que vale más la fe, que las obras; esto, lo dijo Miguel, elevando, el tono de su voz y en forma de regaño.
Déjame si; volvió a decir con desgano y como un mecanismo de defensa, tomó su pequeño rosario, Miguel lo interpretó como un desafió; ¿y ese rosario, cree qué eso, sirve de mucho? Esos rezos, no sirven para nada, no son más, que una repetid era de cosas, usted tiene que aprender a orar; y esos cuadros, esas imágenes, nada de eso le sirve, debería quitar eso; a mí, si me sirve el rosario; ¿además, porqué habría de descolgar mis cuadros?, me gusta la virgen, tenerlos, no me hace ningún mal, ¡ven a esté!
Al ver que estaba, comenzando a mostrar enojo, Miguel cambio su expresión y adoptó, un tono meloso; ¡vea mamá!, no es por mal, pero la virgen, no es nada, no es nadie, al que, hay que adorar, es a Dios, eso, eso que tú haces, incluso puede ser satanismo, ¿qué? ¿qué? Sí, eso, eso.
Después se sentó a su lado, pero esta, respondió; ya te dije, que no tengo ganas de discutir; entonces, puso una mano sobre la espalda de ella, abarcándole los hombros; hágame caso, mire que a Dios, no le gustan las repeticiones, y eso, es una repetición; Verónica, con la mano derecha, apartó el brazo de Miguel, él, continuó y pareció, no darse cuenta, de ese gesto. Tenemos que romper esos esquemas y aprender a orar de verdad.
Tú tienes una forma de hacerlo y yo la mía, además el rosario, no es ningún esquema, y si acaso lo fuera, es por completo válido, y por si no lo sabias, María, la virgen madre, la que esta aplastando a la astuta serpiente debajo de sus píes, es una gran servidora de Jesucristo y eso para mí, tiene muchísimo valor y cada uno de nosotros, tenemos una manera distinta de expresar a Dios nuestra fe y es cierto tenemos una devoción por María, pero adoramos es a Dios. Ustedes los evangélicos de sector protestante; por ejemplo, no necesitan de las imágenes, y yo eso lo puedo entender. Sí Verónica, pero es que la virgen no es Dios; no, y yo no dije eso, no le es, y tampoco lo pretende, por el contrario, es una mujer humilde y obediente, a los designios, del de arriba y a través de ella, se alcanzan muchas cosas; es más, fue ella, la que exhortó a su hijo, a convertir el agua en vino. ¡Ba! Dijo él despectivo.
Ya te dije que ella no es nadie, es una mujer como cualquier otra .¿Y qué con eso?; aseveró Verónica, haciendo énfasis en el tono de su voz; ¿sabes qué es la gracia?, ¿no? no lo sabes, ¿ya sé te olvido, todo lo que te enseñe de niño y de joven cito?; no, pero aprendí, que las imágenes son pura idolatría; Verónica se incorporó y se dirigió al clóset, para buscar su pijama; mira, que después de viejo te haya dado, por cambiar de religión, eso, eso demuestra la inconsistencia de tu fe y sí, tienes razón, las imágenes no son nada, pero las de contenido religioso, son para nosotros una forma de recordarnos, que existe un algo, un más allá y son más que eso, pues representan nuestras creencias y lo que somos; pero tengo claro, muy clarito, que al que adoro, es a un Dios vivo.
Es lo que te digo, se incorporó Miguel, ignorando, lo ultimo que escucho, de labios de su madre y prosiguió; son un montón de idolatras, dando su voz, un tono de exasperación; te equivocas, no, yo no adoro las imágenes y yo te digo, que lo que tú quieres es que yo me pase para tú… ¿cómo es qué se llama eso? Culto; respondió este; ¿mira Miguel, te he reprochado yo, antes de ahora, qué te hayas cambiado de religión? Lo mío, no es ninguna religión ¿a, no?
Es la verdadera iglesia del señor; bueno, si tú lo dices, es porque estas convencido de ello, entonces quédate sereno; no puedo quedarme tan tranquilo, sabiendo que mí madre esta a punto de… inclinó la cabeza con intensó pesar; con la pijama en la mano, esta deshizo la cama y acomodó los cojines.
Miguel la seguía; esta lo miró, y se río y terminó la frase con propiedad; ¿de condenarme?, dilo sin temor y no te ocupes más de mí, Dios, tendrá en cuenta tus esfuerzos, ya has cumplido con tú deber; más yo, me sé, defender sola, es decir sin ti; pero además es que si te quedas conmigo, hay si, hay si me puedo condenar.
¿Que? No, no puedo creer que estés diciendo eso, cuidado con lo que dices y no, no puedo irme así nada más; ¡mierda! , Déjame ya en paz; ¿es qué, no me has entendido? las imágenes son malas, deshazte de ellas. ¡No!, pero que obsesión la tuya, dijo Verónica y soltó la pijama sobre la cama, yo te repito, que las imágenes, son tan sólo, para nosotros una representación; reposó por unos segundos, mientras sentía a su pecho agitarse, pero continuó, una forma de recordarnos, lo que en verdad existe.
¡Ha!, dijo despectivo, y tardó, más de un minuto, en digerir lo que, ella dijo y otro tanto, en rebatirla, mientras está, se había sentado y se había acomodado las pantuflas.
¡Por eso!, es, por eso mismo, que deberías arrojarlas a la basura; ¡no!, pero éste, si, no; no respeta, ni a su propia madre ¿además, a ti, qué, se te pone o qué se te quita, si yo las tengo o no?; dijo, desdoblando las cobijas; ¡ya te lo dije¡ mira, que no te gusten las imágenes, que no las soportes, lo puedo entender, ¿pero dime, qué es lo qué, tienes en contra mía?, ¿a ver, dímelo?
¿En contra tuya?; no, nada mamá; pues, deberías buscar dentro de ti, y mirar a ver, qué es lo que te pasa; ¿qué, qué me pasa?, ¿es qué no entiendes?; tú, estas equivocada y yerras, en todo lo que, dices y haces.
Verónica, se hizo la desentendida; pero dijo, con firmeza, mientras se volvía a sentar en la cama; en todo caso, arregla tus asuntos, con la madre hijo y en cuanto a que, el rosario, es algo satánico; a mí, me parece, que eso forma parte de un complot, para perseguir a la iglesia, cuándo era niña, escuché decir, que ciertos sectores, distintos, al catolicismo, han dicho que la iglesia, que el papa, son representantes de la bestia, y no sé, que cosas más; pero eso si te digo ,aunque la iglesia católica ,ha cometido demasiados errores, y a veces defiende los intereses de las minorías, más que, de las mayorías, allí, se habla de Cristo y se predica es sobre Jesucristo. Aunque claro, se que en su mayoría hay sacerdotes que extraviaron su verdadero camino… Pero eso, eso no quiere decir, que dentro de esta iglesia, no existan verdaderos sacerdotes entregados a servir a Dios y a su reino.
Verónica reposó un poco, antes de continuar; de manera tal, que, quien, no esta, en contra de Cristo, no esta en contra de Dios; pero hago énfasis, tanto vuestros predicadores, como algunos sacerdotes, se pueden, salir de los preceptos divinos, tan sólo para seguir, una voluntad arbitraria. Y en última instancia, yo puedo prescindir de las instituciones, de las imágenes, pero de mí fe, mí fe, en Dios y en Jesucristo jamás. Ahora bien, yo, no me voy a salvar, pasándome, para tú culto querido, ni tampoco me salva el quedarme, en está iglesia; eso, eso, depende, es de mí fe, y de mí aceptación de Cristo, como mí redentor y salvador.
En tono severo, Miguel replicó, yo le estoy hablando, es de la palabra, de la palabra, ¿es qué no entiende?; de enseñarle el evangelio; sí hijo, del evangelio, de eso se trata. ¡A ver!, ya, te lo he dicho; el hecho, de que no, vaya a tú culto, no significa que Cecilia y tú, tengan razón; ¡ahora por favor!, dijo, señalando a la puerta; vete y déjame descansar.
A Miguel se le enrojeció la cara; ¿por qué cree qué le mataron a esa hija? , Verónica, lo miró sorprendida, él vociferó; pues, porque no le enseñó, las bases para ser, una buena cristiana; palideció Verónica y sintió una oleada, agitarse en su pecho; ¡con mí hija no te metas! , además, esta conversación, ya se, excedió, más de la cuenta.
Es la verdad, estoy en mí derecho, como cristiano que soy, de recordarte, que esa tal Amanda, no era más que una degenerada. En algún sitio, el mar, golpeó con furia sobre la playa y lo insólito, se detuvo de pronto, para reaparecer, con mayor intensidad, porque, desde una boca avinagrada, alguien, profirió unas palabras; ¡maldita perra! ; rezongó Antonio, en la sala.
Las olas rebasaron su nivel, en un gesto rápido y casi, sin darse cuenta, Verónica avanzó, con la mano derecha, hacía Miguel y además, tuvo que alzarse desde el nivel del suelo, para golpearlo en plana cara.
Este apenas si, tuvo tiempo de reaccionar, se llevó las manos a la cara y gritó; ¡se va a tener que arrepentir! y salió, dejando la puerta abierta de par en par.
Al salir él, Verónica cerró la puerta y se dejo caer desmadeja, sobre la cama, de inmediato, sintió un fuerte dolor en su brazo izquierdo; padre mío, ayúdame, ¿sí?, sé que tú eres, un Dios de amor; dejó de llorar y se apretó el pecho, más por instinto, que por cualquier otra cosa; abrió su nochero y sacó una aspirinita y se la colocó debajo de su lengua.
Abrió la ventana e inhaló un poco de aire, por un par de veces, en un acto de supervivencia, pero esta visto, que demasiado aire, hace daño también. Señor, todavía no, por favor; cerró la ventana y se recostó en la cama, tal vez, vaya a ver, al doctor, que me recetó Rafaela; pensó y poco a poco se quedó adormecida.
Al rato, mejor dicho, un larguísimo trecho, después, llego Natalia y al dirigirse como siempre, a la habitación, de su madre, no pudo entrar; ¿tan raro, mamá encerrada?, ella que siempre, deja la puerta abierta, colocó el bolso, sobre la mesita que estaba situada, en un rincón del pasillo, ¿ será qué no esta?, hizo un ademán de tocar, pero se abstuvo, y puso sus nudillos, apretándolos, sobre la madera ,no, mejor no, es probable que este dormida.
Entonces fue, hacía la cocina y vio a Antonio, que acababa de comer y en esos momentos, lavaba los platos, mientras lo hacía, la llave, permanecía abierta a todo dar; se sentó, en uno de los taburetes, del comedor y pensó, esta casa, ya no es la misma, sin mamá en la cocina falta algo; el chorro de la llave, seguía aporreando el plato y el pocillo y a su vez goteaba sobre el suelo.
Si tan siquiera, estuviese sentada aquí, para que conversáramos; suspiró, en ese instante Antonio, cerró la llave, pero la dejó goteando, se sacudió las manos, salpicando todo el piso y luego fue, a secarse en la cortina limpia, vio a Natalia, pero la ignoró y relamiéndose, bajo por las escalas, hacía su habitación.
Ésta se paró y cogió la loza para secarla, pero se dio cuenta, que la cuchara estaba untada de comida y los platos tenían grasa; así que, con una resignación casi absoluta, volvió a lavarlos.
Al terminar, se preparó un café con leche y un par de galletas de soda; se lo tomó en silencio y luego apagó la luz.
Desde el fondo de la sala y del pasillo, la bombilla, se extendía pareja, de modo tal, que, se quedó en la penumbra; Jonatán introdujo, las llaves en la puerta de la entrada, las que, había conseguido, por intermedio de Antonio y la abrió. La casa se encontraba, en completo silencio, algo así, como en reposo.
No hay nadie, que bueno parce; y se frotó las manos, con emoción y con los audífonos puestos, conectados al radio portátil, escuchaba la siguiente canción, y la deletreaba; yo el diablo, soy dueño del mundo, en lucha el maligno, contraataca a todos; todos lo saben y todos lo ignoran. Dice soberbio, hago que la gente se pelee entre si, zumbando en sus oídos les doy estocadas de maldad; hago lo que hago. La cago, la meo. Aparezco de incógnito, sin cachos y sin cola, vestido de caballero siempre voy; me gusta el negro y el rojo; jijee…
Aquí reino yo, sublime les creo ensueños; soy el brujo malvado y de repente aparezco, a la gente embrutezco, pongo en sus pensamientos, malos sentimientos; hago que hagan cosas que ni se alcanzan a imaginar; ola, soy el diablo y ni cuenta se dan… Meto malos pensamientos, como balas por doquier.
Estos cosas juntas, las calles, los diversos olores; los cristianos son tan estúpidos que no se dan cuenta de que manipulo sus mentes; hago lo que quiero fomento peleas y hago que la caguen y metan las patas.
De tus llagas saco mas y de ti hago un asco; tanto, hasta que hasta vomitas, me hago fuerte en ti, porque no me ves y no me refutas, al de arriba me le escondo, aunque siempre me ve, no me hace daño el agua bendita.”[2] Así que, Jonatán consumía el producto radial, sin detenerse a pensarlo, moviéndose, de aquí para allá ; se quitó los audífonos y apagó el apara tito, paso de largo por la sala y al llegar, al pasillo, descubrió el bolso de Natalia ; ¡huy parce ¡, qué tenemos aquí, lo cogió, lo abrió, metió sus manos dentro y sacó la billetera, la que comenzó a reblujar, hurgando, para ver si encontraba plata; mientras tanto, ensimismada, Natalia, veía a cualquier parte, con desgano, movió la cortina, hacía un lado y miró por entre ella ;al ver la silueta, supuso, que era su mamá, la que estaba inclinada, sobre la mesita ,con más atención, sus ojos, se posaron sobre la figura, hasta descifrar su código y se dijo; ¡pero claro!, si es Jonatán y me, esta sacando la billetera del bolso.
Con decisión se dejo ir; éste, aún no la notaba; ¿qué estas haciendo hay? Dijo, con el ceño fruncido; pero él, ya tenía, la plata entre sus manos; ¿y esta qué hace aquí?; dijo al verla ¿cómo qué hago aquí? ¡Huy parce qué susto me dio! , se recuperó en milésimas de segundo; ¡hola mí mona hermosa! y la beso en la mejilla, al menos lo intentó, ella lo repeló al instante ¿le pregunté, qué porqué, me esta sacando la plata del bolso?
Simple curiosidad mona, pero ya, la guardo en donde estaba, con furor, le arrebató el dinero; ¿así qué tú eres, el qué me ha estado robando? ¿No, esta boba qué? dijo pegando un grito; ¡A mí me respetas!
En ese instante, Miguel, que estaba preocupado por Cecilia, que no llegaba, subía para el segundo piso; Miguel, acabo, de ver a Jonatán, sacándome la plata del bolso; eso no es cierto papá, esté, los miró a ambos y dijo, ¿no seria qué te pareció Natalia? ; ¿Me pareció dices?; no te estoy diciendo, que lo acabé de ver; ¿es cierto eso, Jonatán? ¡No!, ¿cómo sé te ocurre?, sí yo, apenas, acabé de llegar; apenas llegó, pero no desaprovechó, la oportunidad de meter los dedos, en donde no le correspondía; con fastidio, por tener, que reprender a su hijo, Miguel dijo, aprenda a no tocar, las cosas ajenas, que por hacerlo, es que le endilgan, lo que no ha hecho.
Miguel no puedo entender, que no quiera creer, en lo que le estoy diciendo y además, no es la primera vez, que lo hace, en otras ocasiones, también lo ha hecho; ¿a ti, no te consta, qué haya sido él?; mira, éste dinero, me lo sacó de mí bolso, lo tenía en sus manos, ¡yo lo vi! ¡Lo vi!, esto último, lo dijo, señalándose uno de sus ojos.
¿Está boba Qué?, no es más, que una mentirosa; al decir esto, dé nuevo, gritó tan fuerte, que esa turbulencia se escuchó por toda la casa; ¡cállate hombre! ; No tienes, necesidad de gritar; ¡no!, pero es que, uno con harto filo, y esta boba, diciendo cosas, que no son ¿con harto qué? filo, papá, ¡tengo hambre! ; Y míralo, como tiene esos ojos, de rojos, ¡que traba la que tiene! ; aseveró Natalia, un poco picante, a la vez, que encendía el interruptor.
Y el timbre sonó un poco apurado, debe de ser Cecilia, que llega de la iglesia, ¡pobre cita!, ¿cómo estará de cansada?; y se dirigió a abrir, ¿pero luego, ella, no tiene llaves?, sí, pero las olvido, las dejó sobre la cama.
¿Cecilia mí amor, porque te estabas demorando?, intentó, darle un beso de bienvenida, pero ella, paso de largo, vengo muerta, ¡que cansancio! , Jonatán sintió, que la presión, había bajado y quiso pasar, por un lado de Natalia; ¡permiso parce!, que voy de afán; ¡ven a esté descarado!; no señor, usted se queda aquí, hasta que las cosas se aclaren; en esos momentos, Antonio subía las escalas, con el pelo erizado y con la cara descompuesta ¿Qué, qué fue lo que paso? , no, que este descarado, me iba a robar la plata; ¿cómo así?, ¿y a usted, cómo se le ocurre hacer eso?
¿Ve y este parce qué?, no me hable, que usted es igualito a mí, Cecilia apareció, seguida de su marido; ¿sé puede saber, de qué se trata todo esté asunto?
Es que la mona, me esta acusando de ser un ladrón; ¡hay no!; murmuró con desazón; era su hijo, pero cuando le convenía, sabía mentir muy bien; si Natalia lo dice, es por algo; que no mamá, ella, miente; Cecilia miró los ojos del muchacho y esté parpadeó, esquivando la mirada, te conozco y se que estas mintiendo; vamos para el cuarto y hablamos allá.
El ladrón es él, dijo señalando a Antonio; ¿y, y, y a, a, a este qué le esta pasando? el otro día, lo vi, secándole como doscientos mil pesos, a la abuelita, para dárselos a la novia, a una Libia; Antonio no respondió, porque al instante y de insólito, comenzó a generar adrenalina y una espuma, le salía por la boca, regándose por la comisura de los labios , todos voltearon a mirarlo, y este dijo, ¡a,a,a,así !, claro como yo, soy, el único desgraciado aquí , ahora ,me van a culpar es a mí.
No, yo al que pesque, en plena acción fue a Jonatán; te creo Natalia, yo conozco a mí hijo y hasta en el colegio, ha estado teniendo problemas; ¿pero porqué no me habías dicho nada?; arguyó Miguel ,pero entiendo ya, que , tanto tú, como yo, hemos estado muy ocupados; lo estarías tú, porque yo, siempre he estado pendiente; Miguel la desconoció, era la primera vez, que la veía hablando con tanta seguridad; pero si Cecilia lo dice, es, porque, así es; argumentó.
La habitación de Verónica, se abrió y ella, con la piyama puesta, apareció, asomó la cabeza y dijo; con tanta gritería, quien puede dormir; Antonio se secó, con el dorso de las manos, la saliva y su cara se transformó y se fue, pasando, por en medio de todos, como quien va, para la sala.
Miró para la puerta principal, la de la calle y gritó; ¡Hay viene esa perra! ¿Quién? Exclamaron todos; pues esa hp, esa maldita perra de Amanda; Jonatán exclamó; ahora si se completó el cuadro, esté parce está loco, o se le subió, la marihuana a la cabeza; Verónica sorprendida dijo; ¿de qué hablas Antonio?
Pero éste, no respondió, sino, que, comenzó a estremecerse, con frenesí y a salivar de nuevo y de repente, cayó al suelo, desmadejado; todos se dirigieron al instante, a tratar de ayudarlo, menos Verónica, que se quedó recluida, apenas si sostenida, por el mar quito de la puerta, asombrada.
Cecilia lo que hizo, fue llamar a los para médicos, al ver que el hombre, no parecía reaccionar; perdido en su inconsciencia, mientras lo trasladaban, en una ambulancia, esté escuchaba, una vocecilla, que le decía; Antonio, todavía hay gente adulta, que atropella la flore cillas y tú, tu eres uno de ellos; miró, para ver, de donde, venia la voz, pero no vio a nadie.
Se levantó y se puso en movimiento, no llevaba mucho, andando, cuando vio a un hombre, que estaba de espaldas, delante de él, y que llevaba ropas negras.
Parecía estarlo esperando y lo miraba de re filón, de pronto, ladeó su cabeza, hacía donde esté, y al hacerlo, dejo ver, un rostro sombreado y le lanzó una mirada ladina. Antonio dijo; debo atender su invitación, sé quien es y que quiere de mí.
Entonces lo siguió; cuando ya llevaban, un buen trecho, caminando por dentro de una neblina, se le apareció, un perrito luneticas, moviendo la cola y casi, se pegó a los píes de Antonio; ¡gas!, ¡gas perros! y sacudió el cuerpo, como un garabato, ¡chist!, ¡chist!, ¡quite!, ¡quite!; al mismo tiempo, que golpeaba el suelo, con uno de sus píes, pero no se fue, por el contrario lo siguió.
Un viento de verano, como un caballo, que cabalga sobre los tejados, azotó el rostro de Antonio y volvió a ver al perrito, que parecía volar por entre el aire, pero desatendió, la visión y se volvió, al hombre de negro; se quien es y que es lo que, quiere de mí, volvió a repetir la frase y a sacudir el cuerpo; ¡chist!, ¡chist¡, quite de aquí y mientras lo hacía, caminaba soberbio, como una bestia mal encaminada.
El viento cesó y la vocecita, se dejó escuchar; la gente que se cree grande, al igual que tú, es la que, atropella las flores y al instante, apareció un prado lleno de estas, pero, paso sobre ellas, las aplastó y no le importó, y de nuevo desoyó a la voz.
El tipo de adelante, volvió a aparecer y al hacerlo, levantó, una mano e hizo, que Antonio mirara, y vio a Jonatán, cantando una canción; era la misma, que colocaban en la radio, no pareció entender nada.
Raudo, el perrito volvió y se interpuso, meneando la colita y le cantó esta canción; Me tomo, sólo dos vasos de agua, a la semana; casi no como banana, aspiro morfina y siempre escuchó rap y regatón y mí cerebro se reduce y éste, es el parche de toda la semana, que a los grandes hace enanos y a los enanos, lo contrario. Pero si te fijas, eso, que dicen, de ser cristiano, habría que re- evaluarlo; porque, es que, tú Antonio, te llamas a ti mismo, cristiano.
Al terminar de cantar, le dijo, no lo hagas Antonio, ponte al día con el alfa y súbete al cielo; y que bueno, que ya no causaran los hombres más dolor, ni se hicieran daño los unos a los otros; pero Antonio, no lo escuchó, sólo volvió a decir; ¡gas! ¡Gas perros!, ¡chist!, ¡chist!, ¡quite!, ¡quite! y corcoveó, como una, de esas yeguas viejas y altivas. Y siguió al hombre, que iba de delante de él, y que, tenía un modo extraño, de mirar; esos ojos, como caídos, hacía un lado y esa boca, ladeada, como de buitre y poco a poco, se fue convirtiendo y adquirió la forma ,el modo de ser, de Libia; ¡l,l,l,l,l,Libia! Es ella, mí Libia.
Parándose sobre las dos patitas, el perrito lo tocaba, le movía la cabecita, intentando, llamar su atención, hasta que Antonio miró y se dio cuenta, que la mujer, tenía algo raro y era que, de los tobillos hacía abajo, en vez de píes, llevaba cascos y aún así, él fue tras esa figura.
Yo hago lo que sea, lo que sea, con tal, de tener el amor de Libia; llegaron pues, a un sitio, en donde había, mucha gente bailando y la música era muy ruidosa.
La mujer se detuvo y tomó a Antonio, entre sus brazos; pero era tan feo y hediondo su rostro, que esté, casi revienta de terror; pero ella, le dijo, ya eres mío y te voy a llevar conmigo y al momento, levantó una mano y todos los que estaban allí, se pusieron a pelear y cuando eso, iba a alzar el vuelo, llevándose a Antonio, el perrito dio un salto y se puso en medio de los dos.
Antonio, metió un berrido, tan grande, que hay mismo se despertó y sintió detrás de él algo, que con pasmosa precisión, masaje aba sus sienes y su cabello; le fue fácil adivinar quien era.
A este paciente, ya se le puede dar de alta, no se le encontró nada, que pueda revertirse en algo grave, sin embargo, hay que tenerlo en observación; ¡muchas gracias doctor! dijo Natalia, a la que, se le notaba un cansancio de huesos.

BEATRIZ ELENA MORALES ESTRADA

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